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Nos enseñaron a comer. A vestirnos. A leer. A lavarnos los dientes tres veces al día, al menos una antes de acostarnos. A sentarnos en la mesa. A rezar. A respetar a las personas mayores. A ceder el asiento a las embarazadas, a los abuelos, a los heridos de la guerra.

Nos enseñaron que la democracia es la única salida.

También nos enseñaron a no mentir, a ser honestos, respetuosos. Gente de bien. Hasta que la mentira, la honestidad y el respeto se convierten en trampas demasiado dolorosas para la vida. Hasta que un día nos encontramos caminando al final del verano y a partir de entonces, no hay nada más que ruido.

Oslo, 31 de Agosto. Anders acaba de salir de una cura de desintoxicación y comprueba la desgarradora evidencia de que todo lo que le han enseñado, no lo salvará de un inminente naufragio.  ¿Por qué salir al encuentro de una ciudad, de una familia, de unos amigos que ya no le reconocen ? ¿ Por qué no volver a sumergirse en las substancias que lo protegen de todo y de todos? Tras la cocaína, el alcohol, el éxtasis, el speed y la heroína, Anders, al final del verano (al principio de su nueva vida) solo encuentra ruido.

« Me enseñaron a montar en bici y a remar. Me enseñaron como pasar hasta 20 km/hora el límite de velocidad. 60 en las zonas de 50 y 108 en las zonas de 90. Ella hablaba de cosas de adultos en inglés. Ella me enseñó a utilizar el hilo dental, a guardarlo todo en su sitio para evitar el desorden. Ellos detestaban a los reaccionarios. Esperaron mucho tiempo antes de abonarse al cable. Los dos eran de Oslo, las calles estaban desbordadas de recuerdos. Él escuchaba mal pero tocaba todo el tiempo.  Audry tiene la cintura fina. Los gouffres sobre el pecho. Para ellos era más importante el éxito intelectual que el deportivo. Él éxito, no se valoraba con las portadas mediáticas. Les gustaban las celebridades que no mostraban su vida privada en público. Me enseñaron a leer con un espíritu crítico y a despreciar a la gente que no se sabe expresar. Esto significaba que podía llevar a quien quisiera a casa. Él hizo un test de personalidad. Él declaró orgulloso que tenía una personalidad de artista. Él me explicó por qué la gente que aprecia el ejército no tienen ningún interés. Ella estaba a favor de la legalización de las drogas. Él quería  que prohibieran las barbacoas deshechables. La democracia era la única alternativa. Ella pensaba que Brigitte Bardot debería ayudar a los humanos antes que a los animales. Ellos respetaban mi vida privada. Puede que demasiado. Para ellos creer en Dios era una debilidad. Aún no sé si estoy de acuerdo. No me enseñaron a cocinar ni a cómo mantener una pareja. La suya funcionaba bien. Ellos no me dijeron que los amigos se evaporan y que se convierten en extranjeros, incluso si seguimos llamándonos amigos. Si algo no me gustaba, no me lo comía. Era libre de tomar mis propias decisiones, elegir mi trabajo, mi casa, a quién quería amar. Si necesitaba ayuda llegaban corriendo. Eran más duros con mi hermana que conmigo. »

Esta es la voz en off de Anders en Oslo, 31 de Agosto de Joaquim Trier.

Leyendo esto, recuerdo la última vez que vi a uno de mis mejores amigos. Hablamos del pasado, hicimos el recuento de las anécdotas que habíamos vivido juntos. De las canciones. De unos cuantos cientos de películas. De lo que (nos) quisimos y de lo que (nos) odiamos. Después él calló, yo también. El silencio se instaló como una tormenta al final del verano. Inesperada, brutal, irreversible. Nos miramos a los ojos y ambos supimos que aquélla sería la última vez. Antes de despedirnos quedamos para vernos pronto, nos reprendimos por no escribirnos más a menudo.  Los dos nos avergonzamos de no parecernos casi en nada a aquéllo que hace años, dijimos que seríamos.

Mientras me alejaba todo se llenó de ruido.

Mientras me alejaba repetí una vez. Mil veces, que nunca enseñaría nada a nadie.

Mientras me alejaba repetí una vez. Mil veces, que la vida no es más que un paseo en la penumbra, un cuento narrado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que nada significa.

“Life’s but a walking shadow, a poor player/ That struts and frets his hour upon the stage / And then is heard no more: it is a tale/ Told by an idiot, full of sound and fury/ Signifying nothing.”

 

 

 

 

 

 

 

 

Autor: Elena
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