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Texto de Perig Guinamant

Tuve la oportunidad de estudiar un par de años en el HfG Karlsruhe (Hochschule für Gestaltung), una escuela de diseño y arte multimedia asociada al ZKM (Zentrum für Kunst und Medientechnologien), el museo de arte multimedia de la misma ciudad de Karlsruhe, en Alemania. Uno de nuestros profesores, Michael Bielicky, consideraba que ya que la gente no iba demasiado al museo, había que llevar el arte a donde estuviera la gente. Con esta idea consiguió un acuerdo con la estación de tren de la ciudad, que ponía a disposición de los alumnos de la escuela su espacio público.

Pude aprovechar esta oportunidad para emplazar una instalación interactiva, nombrada Passant. Situada en el pasillo principal de la estación, este corredor interminable y desnudo que lleva a los distintos andenes, pretendía plasmar en su movimiento a los viajeros que normalmente sólo transitan y nunca paran en este sitio. La idea era capturar la silueta de cada persona que pasara delante de la instalación y dejarla ahí grabada hasta que pase más gente y lo vuelvan a tapar con sus propias siluetas. Cada silueta iba a tener su propio color, para poder discernir una de otra.

Técnicamente, la instalación se compone de un videoproyector con su pantalla, una webcam y dos ordenadores para manejar el conjunto:

La teoría es simple: la cámara filma la propia pantalla y hace una sustracción de lo que filma con lo que se esta proyectando; la diferencia que resulta de esta sustracción es la sombra de alguien pasando entre el proyector y la pantalla. Esta diferencia se “colorea” y se añade a la proyección. Todo esto se programó de forma gráfica con Max y su plugin de vídeo Jitter.

Pasada la teoría, la realización no llegó a la altura de las esperanzas. Como siempre en estos casos, uno tiene varias excusas útiles. En primer lugar, la dirección de la estación de tren no concedió permiso para filmar directamente a la gente, sino sólo su sombra sobre la pantalla; a la cámara, teniendo la definición que tenía, le costaba registrar bien esta sombra (se ve en el vídeo de ilustración que cuando uno pasa detrás de la pantalla para colocarse entre la pantalla y la cámara, la captura de silueta es mucho más eficaz). Luego, al no estar precisamente en un museo, no había ningún tipo de control sobre la iluminación del conjunto, por lo que la proyección no era demasiado clara, y filtraba luz sobre la pantalla, molestando mas todavia a la cámara. Añadir a esto mi incapacidad para programar bien el momento en que se detectaba una silueta para poder mandar el cambio de color por silueta, por lo que me tuve que conformar con un cambio periódico del color.

El resultado del conjunto es una extraña animación abstracta, en la que se reflejan las formas de los cuerpos que se le acercan. Como a menudo en estos casos, son los niños los que toman el tiempo de pararse a ver lo que está pasando, y van entendiendo el extraño reflejo que se les ofrece.

A todo esto me gustaría añadir una anécdota sobre el impacto de “forzar” el arte sobre la gente. Un compañero instaló lo que debía ser un diario de viaje y la gente lo usó como un libro de reclamaciones. En una página, un viajero comentaba que mejor que tirar el dinero en animaciones de colores sin pies ni cabeza en un pasillo, tendrían que intentar que los trenes llegaran a su hora… A mí me hace feliz, esta persona me permitió sentirme como un artista incomprendido.

Analizándolo con distancia, reconozco que hay más de una mejora que se le podría hacer al proyecto. De hecho, releyendo la propuesta que presenté a la dirección de la estación de tren, he encontrado un concepto que se abandonó bastante pronto: calcular la velocidad de cada persona y representarla como trinea detrás de su silueta (doble problema: el tamaño de la pantalla por un lado, el mismo cálculo de la velocidad por otro — hace falta identificar, aislar y seguir una silueta en concreto). Otra modificación que sugirió Gabriel consiste en adaptar el código de color para representar el tiempo transcurrido desde la captura de cada silueta: a medida que va pasando el tiempo, se va borrando la representación de los que pasaron por ahí. Aún así, la experiencia valió la pena, y tanto la idea del arte salvaje (de guerilla, como decía Bielicky) como la de parar el tiempo en un sitio de perpetuo movimiento y apuro me siguen pareciendo vías de exploración ricas y prometedoras.

 

Biografía de Perig Guinamant
El camino al cine ha sido todo salvo directo para Perig Guinamant. Nacido y criado en Brest, Francia, su primera elección de carrera fue la ingeniería informática en Paris. Sin embargo, su vocación pronunciada desde la infancia hacia el cine, le empuja a realizar sus primeros cortometrajes en paralelo al cumplimiento de su formación de ingeniero ocupando todos los puestos, desde producción hasta montaje, pasando por la dirección.
Por otro lado, su interés por los idiomas le permite terminar sus estudios en Alemania y España. Una vez diplomado y decidido a explorar el mundo artístico, vuelve a Alemania, Karlsruhe, para estudiar Arte Mediático, departamento de cine, en la escuela afiliada al museo de arte mediático ZKM (Zentrum für Kunst und Medien).
Después de dos años, deja Karlsruhe para establecerse en Madrid, donde se incorpora a la ECAM en la carrera de montaje, de la cual se diploma en 2012. Desde entonces, ha sido ayudante de montaje en un largometraje y montó varios cortometrajes.

Autor: lacasinegra
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