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En 1977 se estrenó Encuentros en la tercera fase, la película que Steven Spielberg dirigió inmediatamente después de Tiburón. El bueno de Steve llevaba rumiando la película desde que rodó Fireflight, un largometraje amateur de 140 minutos que estrenó con 18 años y para el que dispuso de un holgado presupuesto de 400 dólares.

En esta secuencia los hijos de Roy Neary (Richard Deryfuss) ven como su padre se afana en esculpir una forma con el puré de patata que su madre ha servido para cenar. Es la certificación de que su padre ha perdido la cabeza desde que se cruzó con un OVNI en la carretera. Desde entonces se empecina en hacer maquetas, cada vez más grandes, de una montaña con la cima cortada en forma de meseta. La montaña del diablo.

Algunos datos más sobre la película:

  • El guión lo firmó Spielberg aunque antes intentó que un profesional del guión (Paul Schrader) lo escribiera a partir de su idea. El resultado de esa colaboración, fue, según palabras del director “uno de los guiones más vergonzosos jamás entregado a un estudio” y sentenció diciendo que el guión de Schrader era una historia sobre “la culpabilidad y no sobre OVNIs”.
  • La productora Julia Phillips escribió en un libro autobiográfico unas cuantas lindezas sobre Spielberg. En Wikipedia explican de una forma concisa y clara el porqué del resquemor:

She was fired during post-production because of a cocaine addiction.

  • Una vez Spielberg se puso a los mandos del guión, el personaje de Roy Neary se convirtió en un policía. Spielberg sentía que era muy dificil que la gente se identificara con un personaje en uniforme y decidió que quería como protagonista a un “Mr. Everyday Regular Fella” (Sr. colega normal cotidiano). Ese personaje lo interpretó Richard Dreyfuss, que más tarde haría la nefasta Always con Spielberg.
  • La producción pasó de costar 2 millones de dólares a 20 millones, entre otras cosas porque Spielberg pasó las noches del rodaje viendo películas que provocaban que al día siguiente hubiese añadido varias secuencias nuevas.
  • Spielberg dijo de su película que era “el doble de mala y el doble de cara que Tiburón“.

El otro día me encontré en Jot Down una de esas suposiciones de “qué hubiese pasado si…”. La suposición era: ¿qué hubiese pasado si Spielberg hubiese rodado 2001: Una odisea espacial? La respuesta, según ellos, era que la película giraría en torno a un astronauta interpretado por Tom Hanks que es mandado en una misión especial a investigar la aparición de un monolito y en el camino se da cuenta de lo mucho que echa de menos a su familia y vuelve a la Tierra terminando la película con el astronauta abrazando a sus hijos y a su mujer al bajarse de la nave espacial.

Para mí no era necesaria tanta suposición. Hay dos posibles “2001” en su carrera. La primera, anterior a que fuese padre, es Encuentros en la tercera fase. La película termina (atención Spoiler) con Richard Dreyfuss sudando de su familia y yéndose con los extraterrestres. La segunda es Inteligencia Artificial y es post-paternidad.

Spielberg retrató durante un tiempo a sus personajes desde la mirada de un niño. Después lo hizo desde la mirada de un padre. La jodió. Eso sí, Spielberg fue, es y será, por más que sus películas sean malas, la puta hostia y quién opine lo contrario es que “no tiene ni puta idea de cine” (sic).

P.D.: Dos remakes, uno de la secuencia del pure de patata y otro de la película entera, Closet Cases Of The Nerd Kind.

Autor: Carlos
Publicado en: Vídeos que vería hasta el infinito

Yo soy el burgués y esta semana he rodado. El rodaje publicitario (como en este caso) suele suponer la sublimación del proceso industrial cinematográfico ya que no se persigue la excelencia creativa, intelectual o artística sino la venta o promoción de un producto o una marca (me remito al post De mala hostia de ayer referente al valor de la cultura en los tiempos que corren).

Pero sí, en este caso yo soy el burgués que llega a las 8 de la mañana cuando todo el equípo ha sido convocado una hora antes, al que se le ofrece un runner que le desplace hasta el plató a pesar de estar a escasos 15 minutos andando de su casa, el que no necesita saludar a todo el equípo, más de 20 personas, sino que le basta con llevarse bien con el director de fotografía y el ayudante de dirección. Yo dispongo, y los demás hacen. Desde mi púlpito de realizador, ordeno y mando. Aviso, inocentemente, sobre mis dudas acerca de un pequeño reflejo de luz en la parte posterior de una mano, el ayudante corre y repite mis palabras frente al equípo y comienza el baile de focos, porex, ceferinos y cables. Mientras, yo hago una visita a la zona de catering, especialmente profusa en dulzainas, que delicia, que maravilla, no puedo esperar a saber qué habrá para comer.

Al terminar el día, si todo ha salido bien, me marcho henchido de orgullo y satisfacción. ¡Vaya día! Tan fácil todo, tan llevadero, que no me lo creo. Y entonces me acuerdo de mi amigo Juan, y su empeño en llamarme burgués y me doy cuenta de lo fácil que se acostumbra uno a esto. Me acuerdo de Steven Spielberg en El País Semanal de la semana pasada, posando para las fotos de promoción de War Horse, rodeado de extras disfrazados de soldados de la Primera Guerra Mundial y de su equípo, cuento 14 personas en un espacio de unos cinco metros cuadrados.

Me fijo bien y veo que tiene sus botas de agua hundidas en el barro, pero continúo mirando y me doy cuenta de que a su lado, un hombre vestido con un chubasquero le sujeta el brazo para que no pierda la estabilidad. Su cara denota preocupación, pero ¿por si se cae o por si el rodaje sale mal?

El cine sustituye nuestra mirada por un mundo más en armonía con nuestros deseos.

Cita erroneamente atribuida a André Bazin que aparece al inicio de Le Mepris de J.L. Godard y que en realidad es de  Michel Mourlet.

Es la cámara mirando a la cámara. La encrucijada del “yo hago cine” o el “yo fabrico cine”. ¿El cine es la mirada o la sustituye?

Autor: Carlos
Publicado en:

El otro día les hice una visita a Andrés y Carolina. Hablamos de cine, nuevos formatos y política. Andrés me mostró algunos vídeos interesantes y me mostró uno con un especial interés. Se llama Avatar Machine, y lo creó un artista llamado Marc Owens. Él lo creo y marcó tendencia. El formato es sencillo. Se trata de imitar en la vida real el funcionamiento de un videojuego en tercera persona. Para esto, Owens, se creó un disfraz similar al de un personaje de videojuego, teniendo en cuenta incluso, el modelado poligonal del mismo. En la parte trasera del disfraz, atachó una videocámara y paralelo a la videocámara, suspendida en el aire por medio de un palo y a cierta altura, una semiesfera reflectante. La cámara graba el reflejo de la parte trasera de la persona que lleva el disfraz y todo su entorno.

Al imitar la persona que lleva el dispositivo el movimiento de los personajes ficticios de los videojuegos, el resultado es una imagen similar a la de un videojuego, que junto con el grado de realismo que han alcanzado los videojuegos, haga que puedas crearte tu propia experiencia en tercera persona de manera creíble.

Hace unos días decidí comprobar de primera mano cómo habían evolucionado los videojuegos desde que terminé aquel mítico GTA:Vice City en mi PC durante mis últimos años de universidad. Mi relación con los videojuegos ha sido intermitente, desde mis primeros pasos con Fate of Atlantis o Monkey Island, pasando por la Gameboy y los primeros años de Tetris, aquella aventura épica de Steven Spielberg llamada The Dig, las interminables noches de Puzzle Bobble que afianzaron mi relación con Julián para terminar en aquel Vice City y las partidas con Teo al Pro Evolution Soccer.

Elegí L.A. Noire, uno de los éxitos del último año, y si el Vice City bebía del Scarface de Brian de Palma, éste bebía del cine negro de los cincuenta. Investigación, algo de acción y personajes oscuros. No me ha durado demasiado la curiosidad y me aburrí con rapidez. El juego está montado con una estructura por episodios, a modo de serie de televisión y está trufado de referencias fílmicas.

La industria del videojuego funciona a pleno rendimiento, y genera más dinero que la música o el cine. Es un mercado al alza. En estos, aproximadamente, treinta años de videojuegos, al margen de los éxitos mercantiles, se ha abierto el debate sobre su consideración como nuevo arte, muy similar al que se produjo con el cine a principios del siglo XX y que dura hasta nuestros días. Supongo que la consideración del videojuego como el 8º arte o no, así como el del cine como el 7º, ha dejado de tener sentido puesto que el arte, o lo que se considera arte, está girando hacia los formatos híbridos. Como L.A. Noire, el arte interactivo o digital, a veces parecen una película, a veces un cuadro o una escultura, pero nunca es nada en concreto.

Ésta hibridación ha provocado transferencias entre disciplinas, y unos afectan a los otros. El cine bebe del videojuego, especialmente en los últimos años, y no solo por medio de las adaptaciones del videojuego al cine, sino también a través de películas originales. Uno de los ejemplos más claros es el Elephant de Gus Van Sant, que cogía la estética del Shoot’em Up y la aplicaba a la historia del Instituto Columbine y la matanza que allí se produjo.

Esa película se basó en un hecho real que muchos creyeron consecuencia de la violencia en los videojuegos. Además era una especie de remake de una película irlandesa, también llamada Elephant, dirigida por Alan Clarke. En la película de Clarke se intentaba retratar la violencia generada por las luchas entre republicanos y leales a la corona en Irlanda, a travésde 18 asesinatos reales y vistos desde una perspectiva de tercera persona, con la cámara siguiendo al personaje hasta que se producía el asesinato. Aquí tenéis la película completa en Youtube.

La película es de 1989, cuando aún no existían los videojuegos, y el primer videojuego Shoot’em up, Wolfenstein 3D, es de 1992, con lo que cabe pensar que quizá los desarrolladores del juego vieron la película, y en 2003 Gus Van Sant se basó en los videojuegos y la película para retratar un hecho real provocado, supuestamente, por los videojuegos. Se podría pensar en la estructura circular en las relaciones, pero honestamente, eso me parece intentar la cuadratura del círculo y en cualquier caso, aunque todo esté relacionado, al final nada es una consecuencia directa de lo anterior.

Al mismo tiempo, el videojuego, como L.A. Noire, bebe del cine como fuente de inspiración, y esta vez no solo a través de las versiones para videojuego de las películas más populares, sino a través de nuevas propuestas, como por ejemplo, el Machinima, disciplina surgida a raíz de la popularización de los juegos de RPG (Role Player Game) en los que los personajes los manejan personas reales de todo el mundo a través de la red y se mueven por mundos ficticios creados por los desarrolladores. El infame Second Life o el archiconocido World of Warcraft, son algunos de estos ejemplos. La técnica es simple, los actores son los personajes, y los escenarios el propio videojuego, se crean ficciones a partir de todas las opciones desarrolladas para el videojuego.

El Machinima es una mutación, una sorpresa inesperada, creada por los usuarios, que al darles una plataforma encuentran maneras nuevas e ingeniosas de utilizarla. Por eso quizá, cuando las propuestas que se materializan son inesperadas, no estaban calculadas por la industria, es cuando concentran mayor interés. Tanto el cine como el videojuego son dos artes surgidas de una revolución industrial y tecnológica, que fueron instrumentalizadas por la propia industria para generar un cierto tipo de contenido que terminaría conformando parte de la Sociedad del Espectáculo de Debord. Derivaciones de esquemas repetidos, el cine terminó imitando a la literatura y el videojuego ha terminado imitando al cine. Al fin y al cabo, las propuestas más interesantes e intrigantes, surgen al margen, como Machinima o el Avatar Machine, en el mundo del videojuego o el cine amateur, y el paradigma del prosumidor actual a través de plataformas como Youtube, y de esta manera la sociedad se rebela contra sus propios estándares y las armas creadas por el sistema se vuelven en su contra, como ha pasado con la mismísima Red de redes.

Autor: Carlos
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