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Fuentes (por orden de aparición):

– Alphaville: Une étrange aventure de Lemmy Caution, Jean-Luc Godard, 1965

– Vivre sa vie, Jean-Luc Godard, 1962

– Amore e rabbia, segmento de L’amore, Jean-Luc Godard, 1969

– Les amants réguliers, Philippe Garrel, 2005

– L’amour fou, Jacques Rivette, 1969

– L’amour c’est comme une cigarette, MonsieurLunatique, http://www.youtube.com/watch?v=2VzV2J5-hEs

– Pierrot le fou, Jean-Luc Godard, 1965

– The passenger, Michelangelo Antonioni, 1975

– Éloge de l’amour, Jean-Luc Godard, 2001

– Jean-Luc Godard à la télé – Anna Karina crying, giuliodavid1, http://www.youtube.com/watch?v=WQZdu4InawA

Y de regalo este artículo en el que nos enteramos de cosas como que la pareja protagonista de L’amour fou de Jacques Rivette está basada en Anna Karina y Godard.

 

Autor: gabriel
Publicado en: expropiaciones

En tiempos de crisis, el consumo de cuentos de hadas aumenta. Acaban de darse el “Sí, quiero” y un periodista juguetón les pregunta si están enamorados. Diana, tímida y pizpireta, tan británica ella, contesta que “Of course”, que eso ni se pregunta. Carlos, lacónico, más británico todavía, apostilla: “Whatever in love means”. Algo así como: “Lo que sea que estar enamorado signifique”. Y es que claro, si los reyes han sido siempre los primeros en entender el matrimonio como una relación comercial que permite a dos personas crear una sociedad con un potencial de lucro superior al que ambos tienen por separado, no tiene mucho sentido que el heredero de la corona más poderosa del mundo se case con una maestra de primaria si no es por amor.

O por lo menos la acepción de amor que ha fabricado Hollywood y que los occidentales (y otros que no lo son) llevamos comprando casi un siglo. Amor, amor puro, de amante en éxtasis, amor eterno. Pero la gente en Hollywood se enamora hasta 6 y 7 veces; y se divorcia otras tantas (lo que pasa es que las películas terminan antes). Ay, el amor, para Diana seguramente representara un salto al vacío adolescente, un cuento de las Mil y una noches con despertares sin mal aliento y desayunos con diamantes. Para Carlos, por el contrario, tan reaccionario él, sabedor de que la belleza es un don perecedero que a muchos se les niega, le bastó con la lealtad y la conversación inteligente de Camilla. Es lo que tienen los cuentos de hadas, si no terminan cuando los príncipes se besan, el tiempo los convierte en una tragedia.

Autor: gabriel
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