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Parapetados tras unos rudimentarios escudos de madera, varios manifestantes empujan a los policías apostados frente al Congreso con no se sabe muy bien que fin.  Portan banderas rojas con las que lanzan golpes al aire con la intención de alcanzar a alguno de los policías. La respuesta es contundente, primero unos pocos y después muchos arremeten contra los manifestantes, desenfundan las escopetas y se lían a mamporros y pelotazos de goma. La muchedumbre se separa, abre un enorme hueco en el que los policías amedrentran a los alborotadores y los alborotadores se defienden a patadas, pudiendo asestar, a uno de ellos, hasta cuatro seguidas.

La anterior es la descripción de los instantes iniciales de las cargas policiales con las que se desalojó la plaza de Neptuno en Madrid ayer. Y no, no estaba allí, lo vi desde mi sofá, sentado frente a mi ordenador a través del streaming de RTVE. Aproximadamente fueron 5 horas de retransmisión en directo, sin interrupciones, sin comentarios, con varias cámaras y desde diferentes ángulos. No la tuve que seguir a través del streaming de ningún manifestante, alguien, en RTVE, decidió hacerlo como en los partidos de fútbol.

No voy a entrar a las razones que me llevaron a no acercarme al Congreso ayer ya que son una serie de desencantos personales, políticos y activistas que no vienen a cuento. Lo de ayer fue crudo, como la manifestación, como la retransmisión. Mucho más aspero que el 15M u otras protestas. Juan Luis Sánchez dice que lo de ayer fue  “directo, contundente y áspero. Desnudo, intenso y ruidoso. Más Grecia del 2011 y menos mayo del 68.” Sí, lo fue, quizá no menos mayo del 68, sino más. En lo de ayer hubo menos ilusión y más mala hostia. Menos poesía y más crudeza. La no violencia de antaño se diluyó, bien por los propios manifestantes o bien por la policía, pero hizo acto de presencia y convirtió a los que coreaban “no a la violencia” en corderitos rodeados por una batalla entre manadas de lobos. La gente zarandeaba las vallas que les separaban del congreso sin ningún fin aparente. ¿Qué iban a hacer una vez superadas las vallas? ¿Dar un golpe de estado? No, el objetivo era hundir las vallas, provocar, buscar el enfrentamiento. El tiempo de las propuestas parece agotado.

Al menos eso es lo que yo vi por el streaming de RTVE, con sus cámaras que enfocaban desde lo alto, las que estaban a ras de suelo, en plena batalla y las que se movían por los alrededores. Vi los disturbios desde el sofá de mi casa, con distancia, sin comentaristas, sin hablar con nadie, en silencio, como quien ve pasar una procesión. Yo ya no estaba allí, pero la manifestación me rodeaba más que nunca. La puesta en escena de los realizadores de RTVE me incomodó, me mantuvo en alerta, me dejó pegado a la pantalla durante 5 horas. Una puesta en escena menos improvisada de lo que parecía a simple vista. Desde los fueras de foco para salir y entrar en cada cambio de cámara, hasta la sospecha de una coordinación entre RTVE, antidisturbios y policías infiltrados para la conexión en directo del Telediario, pasando por el seguimiento del cámara al policía apaleado. La crudeza de la distancia. La violencia desnuda. Una fractura en la línea de flotación de un sistema estatal en decadencia. Pero quizá todo esto es imaginado y tan solo lo veo a través de esas imágenes que RTVE me proporcionó durante la tarde de ayer.

Distancia y puesta en escena. Planos generales y grandes planos generales. Queriendo recordar imágenes similares esta mañana me acordé del inicio de Les Amants Reguliers, y de unas imágenes grabadas con un helicóptero de cuatro hélices en una manifestación en Varsovia. Hoy todo parece imaginado.

Autor: Carlos
Publicado en: lacasinegra vs Las democracias caducas

En esta nueva primavera de espacios de co-working, de #MeetCommons, de residencias Copylove me pregunto si aún de verdad reivindicamos lo colectivo o sólo una suma de individualidades. En estos días en los que muchos esperan que el procomún sea la nueva política internacional que rija nuestras dinámicas de trabajo, nuestros espacios de ocio, nuestra forma de bailar y nuestras soñadas relaciones sentimentales yo sólo espero que el cinismo no nos pueda. En fin, sólo espero que esa actitud seductora made in Draper de que afuera está todo lo malo, no nos gane por una vez. Y si vuelve el cinismo al final de la primavera, rezaré para que no sea un cinismo colectivo.

Ojalá me equivoque y por una vez reivindicar el amor tenga sentido, desplazarse en colectivo tenga sentido. Quizá por una vez todos los fuegos el fuego, todos los juegos el juego, todos los hombres el hombre. Mientras tanto, os dejo con una respuesta menos optimista pero más abrumadora. Julio Cortázar respondiéndose a sí mismo en la mítica entrevista que hizo Soler Serrano para TVE en 1977: “Que el individuo se salve, sino la vida no tiene sentido”.

Autor: Elena
Publicado en: culturas libres dossieres

Todo lo que está pasando en España con los recortes a nuestro cine ha hecho que me acuerde de Michael Cimino. Según Wikipedia, Cimino es uno de los mayores ejemplos de ascenso meteórico y posterior caída que se ha visto en la década de 1970 en Hollywood. Accedió a la dirección cuando su guion de Thunderbolt and Lightfoot (1974) fue adquirido por la productora de Clint Eastwood, The Malpaso Company. El propio Eastwood iba a ser el encargado inicialmente de dirigir la película. Sin embargo, Cimino logró convencerlo para dirigirla él. Se convirtió en un éxito inmediato. Con este bagaje, Cimino fue capaz de conseguir para su segunda película The Deer Hunter (1978) un reparto estelar y trabajar sin interferencias del estudio. La película también se convirtió en un gran éxito comercial y de crítica, y ganó un gran número de Óscar incluido el de mejor director y mejor película.

Con el triunfo de The Deer Hunter, la productora United Artists le dio carta blanca para su siguiente film: La puerta del cielo (1980). El rodaje de la película fue largo y problemático al sobrepasar sobradamente el presupuesto asignado; el resultado no sólo fue un desastre financiero, que estuvo cerca de llevar a la quiebra a la productora, sino que La puerta del cielo se convirtió en la señal, para la industria cinematográfica, del estado de fuera de control en Hollywood en ese tiempo. La película marcó el final de la era del llamado Nuevo Hollywood. Transamerica Corporation, la propietaria de United Artists, perdió la confianza en la productora y en sus ejecutivos y vendió pronto la compañía.

Con un montaje que mutilaba el muy largo metraje de la película, ésta se convirtió en un fracaso de público y también fue tratada duramente por una parte de la crítica. Este fracaso hizo que la mayor parte de los proyectos que Cimino emprendió a partir de entonces no llegaran a materializarse. Wikipedia lo resume así:

Escribió un guion para The Fountainhead, basado en una novela de Ayn Rand. Escribió 27 borradores de este guion. La película iba a ser filmada después de La puerta del cielo pero fue suspendida por United Artists.

También escribió el guion de Los perros de la guerra pero fue apartado del proyecto. Esta película fue finalmente llevada a cabo con un guion reescrito en 1981.

Escribió el guion de The Life and Dreams of Frank Costello conjuntamente con James Toback y mantuvo contactos con tres estudios diferentes (United Artists, Warner Bros., y Dino De Laurentiis) desde 1979 hasta 1989. El film nunca llegó a realizarse.

Perfect Strangers era una historia de amor escrita por Cimino que iba a ser producida por David Picker. El guion fue a preproducción en la Paramount pero finalmente no se realizó.

Cimino tomó el proyecto de Motín a bordo (1984) después de David Lean pero fue desplazado de la producción después de La puerta del cielo. De manera irónica, Lean era a quien United Artists le iba a ofrecer la dirección de La puerta del cielo cuando la producción sobrepasó todos los presupuestos.

Escribió un guion, Pearl, sobre la vida de Janis Joplin que fue reescrito en múltiples ocasiones veces y finamente se convirtió en la película La rosa (1979).

Fue el director original escogido para el clásico de ciencia ficción La zona muerta pero fue apartado del proyecto por diferencias con Stephen King en la creación del guion.

Fue desplazado de la dirección del rodaje de la película Sed de poder. Stuart Rosenberg lo sustituyó y Cimino no figuró en los títulos de crédito.

Escribió conjuntamente con Raymond Carver un guion sobre la vida de Fiódor Dostoyevski pero nunca llegó a realizarse.

Escribió una adaptación The Yellow Jersey con Dustin Hoffman y producción de Lorimar Productions en 1985 pero fue desechado.

Escribió una adaptación de la obra de Truman Capote, Handcarved Coffins, para Dan Rissner en MGM, e iba a dirigirlo después de Year of the Dragon pero el proyecto se canceló después de que Rissner fuera despedido del estudio.

Y aquí llega el momento en el que Michael Cimino empieza a parecerme un cineasta español del S.XXI.

Autor: gabriel
Publicado en: culturas libres dossieres lacasinegra vs Las democracias caducas
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