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El viernes 18 a las 21 horas, dentro de las actividades programadas para el utopic_DAY, lacasinegra presentará en la sala Beattaster de utopic_US la instalación Outlaws from Edison, un ensayo de narrativa audiovisual generativa. En Outlaws from Edison, lacasinegra propone un diálogo violento entre imágenes representativas de un período convulso de la historia del cine. El montaje de dichas imágenes no dependerá de ninguna decisión humana sino que la narrativa se generará a partir de los sonidos emitidos por la impresora 3D de Oblomobka durante su proceso de trabajo.

Ésta será la primera experiencia diseñada dentro del proyecto El fantasma y el capital (expresión acuñada por Jacques Derrida) en el que reflexionaremos -en este momento de crisis de la industria cinematográfica- sobre la estrecha relación que el cinematógrafo ha mantenido desde su nacimiento con la doctrina capitalista y como ésta ha influido en su desarrollo tanto cultural como industrial.


Fotograma de The Great Train Robbery (Dirigida por Edwin S. Porter y producida por T.A. Edison, 1903)

En Outlaws from Edison nos inspiramos en el conflicto que Thomas Alba Edison mantuvo con los hermanos Lumière a finales del S.XIX en EEUU y que es conocido como guerra de las patentes. En este litigio por ostentar el control de la fabricación de celuloide y cámaras de cine Edison resultó victorioso y las industrias Lumière abortaron su plan expansionista por América. Este conflicto supuso la primera gran ruptura entre Europa y EEUU en la historia del cine además de impregnar hasta nuestros días la forma de explotación del espectáculo cinematográfico de una cariz eminentemente liberal ligado al pensamiento estadounidense.

Como vemos, esta ruptura obedece a una lógica de competencia industrial y poco tiene que ver con el arte o la cultura. Mientras los Lumière no confiaban demasiado en el futuro de su invento y le aventuraban un uso principalmente doméstico, el cine se convirtió en un espectáculo comunitario pero que respetaba la individualidad de cada espectador. También, en la forma más potente de propagar la cultura estadounidense por el mundo. ¿Quién no ha tenido ganas de besar o fumar por primera vez viendo una película estadounidense?

Una vez patentado el invento en EEUU, Edison pasó a dominar la producción cinematográfica a través de su organización Motion Pictures Patents Company con sede en Nueva York. Así, los productores tenían que pagar un impuesto de medio centavo por cada centímetro de película impresionada y los distribuidores necesitaban contar con una licencia que costaba 5000 dólares al año. Había también otras imposiciones y no cumplirlas les significaba ser perseguidos intensamente por el numeroso grupo de investigadores privados, abogados y funcionarios de Edison.

Aquellos que no estaban de acuerdo decidieron no acatar las duras condiciones impuestas por la MPPC y se agruparon creando sus propias organizaciones. Vieron la luz así la Independent Motion Picture Distributing and Sales y la Greater New York Film Company. Se denominaron a sí mismos independientes aunque Edison los llamaba ilegales (outlaws).

En este grupo se encontraban:

  • Adolph Zukor, quien fundaría la Paramount Pictures.
  • Wilhelm Fuchs, más conocido como William Fox, quien crearía la Fox Film Corporation.
  • Los hermanos Warner, fundadores de la Warner Bros.
  • Carl Laemmle, el fundador de la Universal Studios.
  • Marcus Loew, quien se uniría con Samuel Goldfish (Samuel Goldwyn) para dar nacimiento a la Metro-Goldwyn-Mayer.

Este conflicto, junto con la gran cantidad de días soleados al año, motivó que una parte de los productores estadounidenses emigrara a Los Angeles a principios del S.XX, más en concreto a un barrio que hoy día forma parte de nuestro imaginario colectivo y que responde al nombre de Hollywood.

Autor: lacasinegra
Publicado en: lacasinegra vs Las democracias caducas

En la colección permanente de fotografía del MOMA hay una exposición de todo el archivo de un coleccionista privado. Entre algunos nombres importantes de la fotografía del siglo XX encontré esta imagen que capturé con mi iphone.

Un hombre y una mujer se besan. Un hombre le roba un beso a una mujer. Una mujer se deja robar por un hombre. Podría haber sido cualquiera. Mis abuelos. Mis padres. Yo. Sólo fantasmas. En el rótulo en lugar del nombre del autor: “Just an amateur”.

Autor: Elena
Publicado en:

Para muchos Andrés Caicedo es la imagen paradigmática del poeta maldito latinoamericano. Hablar de Andrés Caicedo es hablar de mito y es hablar de muerte. Aunque para mí hablar de Andrés Caicedo es hablar de un libro de instrucciones para construir un fantasma.

De las muchas imágenes que se han recuperado de él (tanto en las que aparece como en las que se adivina tras el objetivo), Caicedo es una huella, un rastro, un espectro. En la foto que acompaña este post, Caicedo camina junto a Patricia Ristrepo, la mujer de su amigo Carlos Mayolo, de la que se enamoró perdidamente, a la que enamoró perdidamente y a quién dedicó sus ultimas letras en forma de nota antes de morir. En esta imagen, también, se percibe la silueta de un fantasma, desdibujado, mirando a otro lado, como a punto de marcharse.

Andrés Caicedo se suicidó en 1977 a los 26 años de edad cuando acababa de recibir el ejemplar de su primera novela ¡Que viva la música!, sexo, drogas y rock and roll del lado de allá. Ahora pienso que, muy probablemente, Caicedo construyó su personaje de fantasma al milímetro.

Todo en él es fantasmagórico, Angelita y Miguel Ángel el proyecto de película corealizada junto a Carlos Mayolo interrumpida por el peor de los crímenes pasionales: robarle la mujer a tu mejor amigo; los tres proyectos de novela incabados: La estatua del soldadito de plomo (1967), La Vida de Jose Vicente Diaz Lopez (1975), Noche sin fortuna (título extraído de la canción del trío Los Panchos Rayito de luna y cuyo manuscrito sería recogido y editado por sus amigos años después). Quizá sea esta tendencia a dejarlo todo incloncluso lo que nos hace acercarnos a la idea del fantasma y no tanto el suicidio, la muerte o el carácter ausente con que se ha definido siempre la figura de Caicedo. Quizá sea ese trayecto de cosas sin terminar lo que nos hace sentirnos tan cerca de él y a la vez, tan ajenos, tan cobardes.

Sin embargo, pese al atractivo irresistible de la vida y de la obra de Caicedo hay una película que para mí constituye la imagen más perturbadora de todos los Caicedos. El Caicedo que mira (y que se mira en) tres niños de entre 12 y 15 años. En Angelitos empantanados, Guillermito, Fosforito y Clarisol hablan directamente de la enfermedad, de la locura, de los valiums, de matar y de morir.

Yo no sé por qué me dio hoy por pensar en estas cosas, tampoco por qué al mirar esos niños viejos me acordé de Pedro Páramo. Quizá porque tanto Caicedo como Rulfo generan una especie de fascinación esotérica, quizá porque ninguno perteneció a la empalagosa nómina de Boom, quizá porque los dos mantuvieron una relación complicada con el cine, quizá porque ambos vivieron como espectros. Vaya usted a saber por qué. Creo que YouTube debería crear alguna aplicación para relacionar los tags de la memoria con los de los fantasmas personales.

Nota: Para ampliar sobre la obra cinematográfica de Andrés Caicedo se puede acudir al documental Andrés Caicedo, unos pocos buenos amigos (Luis Ospina, 1986) citado recientemente en Color Perro que huye (Andrés Duque, 2011), y Noche sin fortuna (Francisco Forbes, 2010).

Autor: Elena
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