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Tras una ventana, una cámara capta a un policía fronterizo israelí en Hebrón que patrulla la zona. El policía salta un pequeño muro que hay en la calle y desaparece tras los barrotes de la ventana mientras de fondo se escucha a una mujer cantar lo que parece una canción tradicional palestina. Durante unos segundos tan solo vemos la ventana y tras ella la calle desierta y la esquina de un edificio tras la cual está el policía.  Un niño entra por la derecha despreocupado hasta doblar la esquina del edificio. Cuando lo hace, el policía se le echa encima, le coge del brazo y él, asustado, se deja caer entre quejidos de sorpresa. A los pocos segundos el niño toma conciencia de su situación y los quejidos se convierten en llanto. Entonces el policía le pregunta insistentemente: “¿Qué haces aquí causando problemas?“.

En ese momento otro policía entra por la izquierda, le da una patada al niño sin mediar palabra y se da la vuelta. Los policias se alejan, casi como si no quisieran saber nada de lo que había ocurrido, conscientes de que, aunque sienten que esa es su obligación, patear a un niño de esa manera es algo que ni siquiera ellos quieren ver. El niño se reincorpora y, entre sollozos, sale corriendo en la dirección en que llegó. La cámara sigue al policía que dio la patada al niño mientras se aleja, mira a izquierda y derecha, se coloca la boina y desaparece.

Este vídeo lo publicó ayer la organización israelí B’Tselem. La organización se define como centro de información sobre los derechos humanos en los territorios ocupados. B’Tselem trabaja principalmente en la documentación de los abusos llevados a cabo en los territorios palestinos ocupados a través de informes, stands informativos y voluntarios que trabajan retratando estos abusos. En 2007 comenzaron a distribuir video cámaras entre los palestinos con el fin de que ellos mismos documentaran estos abusos y bautizaron el proyecto con el conciso nombre de Video Project. Ellos mismos explican las razones tras este proyecto:

B’Tselem uses the footage as a basis for its complaints to the army and the police following suspected breaches of the law by security forces. In some cases, the footage provides vital evidence in legal proceedings. In a few cases, broadcast of the footage has contributed to genuine policy changes.

También en su página web explican el origen del nombre de su organización. Es una palabra hebrea cuya traducción literal es “A la imagen de” (“In the image of”) y especifican que también se utiliza como sinónimo de “dignidad humana”.

Las imágenes del niño y los policías se han difundido por redes sociales y medios tradicionales. No son especialmente truculentas, de hecho en la web del proyecto existen otros vídeos con contenidos mucho más perturbadores. Pero eso no ha impedido que el vídeo cumpliera su cometido. El vídeo no es menos violento que otros, sino sencillamente menos literal. Al verlo uno se pregunta qué hay tras ese edificio que es tan importante defender y les excusa por patear a un niño. Es la violencia en “off” la más significativa, la que no vemos, lo que ese policía hubiese hecho si en vez de un niño se tratase de un adulto. El cómo la cotidianeidad se puede tornar en violencia. Toda la tranquilidad que se respira con esa música de fondo rota por la ametralladora que empuña el policía, por la tensión del cámara, por el llanto del niño, tan parecido al de cualquier niño que sencillamente se cae en un parque.

El trabajo de muchas ONGs en Oriente Medio pasa por cuidar y tratar de mejorar las condiciones de vida de la población. B’Tselem ha entendido a la perfección el valor de la imagen a la que hace referencia su nombre y que es preferible darles una cámara que intentar ellos mismos retratar la situación. A través de esas imágenes aportan “dignidad humana” a la población y les aportan las herramientas para contruir su propio relato y conseguir que nosotros, los que no estamos allí, tomemos conciencia de su situación.

Autor: Carlos
Publicado en: lacasinegra vs Las democracias caducas

EL 9 de Abril de 1985 Sanaa Mehaidli conducía un coche cargado de explosivos que estalló en Jezzin, al sur del Líbano, dejando a su paso 2 soldados israelís muertos y varios heridos. Sanaa tenía 16 años, militaba en el PSNS (Partido Sirio Nacional Socialista), era chií, no llevaba velo, defendía un estado laico y trabajaba en un videoclub. Antes de montarse en aquel Peugot dejó un testimonio audiovisual donde pedía que nadie llorara cuando muriera “que vuestro júbilo estalle el día de mi muerte como si fuera el de mi casamiento”. Sanaa puso en escena el discurso que la empujó a convertirse en la primera mujer que moría en un atentado suicida. Habló directamente a sus potenciales espectadores mucho antes de YouTube, mucho antes de la primavera árabe, mucho antes de que los mensajes terroristas se colgaran en la web de los periódicos. Desde entonces sería La novia del sur.

Sus restos permanecieron en Israel hasta que en 2008 fueron intercambiados (junto con otros mártires de la causa palestina) por dos soldados israelíes en esa guerra que nunca acaba. Cuando volvió a casa, La novia del sur, fue recibida con música y con flores. Como un funeral. Como una boda.

Acaba de empezar el 2012 y en todas partes hay una guerra. Algunas son ensordecedoras y extenuantes como la de Sanaa. Otras son minúsculas, locales, corrosivas. Muchas están aún latentes. También las hay embrionarias.

Acaba de empezar el 2012. Continúan los conflictos y pienso que Sanaa Mehaidli tenía esa cara que tienen todas las novias antes de casarse. No sé por qué imagino que temblaba. La miro y veo sonrisas y escalofríos. He encontrado algunas fotos de novias en 1985, son novias anónimas que podrían ser mi madre el día de su boda. Todas las madres. Las miro a ellas y también pienso que ríen y tiemblan. Pienso en las guerras y en las novias del sur. Sonrío y tiemblo.

Feliz 2012 a todos.

Autor: Elena
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