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Hace unos días volví a San Sebastián donde había estado solamente una vez hace unos 16 o 17 años. De aquella visita, sólo recordaba un museo de cera, un escenario de tumbas, autómatas que  simulaban ser fantasmas ensabanados y miedo, mucho miedo. La muerte, los autómatas y la cera, me di cuenta al volver, sólo eran fruto de una memoria despistada o caprichosa. Estaba claro, la ciudad que yo había imaginado no era real, sin embargo el miedo (y esto puedo demostrarlo) sí.

Este choque brutal con la realidad sucedió después de que sentáramos las bases de un proyecto que titulamos, cosas de la vida, la ciudad imaginaria. Digamos que en todos nosotros existía ya esa resistencia un poco infantil y quizá también un poco idiota, a aceptar la realidad tal y como se presenta ante nuestros ojos (si es que a caso, esa realidad existiera). Así que, si como demuestra esta anécdota de diván, la memoria puede ser tan ficticia y tan DIY, ¿por qué las ciudades no? De esta manera nos empezamos a plantear un proyecto sobre cartografías imaginarias, sobre cómo filmar una mitología ciudadana realizada a partir de imágenes directas, sobre cómo malversar una memoria de lo que nunca vivimos o una previsión sobre lo que no viviremos jamás.

¿Se puede filmar lo imaginario? Esta es la pregunta que lanzamos a modo de desafío para todos aquéllos que quieran instalarse con nosotros en San Sebastián. Quizá alguno de vosotros encuentre ese museo de cera, donde otros solo verán un viejo parque de atracciones mirando el mar.

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El taller “La ciudad imaginaria” se realizará del 8 de julio al 19 de Julio en las oficinas de Tabakalera, Duque de Mandas, 32, Torre Atotxa.

El desafío al que se enfrentarán los participantes será el de construir un retrato-autorretrato de Donosti a partir de imágenes directas grabadas con sus equipos (teléfonos móviles, cámaras de fotos, etcétera).

El objetivo principal de este trabajo colectivo es reflexionar sobre las posibilidades del montaje, de la reescritura de imágenes y de la construcción de identidades a partir de la mirada del propio ciudadano sobre su entorno, sobre la memoria, sobre el presente y sobre el futuro imaginario de la ciudad.

Esta cartografía pretende reivindicar el poder del discurso mítico. ¿Dónde se encuentran los límites entre aquello que proyectamos y aquello que queremos ver? ¿Se puede configurar el mito a partir de imágenes tomadas directamente de la realidad? ¿Puede una imagen documental servir como material para una ficción poética, alocada o directamente salvaje?

Durante las dos semanas combinaremos proyecciones y reflexión sobre el tema con sesiones prácticas.

Primera semana: Obtención de un banco de imágenes.

Los participantes irán creando con las cámaras de sus móviles un banco de imágenes que retrate espacios, personas y sonidos de la ciudad.

Segunda semana: Creación de mitologías audiovisuales.

Mediante el trabajo de montaje y reflexión sobre esas imágenes obtenidas, los participantes crearán una mitología propia de su entorno más cercano.

Autor: Elena
Publicado en: La ciudad imaginaria

Tras pasar 5 años trabajando sobre la relación entre cine, memoria e identidad nacional hoy cierro un capítulo. Intento poner un punto final, aunque a estas alturas del partido ya estoy convencida de que ése es un concepto que sólo existe en la ortografía. Que los finales nunca se eligen.

Hoy me sigo preguntando si todas esas fotografías que nunca fueron tomadas, sin embargo, existen. ¿A dónde van las imágenes que nunca se imprimieron? ¿Existen las personas que sólo son un nombre y no una fotografía, una película, si quiera un recuerdo? ¿Es posible existir más allá del archivo? ¿Más allá de la memoria?

Ya sé que no es sano relacionarlo todo con lo personal, pero yo no sé hacerlo de otra manera. Hoy, intentando maquillar huellas indelebles, cerrando carpetas, haciendo un balance imposible de lo sucedido he recuperado esta intervención de Videla en una conferencia pública sobre la categoría de los desaparecidos. Escuchar al dictador hablar sobre derechos humanos es sencillamente estremecedor, advierto.

El desaparecido. La identidad. La incógnita que no puede despejarse desde el silencio sino desde el estruendo más absoluto… ¿Quién pudo creer en algún lugar del mundo que las políticas del perdón pueden llevar a la reconciliación? ¿Quién pudo creer que las transiciones en algún caso puedan ser pacíficas, modélicas, constitucionales? ¿Quién puede creer que después de la guerra exista la calma?

Autor: Elena
Publicado en: lacasinegra vs Las democracias caducas

Hace poco Ana citaba en un comentario de uno de nuestros posts la relación entre la muerte, la memoria y el cine en Level 5 (1997) de Chris Marker. El post se titulaba Un grito ciego y hablaba de ETA. Ayer murió Chris Marker y el azar emergió como una broma macabra.

Alrededor del minuto 40:20 de la película en cuestión, tal y como nos indicaban, una mujer japonesa nos mira fijamente tras un salto al vacío en el que quiso encontrar la muerte y tras el que sólo encontró una cámara de cine. Otra mujer explica después que estas imágenes se rodaron en una guerra y alude a otro salto al vacío desde la torre Eiffel. Sólo retengo esto. Me estremezco y todo lo concreto desaparece.

Después me pregunto cómo es ése momento en el que una cámara registra un último aliento, esos instantes previos a cualquier acontecimiento irreversible. Previos a las rotundas decisiones. Previos al estallido de una guerra. Previos a la muerte. Previos al olvido. Previos al amor.

Quizá cerrar los ojos pueda funcionar como un vago reflejo de la memoria, en el que creemos haber fijado las imágenes tal y como sucedieron. Cerrar los ojos y que un recuerdo desplace la oscuridad. Cerrar los ojos y temer que el olvido pueda arrasar con todo. Repetir el gesto como la única solución posible y albergar sin embargo la certeza de que no. La memoria no existe. Si quiera cuando bajamos los párpados invadidos por el pánico.

Hablar de Marker, de cine y de memoria es casi tan obvio como leer el periódico los últimos meses y constatar que nos ahogamos. Hablar de su muerte hoy, también. Prefiero pensar que cerró los ojos, que dejó que el temor lo invadiera para remplazar con imágenes lo que era imposible reconstruir de otra manera. Que no, definitivamente el azar no existe y que el olvido, en algunas ocasiones, tampoco.

Me pregunto, gracias a Marker, por su culpa, en homenaje a él, cómo se registran los instantes previos al olvido.

Autor: Elena
Publicado en: Observaciones

Hoy, no sé por qué me he acordado de Tokio ya no nos quiere, la tercera novela de Ray Loriga que se publicó en el 99 y que yo debí leer en el 2001. En realidad no me acuerdo del texto en sí, sólo me acuerdo de haberla leído. Y de algunas frases lapidarias que se quedaron en la cabeza para siempre. “Si esto no funciona nada funcionará”. Y ahí sigue. Hiriente. Concisa. Estremecedoramente lúcida.

Me imagino que en aquellos noventa españoles Tokio todavía resultaba un lugar exótico, demasiado lejano. Un lugar donde un personaje de novela podía continuar su huida hacia adelante intentando olvidarse de que había amado. Como si viajando sin descanso hacia un futuro posible la muerte estuviera más cerca. Sin embargo hoy Tokio es sólo una de las pruebas más de que nada de lo que nos dijeron que funcionaría iba a funcionar.

Después de Tokio ya no nos quiere Ray Loriga escribió unos cuantos libros más, hizo otra película, escribió varios guiones y en las críticas literarias dicen que desde que sale con modelos y suena en la radio fórmula ya no es igual. Tu antes molabas, Ray, dicen. Y sin embargo a mí me sigue molando. No sé si porque me acuerdo de esa historia desgarradora del hombre sometido a un dolor que entonces me parecía tan imcomprensible como Tokio. No sé. El caso es que hoy me he acordado del momento en que lo leí cuando éramos demasiado jóvenes para sospechar que los desastres que se anuncian en los relatos de ciencia ficción pueden estallar en cualquier momento. Y entonces llegó el s.XXI y Tokio dejó de ser el lejano oriente para convertirse en un destino de vacaciones y la necesidad de huir hacia adelante y de olvidar que nos engañaron, también ha dejado de ser pura especulación.

Han pasado más de 10 años desde entonces (desde que Loriga publicó su libro y desde que yo lo leí). Ha pasado un nuevo siglo, una hecatombe nuclear, una crisis económica, varios tsunamis, más de cien guerras y una lista infinita de derrotas. Ha pasado lo suficiente como para que solo queramos comprar una droga que nos permita olvidarnos de todo, huir hacia delante y buscar paraísos exóticos donde la muerte parezca más rápida y menos dolorosa.

Autor: Elena
Publicado en: Observaciones
19 ene
12

A mi tío

Hace unos días mi tío Juan me dijo que andaba digitalizando fotos y diapositivas que ha ido generando y almacenando durante años. Es el típico tío que supongo que muchos de vosotros también tendréis. Se ha dedicado a ir documentando todos los acontecimientos más o menos importantes que suceden en una familia: bodas, bautizos, comuniones, vacaciones… Pues bien, de entre todo el material que lleva digitalizado, aparecieron unas fotos de la primera visita que hice a Barcelona.

Encontrarme con este material me ha hecho pensar en lo vulnerable y efímero del archivo digital. Este tipo de material está expuesto a diferentes agentes que hacen peligrar su existencia. Un virus informático, una mala catalogación, la perdida física de su soporte de almacenamiento (pen-drive, dvd, cd, disco duro), la facilidad y escaso coste de generar nuevo material audiovisual que termina por hacer olvidar un material anterior. En cambio, los soporte físicos tradicionales me trasmiten una mayor seguridad a la hora de almacenarlos y poder revisarlos. Sé que si algún día quiero ver las fotos de mi bautizo o comunión, solo tengo que ir al mueble de mi casa donde están almacenadas todas las fotos y recuerdos de la familia. Sé, que a no ser que haya algún agente natural (agua, fuego, una mascota) que lo alcance, es muy difícil que llegue a perderse ese material y aunque pueda traspapelarse en alguna mala mudanza, tengo la esperanza de que alguien lo encuentre y haga una expropiación con él.

Con todo esto, pretendo hacer un pequeño homenaje a mi tío y a todos esos tíos que quisieron documentar esos momentos que a nuestra memoria se le escapan.

Autor: carmelo
Publicado en:

“Escribir -decía Marguerite Duras- también es no hablar. Es callarse. Es aullar sin ruido”

He leído esto en un tren que me acaba de dejar en Atocha en un libro de Vila Matas titulado Bartleby y compañía.

Sé que no tiene mucho que ver con lo que estamos tratando últimamente, sé que tenía que haber hecho una expropiación de el viento que me había prometido a mí misma pero al leer esta cita todo se ha dado la vuelta.

Me he acordado de repente de una de nuestras primeras entradas del blog, hace ahora dos años, titulada las “estructura(s) líquida”(s) en la que hablábamos de una imagen que nos había llevado a crear lacasinegra.

Me he preguntado cuál era esa imagen y no he sido capaz de encontrarla entre los millones de imágenes que se archivan en mi memoria, ni en mi ordenador, ni si quiera en nuestro vimeo. Así que he decidido que esa imagen todavía no existe y no sé por qué, intuyo que se parece más a ese aullido sin ruido del que habla Duras que a cualquier otra cosa.

Quizá pienso esto porque las últimas semanas estoy obsesionada con todas las películas que no he sido capaz de hacer y todas las que nunca haré. Con ese cine de imposible. De los Bartleby. Que no será.

Me he acordado también de unas imágenes que, en mi opinión, también aúllan. Es este corto de Duras que se titula Les mains négatives. Estremecedor.

Siento mucho la nostalgia. Creo que sin quererlo he hecho una expropiación, no sé a quién exactamente pero creo que en estas líneas hay un montón de imágenes latentes, que están aullando y que, seguramente, he robado de algún sitio.

Autor: Elena
Publicado en:

Estos dos vídeos comparten espacio y tiempo, la tarde del 17 de mayo de 2011 en Sol:

Autor: gabriel
Publicado en: dossieres lacasinegra vs Las democracias caducas Observaciones

En 1994 Derrida pronunció una conferencia titulada “Mal de archivo. Una impresión freudiana”. En ella, planteaba la cuestión de los archivos en un mundo virtual. No sé cómo se trasladaría la pregunta al contexto contemporáneo, dieciséis años después, cuando esa virtualidad se ha convertido en un espacio estructural.

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Autor: Elena
Publicado en: expropiaciones proyectos
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