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Hace un par de días leímos uno de los titulares más macabros (y comerciales) de los últimos meses, que ya es mucho decir. “Si se rompe el proceso, esto será Vietnam”. Según El País, así amenazaba Thierry en 2006 al gobierno español. La información que proporciona el periódico no va mucho más allá de lo que todos nos imaginábamos sobre las conversaciones que los gobiernos han mantenido con ETA, sin embargo, conforme avanzaba el artículo me parecía que se estaba convirtiendo en el relato de una disputa de amantes más que en otra cosa. Quizá por eso lo cuentan así, para que todos podamos entender las inseguridades, las amenazas, el ansia de venganza, los acercamientos tiernos, la timidez y la cólera. Y, como en casi todas las historias de amor, al final pierden todos.

Supongo que no es casualidad que Thierry citara Vietnam, como tampoco es casualidad que yo cite las dinámicas de la discusión amorosa como las de la terrorista. Al fin y al cabo ambas vienen de una mitología parecida. De cosas que hemos visto, que aprendemos y que repetimos hasta que creemos que son nuestras, únicas y especiales. Muchos son los autores que hablan de la guerra como estética, de como las imágenes de Vietnam cambiaron la manera de entenderla para siempre. De la fascinación que ejercen determinados mitos revolucionarios que a veces pasan a la historia como mártires y otras como héroes. Y en raras ocasiones como ambos: Baader-Meinhof, Sana’a Mehaidli o Ilich Ramírez (me gustaría citar más y profundizar sobre la relación del terrorista en el cine y viceversa pero eso tendremos para otro post. Por ahora podéis acudir al imprescindible libro de Elseasser: Terrorismo, mitos y representación: La RAF, de Fassbinder aux T-shirts Prada-Meinhof, que descrubí gracias a los amigos de Discipline & Disorder).

¿Es la violencia una puesta en escena? ¿Son la guerra, el terrorismo y la revolución el referente de los relatos audiovisuales? ¿O viceversa?

Imagino que en los tiempos que corren nadie puede negar que todo lo que vemos, todo lo que leemos y escuchamos tienen una transposición en lo que hacemos. Nadie besa con grado cero. Imitamos los besos de las películas. Nadie ama con grado cero. Nos enamoramos, lloramos, nos sentimos traicionados como en las películas. Y creo que ya está bastante claro que desde Vietnam nadie hace el amor ni la guerra en grado cero. Lo hacemos siempre como en las películas.

http://youtu.be/YUy6FHSateM

Autor: Elena
Publicado en: dossieres lacasinegra vs Las democracias caducas

No sé si porque llevo una semana encerrada en casa o porque el post que publicó mi hermano el otro día me ha puesto nostálgica, pero hace días que no paro de darle vueltas al concepto de amateurismo.

En Reel Families, Patricia Zimmermann recorre la historia del cine amateur desde los orígenes (1897) hasta la década de los 60, cuando se empezaba a fraguar (el catastrófico) clímax del siglo XX. Ese momento en el que mientras se organizaban las revueltas juveniles otros más espabilados organizaban el neoliberalismo. En fin, ¿quién es hoy el valiente capaz de negar que Tatcher y Reagan tienen la culpa de todo?

En ese recorrido histórico por las distintas etapas del cine no profesional reconvertido en cine familiar, Zimmermann articula los engranajes ideológicos y económicos que relegaron los productos que no rendían un beneficio económico al espacio doméstico. Aunque aún hay una manera más descriptiva y mucho más fea de decirlo.

Llegados al periodo de los años 60 se alcanza el estado del cine amateur como hobby. Y lo peor no es que el cine que no correspondía con el modelo de la industria se vinculara a los momentos de esparcimiento familiar, sino que el cinehobby se convirtiera en un mero espacio para el consumo. A partir de ahí, las consecuencias son previsibles: cinehobby clase media americana, cinehobby suburbios, cinehobby familiar, cinehobby navidades, cinehobby bebés y cumpleaños.

Y lo peor, todavía, no es que la industria sólo fuera capaz de asumir al cineasta amateur como un consumidor de productos domésticos, no es que la ideología taylorista considerara que había que aprovechar el nicho de las vacaciones y del tiempo libre familiar para que se siguiera consumiendo tecnología comercializada ex profeso. No. Lo peor es que una gran mayoría de estos cineastas amateurs comenzaran a imitar el lenguaje y la estética de la TV y de Hollywood, eliminando así, como explica Zimmermann, la carga política que podría contener un discurso cinematográfico realizado al margen de la institución.

“‘Togethernesss’ situated amateur filmmaking as ‘home movies’ -private films as confined diversion for the home. This domestication of amateur filmmaking as a leisure-time commodity erased any of its social, political or economic possibilities” (ZIMMERMANN, 1995: 113)

Poco después de leer esto abro YouTube para buscar alguna imagen que ilustre este post y me encuentro con el que seguramente sea el mejor slogan de nuestra era: Broadcast Yourself y me pregunto si pese a toda la independencia que proclamamos los que creemos en los nuevos medios, seremos capaces de hablar con un lenguaje y con una estética propia.

Hace unos días, antes de que empezara a volverme loca con esto, asistí a una conferencia de Didier Eribon en la que exponía su idea sobre el determinismo social y la dificultad que tiene el individuo para escapar de las estructuras mentales que le han sido impuestas por su condición económica, cultural, política o religiosa. Puso el ejemplo clásico de los escritores colonizados que, para denunciar su opresión, escriben en la lengua del colonizador.

Y yo me pregunto hoy si nosotros, los que queremos creer en un cine independiente, en una revalorización del amateur como aquél que ama lo que hace y no como aquél que no puede cobrar por lo que hace, los que defendemos la dignidad del prosumidor audiovisual, seremos capaces de hablar en una lengua propia o seguiremos repitiendo esquemas aprendidos.

Hoy, revisando el vídeo familiar que publicó mi hermano el otro día me doy cuenta de que tengo el mismo gesto en los ojos que mi madre a esta edad. Hoy, hablar en una lengua propia me parece más difícil que otros días.

Autor: Elena
Publicado en: Observaciones
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