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Receurdo que cuando era pequeño y siempre que me iba a alguna excursión con el colegio, mi abuela me daba una “estampita” para que me protegiera en el camino.

Hace unos días, limpiando en casa de mi abuela, me encontré con esta caja.

En ella encontré “estampitas”, invitaciones a comuniones y alguna que otra esquela.

Esta es la pequeña colección de “estampitas” que tenía mi abuela

Al verlas, me ha venido a la mente esta escena de Tony Leblanc.

Otra costumbre que tenían mi abuela y sus hermanas era la de guardar esquelas de familiares fallecidos.

Entre todas las invitaciones de comuniones que coleccionaba mi abuela

he encontrado la mía junto al menú que se sirvió el día de mi comunión.

Entre tanta religión se escondía el carnet de socio del Madrid de mi abuelo.

Al verlo me ha venido a la mente la imagen de una de las primeras decepciones de mi vida. Recuerdo que de pequeño estuve a unos pocos cromos de terminar el álbum de la liga 97-98.

Por aquellos años teníamos un perro llamado Swing

Una tarde cuando llegué del colegio y entré al estudio de mi casa para pegar los nuevos cromos que había cambiado en el colegio, me encontré un festival de confeti futbolístico por toda la habitación. Imaginad vuestro objeto más apreciado pasando por algo como esto

Nunca antes había odiado tanto a un ser vivo sobre la tierra. Desde aquel mismo momento dejé de coleccionar cosas.

Autor: carmelo
Publicado en: anecdotario

En estos días en que los que el Real Madrid está de pretemporada y no juega Liga ni Champions, los fanáticos como yo sentimos un vacío existencial que intentamos paliar recurriendo a competiciones alternativas como la Copa América (de la que YouTube retransmite todos los partidos en abierto pero tiene horarios complicados), el Europeo sub-21 (reconozco que estoy empezando a cansarme de que la selección española gane siempre), el sub-19, el Mundial sub-20… Lo que sea con tal de calmar un poco la ansiedad. Cuando era un zagal, el Tour de Francia (ay, esas siestas de Induraín y cerezas…) y Roland Garros me hacían más llevadero el verano, pero hace tiempo que dejaron de interesarme (con tanto doping y sin Jalabert…). El otro día tenía tal mono de fútbol que eché mano de uno de mis libros de cabecera. Me lo trajo Elena de un viaje que hizo a Buenos Aires. En honor a la verdad, eché mano de la copia de Jorge (Elena le trajo otra a él), la mía la tengo guardada en la caja fuerte del pueblo. Se llama El gol del Siglo y es un folioscopio protagonizado por Diego Armando Maradona en el papel de D10S que tiene como actores secundarios a un puñado de ingleses a los que el astro argentino ridiculiza como venganza por lo de las Malvinas (madre mía, no le queda nada a Messi). Lo que pasa es que yo soy más de cine que de literatura y me salió esta expropiación (gracias Jorge por tus manos):

Autor: gabriel
Publicado en: Observaciones

El 10 de mayo de 1995 en el estadio del Parque de los Príncipes de París se disputó la final de la Recopa entre el Real Zaragoza y el Arsenal. Yo tenía catorce años y la viví en el Pabellón Principe Felipe de Zaragoza junto a otras 20.000 personas. Marcó Esnáider, y puso el 1-0 para el Zaragoza en el marcador, pero a pocos minutos del final Hartson remató un pase de la muerte y empató el partido. Lo que en un principio parecía una desgracia, durante la prórroga se convirtió, posiblemente, en la mayor descarga de adrenalina colectiva que se recuerda en mi ciudad cuando Nayim, a pocos minutos del final de la prórroga, empujó un balón desde el centro del campo. Los primeros metros de la parábola del balón sobre el campo provocaron decepción entre los asistentes, ya que posiblemente era la última oportunidad de marcar de los zaragocistas antes de los penáltis. Pero el balón, en un vuelo suspendido, se acercó poco a poco a la portería de Seaman. Cuando las cámaras enfocaron al portero y nos dimos cuenta de que estaba descolocado, todo el mundo aguantó la respiración y vio como el balón se colaba dentro de la portería rozando el larguero. Creo que tanto yo, como Javier y Jordi (que creo que eran los que me acompañaban aquel día) como el resto de aficionados, tardamos unos segundos en reaccionar ante el épico gol de Nayim. El Zaragoza era campeón de la Recopa y nos dirigimos a la Plaza de España a celebrarlo.

Ésta fue mi primera experiencia de éxtasis colectivo en el mundo del fútbol. A esta gesta le siguieron varios años en los que todos los domingos iba a La Romareda junto a otras 37.000 personas a ver jugar a mi equipo. Alguna cosa se ganó, pero nada comparable a la “gesta de París”.

Siguiendo la estela de Gabriel y su post sobre el spot de Estrella y el Real Madrid me permito el lujo de saltar del fútbol al cine por medio de una cita de Peter Greenaway en una reciente conferencia:

El cine está muerto. La cuestión de ir a un lugar y mirar todos a un mismo punto es un poco antigua. Olviden la industria del cine, realmente deben hacerlo.

La experiencia colectiva de ir al cine está desapareciendo. Yo ya no suelo compartir los éxitos del fútbol con miles de personas. Quizá he observado las victorias, he pasado de puntillas. Incluso la victoria en el mundial del año pasado no fue nada comparado con lo que viví con la Recopa. No es que el cine haya muerto, ni que a mi ya no me interese el fútbol, pero algo ha cambiado. Un final para ese cine podría ser este blog y lo que se publica en él. Un final para el fútbol, la “Champions” que ganó el Barça hace unos días. Aquí una pequeña observación de esa victoria.

Autor: Carlos
Publicado en: anecdotario proyectos
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