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Ayer por fin tuvimos el primer día de rodaje de La ciudad imaginaria en el barrio de Egia en el que se encuentra situado el antiguo edificio de Tabakalera, ahora en construcción, y las oficinas provisionales que nos sirven como cuartel central.

Marcamos las fronteras entre el cementerio y un antiguo centro oncológico, hoy clausurado, y susceptible de emitir radiaciones contaminantes según la leyenda urbana. Cada uno de los participantes salió armado con su cámara (las hubo de todas las clases: cámaras de teléfonos móviles, de foto y de vídeos) y así nos perdimos hasta que cayó la tarde.

Ninguno sabemos todavía lo que dio de sí el primer día de rodaje- expedición. Yo sólo pude cazar a un chico que grababa gallinas en una de las huertas clandestinas del barrio, y a una pareja de arquitectas coordinadas que grababan en perspectivas simétricas. Yo me encontré con una curiosa pareja que se refugiaba en uno de los bancos que jalonan el patio del antiguo oncológico. El chico me confesó que había venido a buscar un parque en el que jugaba hace años y que ahora ya no estaba. Empiezo a pensar seriamente que en esta ciudad los espacios, por una extraña acción de la memoria, tras unos años, desaparecen.

Autor: lacasinegra
Publicado en: La ciudad imaginaria

Yo soy el burgués y esta semana he rodado. El rodaje publicitario (como en este caso) suele suponer la sublimación del proceso industrial cinematográfico ya que no se persigue la excelencia creativa, intelectual o artística sino la venta o promoción de un producto o una marca (me remito al post De mala hostia de ayer referente al valor de la cultura en los tiempos que corren).

Pero sí, en este caso yo soy el burgués que llega a las 8 de la mañana cuando todo el equípo ha sido convocado una hora antes, al que se le ofrece un runner que le desplace hasta el plató a pesar de estar a escasos 15 minutos andando de su casa, el que no necesita saludar a todo el equípo, más de 20 personas, sino que le basta con llevarse bien con el director de fotografía y el ayudante de dirección. Yo dispongo, y los demás hacen. Desde mi púlpito de realizador, ordeno y mando. Aviso, inocentemente, sobre mis dudas acerca de un pequeño reflejo de luz en la parte posterior de una mano, el ayudante corre y repite mis palabras frente al equípo y comienza el baile de focos, porex, ceferinos y cables. Mientras, yo hago una visita a la zona de catering, especialmente profusa en dulzainas, que delicia, que maravilla, no puedo esperar a saber qué habrá para comer.

Al terminar el día, si todo ha salido bien, me marcho henchido de orgullo y satisfacción. ¡Vaya día! Tan fácil todo, tan llevadero, que no me lo creo. Y entonces me acuerdo de mi amigo Juan, y su empeño en llamarme burgués y me doy cuenta de lo fácil que se acostumbra uno a esto. Me acuerdo de Steven Spielberg en El País Semanal de la semana pasada, posando para las fotos de promoción de War Horse, rodeado de extras disfrazados de soldados de la Primera Guerra Mundial y de su equípo, cuento 14 personas en un espacio de unos cinco metros cuadrados.

Me fijo bien y veo que tiene sus botas de agua hundidas en el barro, pero continúo mirando y me doy cuenta de que a su lado, un hombre vestido con un chubasquero le sujeta el brazo para que no pierda la estabilidad. Su cara denota preocupación, pero ¿por si se cae o por si el rodaje sale mal?

El cine sustituye nuestra mirada por un mundo más en armonía con nuestros deseos.

Cita erroneamente atribuida a André Bazin que aparece al inicio de Le Mepris de J.L. Godard y que en realidad es de  Michel Mourlet.

Es la cámara mirando a la cámara. La encrucijada del “yo hago cine” o el “yo fabrico cine”. ¿El cine es la mirada o la sustituye?

Autor: Carlos
Publicado en:
8 ago
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Rodaje #04

Día 12. Cuarto espacio a inventariar: espacio público (que recoge un colegio, unas canchas deportivas y un parque). El último día de rodaje fue el más duro de todos, y no necesariamente por lo que trabajamos sino porque la sensación que buscábamos de inmersión absoluta en el espacio nos estaba superando.

El sábado a las 05h20 ya estábamos todos en el campo de deportes que hay junto a la casa y que hace las veces de patio del colegio. María llevaba la Canon 550D, Marcelo la 500D y Elena la Flip y la S90. Jorge se sumergió profundamente en el sonido y Gabriel y Carlos siguieron con lo suyo: El making of.

Empezamos con bastante energía, el amanecer es una hora que favorece la imaginación y también las apetecencias horteras como los contraluces, las farolas amarillentas, etc. Así que algunos empezaron por ese camino una jornada que se adivinaba jodida (después de 4 días dando vueltas a la misma zona las ideas geniales empiezan a confundirse con las obviedades). Cada uno emprendió su ronroneo por el lugar y empezamos a cansarnos demasiado pronto. Sobre las 09h ya estábamos Carlos, María, Gabriel, Marcelo y Elena tirados en uno de los bloques de cemento comentando la peli del día anterior (The tree of life de Terrence Malick, para más señas). Jorge siguió con lo suyo. Creo que todos nos admiramos de la capacidad que tiene para la abstracción.

A medida que avanzaba la jornada fuimos siendo conscientes de que el paisaje lo condiciona todo. Sin preverlo nos encontramos haciendo imitaciones de planos de Antonioni (arquitectura obliga), encuadres imposibles entre edificios, nubes y verjas. Jorge, entretanto, seguía a lo suyo. Descubrió en el parque infantil su orquesta sinfónica, y con Marcelo (único miembro con conocimientos musicales) creo una sinfonía de tobogánes, puentes y columpios en Fa menor. María sin embargo se propuso convertirse en una suerte de Peeping Tom intentando emular a David Hemmings en Blow-up escondiéndose entre los arbustos de la zona y grabando a los vecinos que paseaban sus perros, aunque era obvio que la gente la veía. Elena, entre tanto, investigaba los deportes que se practicaban en el parque, y como muestra, esta pieza:

Lo confesamos, en la cuarta jornada de rodaje nuestras fuerzas y nuestras ideas estaban seriamente debilitadas. Así que decidimos abandonar antes de lo previsto la zona. Al llegar a casa se inició, como de costumbre, una larga discusión sobre el alcance del proyecto, sus consecuencias y la manera como íbamos a canalizar todo el material creado (aunque esto lo dejaremos para otros post). Afortunadamente todo terminó en gintonics con los miembros de Laps, que es la asociación responsable de que estemos aquí. Un auténtico placer. Hoy abandonamos la casa. Parece mentira que uno pueda apropiarse de un espacio en tan sólo 10 días. Parece mentira que esta casa sólo haya sido una residencia secundaria.

Autor: lacasinegra
Publicado en: pas à Genève
5 ago
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Rodaje #03

Día 10. Tercer espacio a inventariar: el bosque junto a las vias del tren. Comentábamos ayer que parece mentira que en este círculo imaginario que hemos trazado, con un radio menor a 150 metros, nos quepa una avenida principal, una zona residencial que fue un zoo (luego volveré sobre este tema) y un pequeño bosque junto al que pasan unas vías de tren.

El día empezó denso porque la noche anterior se alargó más de lo debido por una de esas sorpresas que a veces te da la vida. En nuestra única salida ociosa por Ginebra nos encontramos con Marieke, una amiga de Elena, a la que le contamos que estábamos mapeando una zona acotada en el barrio de Saint-Jean. Marieke, a la que su padre le había dicho esa misma mañana que vio a unos españoles rodando una película cerca de su casa, ató rápidamente cabos: éramos vecinos. Así que el miércoles por la noche la familia Staub nos invitó a cenar. Allí nos contaron que antes de la II Guerra Mundial hubo un zoo justo en la zona que nosotros topografiamos el primer día de rodaje. De hecho, la terraza donde estábamos comiendo queso y bebiendo cerveza blanca había sido la jaula de los elefantes. El único vestigio que quedaba era una hilera de piedras que sirvieron de cimientos del muro Este de la jaula. Ahora limitaban una parte del huerto. Como estamos en Suiza, la cena empezó a las 19h y terminó (obligados por la lluvia, eso sí) poco después de las 21h. Pero como nosotros somos españoles, nos quedamos echando unas copas y de cháchara en nuestro porche hasta las tantas.

Cuando al día siguiente sonó el despertador a las 05h, nos queríamos morir. Alguno casi lo consigue. Entre la oscuridad, la humedad del bosque y nuestro aturdimiento, las caídas caracterizaron las primeras horas del rodaje. Marcelo se cayó dos veces y una de ellas se abrió la muñeca. Curiosamente, eso pasó en la caída suave. La otra fue realmente espeluznante y nos hizo recapacitar sobre la conveniencia de intentar descender la ladera a lo largo del día. Hubo otras simplemente cómicas, como la de Jorge. María, que se dedicó todo el día a inventariar la vegetación de la zona utilizando nuestro monopie como lanza, no se cayó, o al menos no la vimos. Tampoco se cayó Elena que ideó un sistema consistente en permanecer inmóvil durante todo el día registrando de manera obsesiva sólo lo que la vista le alcanzara. Carlos y Gabriel siguieron con el making of.

Como siempre, hubo división de opiniones, para algunos el sector 3 resultaba muy estimulante, para otros era un sitio monótono. Algunos preferían la quietud del bosque y sus estímulos naturales, otros echaban en falta el tránsito humano y las geometrías de los edificios de la avenida del Aïre. Jorge, en sus intentos de encontrar un lugar tranquilo para mear, se encontró con un reloj, un balón de fútbol y una bicicleta que le hicieron olvidar su propósito inicial y volver al campamento base para mostrar sus hallazgos. Al cuarto intento logró su objetivo. En los momentos de pausa, el 15M, la amenaza de rescate a España por parte del Banco Central Europeo y las manidas primas de riesgo centraron las conversaciones. Percibimos, tal vez por primera vez, que el futuro de lacasinegra puede encontrarse lejos de España.

El día dejó otras anécdotas, como el intento de María por inventariar un cobertizo que parecía abandonado pero resultó no estarlo, o la conversación de  Jorge y Elena acerca de la manera en que debería representarse gráficamente el futuro mapa para que los sistemas de rodaje utilizados pudieran distinguirse. En un momento de desidia, Jorge empezó a utilizar el sonido del obturador como caja de ritmos y nos retó a que adivináramos las canciones que interpretaba. Nosotros no dimos ni una, a ver si vosotros lo conseguís:

A última hora de la tarde alcanzamos la parte más baja de la ladera y nos topamos con una valla que impidió el acceso a las vías del tren. Al caer la noche, Marcelo aprovechó para montar una marcha de un indignado solo por el bosque y Jorge para jugar con una nueva pelota que había encontrado. Cuando la visibilidad ya era nula, utilizamos el iPhone de Carlos a modo de linterna para cerrar la jornada con un teatro de sombras chinas sobre los árboles.

Autor: lacasinegra
Publicado en: pas à Genève

Hace un par de meses nos reunimos en Madrid todos los miembros de lacasinegra para rodar un cortometraje –So warm inside-. En este nuevo proyecto tuve que desempeñar la labor de sonidista. Supongo que debido a mi condición de músico decidimos que era el más idóneo para el puesto.

No es que me hiciera especial ilusión encargarme de esta tarea en el nuevo proyecto. Además era la primera vez que tratábamos el audio de una forma más “profesional” y tenía cierto miedo a que todo fuera un desastre. Saber tocar un instrumento para nada quiere decir que puedas desempeñar labores como técnico de sonido.

Busqué algo de información en foros sobre el sonido en el cine. De todo lo que estuve viendo y leyendo, saqué en claro (más allá de muchos tecnicismos que desconocía) que lo indispensable para recoger sonido en el cine es un micrófono y un soporte de almacenamiento. Por lo general, para almacenar sonido se suelen utilizar grabadoras DAT. En lacasinegra contamos con algo parecido, el Zoom H4N. Desempeña la misma labor que una grabadora DAT, sólo que en vez de almacenar en una Cinta de Audio Digital (DAT), el Zoom lo hace en una tarjeta SD.

Pues bien, uno de los primeros problemas resuelto. Teníamos donde almacenar el sonido, ahora faltaba saber como recogerlo. Teniendo en cuenta nuestras necesidades, que en este caso eran, básicamente, grabar conversaciones, leí que los micrófonos más utilizados para esta labor eran los de cañón. Este tipo de micrófonos son direccionales (captan el sonido del lugar hacia donde apuntan).

Teniendo ya unas primeras nociones de sonido, faltaba conseguir el material. Ya disponíamos del aparato de almacenamiento. El micrófono tuvimos que alquilarlo. Tras preguntar en varios sitios (ese fin de semana, al ser puente, se rodaban un montón de cortos en Madrid) alquilamos el material que nos faltaba  en Falco Films. Un micrófono de cañón Sennheiser ME66-K6P, una pértiga y un zeppelin con peluche antiviento.

El primer día de grabación me costó un poco hacerme con la mecánica de trabajo, pero tras unas primeras tomas fui acostumbrándome a la parafernalia que llevaba encima. El resto de días lo llevé mejor. Incluso llegué a contar con la colaboración de Iris, en quien delegué el manejo del aparato grabador para centrarme única y exclusivamente en colocar el micrófono en su sitio.

Tras esta primera experiencia como sonidista, he de decir que es una labor realmente difícil y cansada. Tienes que estar pendiente de varios factores: que el micrófono no entre en cuadro, controlar que no se cuelen sonidos indeseados, dirigir el micrófono a quien está hablando, no colarte tú en la escena… Sinceramente no sé si volvería a hacer el sonido de un cortometraje. Supongo que una primera experiencia no es suficiente para saberlo a ciencia cierta. Tendré que darle una segunda oportunidad.

 

Autor: carmelo
Publicado en:

Aquí vemos a Andrés consultar su correo electrónico mientras oímos de fondo como juegan al fútbol otros miembros del equipo de rodaje de Los Galgos. Ha recibido un e-mail de Juana que dice algo así como que el invierno y ella son la misma cosa.

Andrés ensaya con firmeza una sonrisa, que acaso no sabrá manejar, y se incorpora al partido.

Autor: Jorge
Publicado en: anecdotario proyectos
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