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Autor: Lol
Publicado en: anecdotario
20 ago
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Ciao

Esto no es una despedida. Esto no es una pausa nostálgica. Esto no es, pese a todo, el prólogo de otro otoño.

En las noches tórridas del verano cuando la sal cuartea la piel y el aire acondicionado no calma el calor. Cuando el calor viene de adentro y las azoteas de las ciudades están vacías. Cuando el verano está a punto de sacudir sus últimos días y de nuevo nos damos cuenta de que no hemos llevado a cabo ninguno de los planes que anotamos en esa lista de la noche de San Juan decidimos que quizá sea el momento de detenerse y desafiar el insomnio. O de volver a ver películas que un día miramos con otros ojos. Que sólo podemos entender cuando han pasado muchos años. Cuando el verano casi nos atrapa. Cuando hace tiempo que decimos muchas cosas y que callamos otras tantas.

Anoche vi La dolce vita y me dí cuenta de que en realidad no la había visto antes. Aunque algunas de esas imágenes estuvieran registradas ya en mi retina, la película que vi anoche era otra. O quizá yo ya era una persona distinta.

Hoy, quería escribir un post para anunciar que lacasinegra callará hasta el 1 de Septiembre, quería contar que anoche ví La dolce vita y que se me había puesto muy mal cuerpo y que no sabía por qué. Hoy, al comentarlo, Carlos me interroga. ¿Nostálgica? Y yo no sé qué responder, sólo sé que aquella película que quizá vi con 15 años no es la misma que ésa que he visto con 30.

Así las cosas, puede que el silencio nos calme. Puede que nos convenza de que las decisiones que hemos ido tomando nos llevan por un sendero del que ya no podemos escapar. Puede que el reflejo que nos devuelva de nosotros mismos y de las cosas que algún día miramos estalle como el final de una madrugada en el mar. Como el final de esa noche infinita de Marcello en una playa cualquiera contemplando de nuevo el rostro de una camarera que antes miró con otros ojos. Contemplandose a sí mismo. Convencido de que el silencio acecha, inevitablemente, al final del verano. Al principio del mar.

Volveremos, el 1 de Septiembre. Hasta entonces, les dejamos un pensamiento a modo de respuesta para Carlos: la nostalgia está en los ojos del que mira. Aquéllo que se calla, también.

Autor: Elena
Publicado en: sobre lacasinegra Vídeos que vería hasta el infinito

Autor: lacasinegra
Publicado en: anecdotario

Autor: lacasinegra
Publicado en: anecdotario

Autor: gabriel
Publicado en: expropiaciones

Este fin de semana fui con dos amigas a Marsella buscando sol y playa. Los 3 días que estuvimos allí llovió, así que decidimos ir a visitar La cité radieuse.
La cité radieuse fue la primera de las 5 Unités d’habitation que construyó Le Corbusier cuya idea principal era que los espacios públicos de la ciudad penetraran en los espacios habitados por la clase media. Eso dijo me dijo Valeria o eso entendí yo.

Una vez allí descubrimos que la zona pensada para un supermercado se había convertido en una sala de conferencias, que la mayor parte de los apartamentos ya no se alquilaban sino que eran propiedad de profesionales liberales y/o intelectuales (esto nos lo dijo una señora en el ascensor) y que el restaurante ofrecía un asequible menú de 65 Euros por persona. El restaurante se llama el vientre del arquitecto. Sí, como la película de Greenaway.

Valeria es arquitecta y fanática de Le Corbusier. Mientras atravesábamos los pasillos del edificio nos iba explicando algunas cosas sobre la cité radiueuse y otros modelos inspirados en ella. Empezamos enzarzándonos en una discusión sobre los usos perniciosos de los espacios públicos y los privados, sobre el fracaso o el éxito de la filosofía de Le Corbussier y sobre el gueto que se estaba formando en Le Lignon, que pronto será considerada patrimonio de la humanidad además de contar con el record guinness por ser el edificio más largo de Europa. Aunque la verdad es que la única que sabía de qué estaba hablando era Valeria. En un determinado momento dejó de hablar y el resto del tiempo, lo dedicó a mirar a través de los huecos que dejaba el hormigón.

Cuando terminamos la visita, anulamos nuestra idea de ir a la playa una última vez antes de volver a Ginebra. Seguimos calladas las dos primeras horas del viaje.

Por cierto, cité radiuese, en español, significa algo así como ciudad radiante.

Autor: Elena
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