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Ayer se celebró en Barcelona la gala de los oXcars, un alegato contra las industrias culturales, una celebración del trabajo colaborativo, de la política de compartirlo todo, la aplicación de un nuevo orden colectivo en la cultura al margen de los poderes establecidos. Internet nació y creció con la palabra libertad inscrita en la percepción colectiva que tenemos de ella, y precisamente esa idea de la Web como punto de partida de nuevas propuestas, provocó que se revitalizaran conceptos como el procomún o se generaran nuevos términos como ése que tanto usamos que es el de prosumidor. En definitiva, evolucionamos a la red social, a la web 2.0, dónde los contenidos los generan los usuarios, una creación colectiva multitudinaria.

Esta semana, @jldevicente mostraba su preocupación por la proliferación de conceptos marketinianos incluso en inciativas no mercantilistas. De alguna forma parece que la Web 2.0 es el caldo de cultivo perfecto para la venta, y esa ideología está calando incluso en los que se mantienen al margen de la industria, tratando sus proyectos open source, sus colaboraciones, sus revoluciones, como productos que necesitan de una campaña de Marketing que aproveche la red social para llegar a la mayor cantidad de gente posible. Entiendo su preocupación y la comparto, incluso teniendo en cuenta que a veces, yo mismo, he caído en esa trampa.

Al mismo tiempo @conRubalcaba, el flamante candidato del PSOE a la presidencia, proponía a sus seguidores un juego. Este juego consistía en que cada vez que compartieran materiales de la campaña en las redes sociales, recibirían puntos, y esos puntos serían canjeables por productos de merchandising de la campaña electoral. Supongo que @jldevicente se refería a algo así, la conversión de la política en mercancía. Tú me apoyas, yo te regalo cosas. Puro caciquismo.

Por otro lado recuerdo que hace un tiempo @skotperez se quejaba de la transformación de del.icio.us (herramienta para coleccionar enlaces) hacía un modelo 2.0, más social. He intentado buscar el twitt original pero no lo he encontrado, pero creo que decía algo así:

Con los cambios en del.icio.us han acabado con el único oasis no social de la web, el único sitio dónde podías refugiarte de los demás, el último sitio 1.0

del.icio.us fue una de esas iniciativas que se mantuvieron tras la explosión de la burbuja en la web. Era un concepto simple, donde la funcionalidad se limitaba a ser un mero almacén de enlaces. Hace unos meses, Yahoo, la empresa propietaria, decidió deshacerse de ella y los nuevos gestores decidieron darle un aire nuevo.

Si echamos la vista atrás para ver qué era aquello del 1.0, nos encontramos con iniciativas como Terra o el propio Yahoo, el concepto de portal de Internet, donde las grandes corporaciones creaban y gestionaban el contenido. El usuario no intervenía y, obviamente, aquello se desmoronó tan rápido como se había construido. Entretanto, por debajo, crecían comunidades, versiones rústicas de la actual red social. Recuerdo Geocities (dónde la gente podía albergar sus webs creando una especie de ciudad dónde cada web representaba un edificio) o el IRC (donde yo pasé horas jugando a juegos como “cinéfilos” junto a miles de personas). Eran propuestas enfocadas a las personas, y que empezaban a mostrar que Internet crecía para compartir, pero manteniendo la privacidad. No eran sistemas que te expusieran, eran sistemas para compartir bajo identidades falsas (nicknames) dónde compartías algo, pero no todo.

Otra de las modas que surgió en aquella época fue el de las Camgirls, chicas de todo el mundo que decidieron poner webcams en su casa para que todo el mundo pudiese seguir su día a día. Desde cómo comían hasta cómo se desnudaban. Me acordé de esta moda a raíz de el artículo She was a Camera en Rhizome, donde hablaban con una de las iniciadoras del movimiento, Ana Voog, que creó lo que ella denominó “La primera cámara de internet sobre arte y vida las 24 horas del día, 7 días a la semana”.

La industria vio las posibilidades, primero a partir de iniciativas de apasionados informáticos (Napster, Facebook, MySpace o el propio Del.icio.us) y más tarde creando sus propias herramientas (Google +, MSN). Sabían que gestionar los gustos de las personas les reportaría grandes beneficios, y no sólo ellos, lo sabíamos todos, sabíamos que de esta manera podríamos llegar con nuestro mensaje a más y más gente. Así que nos volcamos.

Da la sensación de que en la vorágine de la web 2.0 nos olvidamos de que estábamos siendo retratados, rastreados, analizados, para después ofrecernos servicios o productos. Y yo creo que ese “oasis” al que se refería @skotperez es ese lugar, que se quedó a medio camino entre lo 1.0 y lo 2.0 dónde aún podíamos elegir qué mostrar, podíamos no retratarnos a nosotros mismos, sino a nuestros alter egos cibernéticos. Ahora Facebook almacena toda nuestra información personal, Apple acaba de lanzar iCloud, una gran base de datos dónde almacena todos nuestros datos personales, contactos, fotografías y vídeos con la excusa de que podamos tenerlo disponible en cualquier lugar, Google ha lanzado su red social, Google+, que no permite la utilización de alias como nombres de usuario, e incluso su sistema nos ofrece anuncios dependiendo de nuestros gustos.

Antes podíamos elegir, ahora cada vez menos y, por eso, las Camgirls, cuando se popularizó la web 2.0, las cámaras en móviles o integradas en los portátiles, dejaron de ser Camgirls, y lo que durante un tiempo fue una opción de vida, dejó de serlo porque parecía que ya, sin hacer ningún esfuerzo, su vida estaba siendo mostrada en Internet, las 24 horas del día, 7 días a la semana.

Apagué mi cámara para bien en 2003 y cuando apareció Flickr, en 2004, mis archivos de Camgirl fue lo primero que pensé en colgar. No había otra manera de compartirlos, pero esta, para mí, no iba a funcionar.

Melissa Gira Grant, Rhizome, 2011

Autor: Carlos
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