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3 oct
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Okuhe

Hay imágenes que te persiguen. Se instalan en tu cabeza y te habitan durante un día. Durante dos días. Toda la vida. Hay otras que emergen siempre el mismo día, del mismo mes. Todos los años. Como esa calma inútil que Septiembre instala en la entrada de los parques. Cuando vemos una de ellas por primera vez, sabemos que ya no hay vuelta a atrás. Constatamos que se ha instalado en nosotros para siempre. Como el primer frío del otoño. Como su humedad.

Okuhe es el primer proyecto fotográfico de Daniel S. Álvarez. Alguien que vino del cine pero que, como tantos otros, fue a varar a cualquier otro lado. Me gustaría encontrar las palabras para poder describir lo que este trabajo me ha provocado, lo que significa o lo que hiere. Pero no puedo, así que prefiero tomar sus palabras a modo de expropiación. Que me perdone Daniel S. Álvarez si sus imágenes me han llevado a pensar en otra cosa. Muy distinta de Japón, muy distinta de su viaje.

“奥へ [Oku he] Es un diario personal que narra un viaje a lo desconocido. Este proyecto explica como conocí a mi mujer y como nos enamoramos. Tanto en lo emocional como en la fotográfico este es un viaje de primeras veces, hacia dentro y hacia fuera: hacia la persona querida y hacia uno mismo. En este viaje descubrí como con la fotografía podía explicar una historia tan pequeña y tan íntima y como el propio proceso de narración se funde con la historia y todo para cerrar el círculo: un vuelo en libertad sin mapa alguno hacia lo interior, hacia ella. El título es un juego de palabras en japonés, ya que significa a la vez “para mi esposa” y “hacia dentro”.

No sé por qué, mientras iba archivando estas imágenes, me dio por pensar en Los nombres de De Lillo. Quizá porque es un libro que habla de los muertos. O más precisamente, de los reflejos que las cosas muertas dejan en nosotros. Y del reflejo que nosotros proyectamos en ellas. De como se nos habla desde un amor que ya no existe, desde un tiempo que sabemos que no vuelve, desde un verano que ha llegado a su fin. De esa nostalgia atroz, sin paliativos, que adopta tantos nombres y que viene siempre de los muertos. “Todos ellos se cuentan entre aquellas personas a las que he intentado conocer dos veces, la segunda de ellas en el recuerdo y el lenguaje. A través de ellas, yo mismo. Son aquello en lo que yo me he convertido, a través de procesos que no comprendo pero que creo que corresponden a una certeza absoluta, a una segunda vida tanto para mí como para ellos” (Los nombres, Don De Lillo)

Tampoco sé por qué, mirando las fotografías que componen Okuhe me acordé de esta cita. No sé por qué unas imágenes dialogan con otras palabras de manera aleatoria, como los versos de un réquiem de otoño. No sé por qué algunas se desintegran en el preciso instante en que se producen -las imágenes, los nombres- y otras se quedan instaladas en cualquier abrigo. Apareciéndose como fantasmas de temporada, puntuales a su cita anual. Seguro que se trata de un síndrome y que este síndrome tiene un nombre. Septiembre.

Autor: Elena
Publicado en: Observaciones
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