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Hace unos días Carlos nos estuvo hablando sobre los fuegos de artificio en el cine y la desnaturalización que ellos provocan en la imagen. Al final del post, hizo una mención sobre mi afición a intervenir y tratar físicamente la imagen, es decir, obtener un efecto sin la utilización de una computadora.

Uno de estos inventos se pudo observar en el material de Pas à Genève. La cámara bisagra, de la que ya publiqué algún resultado.

Pues bien, antes de la llegada del cine bisagra, uno de mis primeros inventos surgió a raíz del descubrimiento de la cámara digital Harinezumi. Mi intención era conseguir un efecto de super8 mediante la combinación de las lentes de plástico de una cámara desechable y una cámara compacta digital. He aquí los resultados. Juzguen ustedes mismos.

Autor: carmelo
Publicado en: extinción

Desde hace unos días para acá ando preocupado con el tema del almacenamiento digital. No es algo que me quite el sueño pero si es cierto que provoca cierta inquietud en mí.

Cada cierto tiempo me da por hacer una pequeña limpieza del disco duro. Esto lo suelo hacer realmente cuando el ordenador me avisa de que tengo el disco duro casi lleno. Hay muchos documentos que no me cuesta nada eliminar. Fotos, pequeños clips de película, archivos comprimidos, algún que otro pdf, etc.

La cuestión es que siempre termino encontrándome con algún archivo que llevo meses e incluso años sin ver y que por alguna razón soy incapaz de borrar. Siempre me surge la duda de si voy a necesitarlo en un futuro. Pero siendo realistas, si no lo he usado hasta ese momento, dudo que vaya a necesitarlo. Es más, estoy seguro que en unos días se me volverá a olvidar que ese archivo existe y no volveré a verlo hasta la próxima limpieza de disco duro.

Con la implantación del vídeo digital en mi vida, se me duplica este problema. La facilidad con la que genero imágenes es inversamente proporcional a mi capacidad para seleccionar y discriminar parte del material generado. Siempre me vuelve la duda de si en un futuro volveré a revisar el material. Mentira, se que no lo voy a hacer. De hecho, una vez creado un montaje, rara vez vuelvo a mirar los brutos. ¿Sería lógico eliminar este material? supongo que si la obra está terminada debería deshacerme de los recortes. Pues bien, me es imposible. Soy incapaz en muchos casos de deshacerme de cierto material. Supongo que soy víctima del llamado síndrome de Diógenes digital.

Autor: carmelo
Publicado en:
19 ene
12

A mi tío

Hace unos días mi tío Juan me dijo que andaba digitalizando fotos y diapositivas que ha ido generando y almacenando durante años. Es el típico tío que supongo que muchos de vosotros también tendréis. Se ha dedicado a ir documentando todos los acontecimientos más o menos importantes que suceden en una familia: bodas, bautizos, comuniones, vacaciones… Pues bien, de entre todo el material que lleva digitalizado, aparecieron unas fotos de la primera visita que hice a Barcelona.

Encontrarme con este material me ha hecho pensar en lo vulnerable y efímero del archivo digital. Este tipo de material está expuesto a diferentes agentes que hacen peligrar su existencia. Un virus informático, una mala catalogación, la perdida física de su soporte de almacenamiento (pen-drive, dvd, cd, disco duro), la facilidad y escaso coste de generar nuevo material audiovisual que termina por hacer olvidar un material anterior. En cambio, los soporte físicos tradicionales me trasmiten una mayor seguridad a la hora de almacenarlos y poder revisarlos. Sé que si algún día quiero ver las fotos de mi bautizo o comunión, solo tengo que ir al mueble de mi casa donde están almacenadas todas las fotos y recuerdos de la familia. Sé, que a no ser que haya algún agente natural (agua, fuego, una mascota) que lo alcance, es muy difícil que llegue a perderse ese material y aunque pueda traspapelarse en alguna mala mudanza, tengo la esperanza de que alguien lo encuentre y haga una expropiación con él.

Con todo esto, pretendo hacer un pequeño homenaje a mi tío y a todos esos tíos que quisieron documentar esos momentos que a nuestra memoria se le escapan.

Autor: carmelo
Publicado en:

Durante nuestros primeros años de unversidad, cuando eramos aún más ignorantes que ahora, las noches en el colegio mayor se prolongaban hasta altas horas de la madrugada. Nuestras conversaciones versaban sobre todo tipo de temas, aunque por edad y situación, la mayor parte del tiempo giraban entorno a nuestros tormentos amorosos, o simplemente, sobre la chica recién llegada al colegio. A veces, hablábamos de cine, de arte, de música o de literatura. Recuerdo una discusión en la que creo que estábamos David, Jorge, Gabriel y yo (aunque es bastante probable que fuesen otros) a propósito de Kafka y su deseo de que todas sus obras fuesen quemadas a su muerte, de modo que no se llegasen a publicar. Creo que mi posición era que el mundo no podía perder la oportunidad de leer El Proceso aunque su autor así lo quisiera. Jorge, por el contrario, defendía, que si esa era su decisión, debería haberse respetado porque pertenecía al ámbito de lo privado.

Hace unas semanas un hacker consiguió copiar unas fotos íntimas del móvil de Scarlett Johansson. Como el mundo tenía ganas de verle las tetas, el resultado fue que se propagaron por la Web como la espuma, Scarlett admitió que eran sus fotos y se inició una investigación federal, con el FBI rastreando la red en busca del hacker. Lo pillaron. Esta semana ha pasado algo similar, sin el punto sexual, con Mark Zuckerberg, creador de Facebook. Como Facebook no respeta la privacidad, otro hacker decidió romper la seguridad del sitio, entrar en el perfil privado del bueno de Mark y copiar todas las fotos privadas del multimillonario. Fue un acto de desobediencia civil reivindicativo. En cualquier caso los límites entre lo público y lo privado se rompen con frecuencia. Supongo que la decisión de qué es privado o es público pertenece a uno mismo, aunque una vez muerto se aplica aquello de “el muerto al hoyo y el vivo al bollo”.

En el colegio mayor tuvimos de compañero de habitación a un chico de Calanda. Duró poco (pidió cambiarse de habitación) pero dió tiempo a que le dieramos el coñazo con Buñuel. En aquella época yo no habría visto más de una o dos de sus películas, pero no dudaba al describirlo como “el genio de Calanda”. Ahora, con perspectiva, y unas cuantas películas más vistas, no podría decirlo tan alegremente. No es que no lo respete, que lo hago, pero si que creo que él y yo no compartimos la misma visión del cine. Eso sí, consiguió momentos cumbres de la cinematografía patria en extractos de Un perro andaluz o El Angel exterminador, probablemente su mejor película.

La semana pasada El País semanal publicó un reportaje llamado “Buñuel íntimo e inédito“. El reportaje va acompañado de una película del director aragonés rodada en sus años de exilio en Nueva York que se puede ver íntegra en la edición online de El País. Los días previos a su publicación se anunció en su web y en el periódico impreso, el descubrimiento de la nueva película de Buñuel, donde podíamos acercarnos a la versión más intima del director, y que podía hacer cambiar la opinión generalizada que se tenía de él.

En el reportaje, aparte de una mitomanía desconcertante que alude a las constantes visitas de los artistas de la época, se describe a Buñuel como:

El boxeador aficionado a los insectos, el amante de los cócteles, lector voraz, machista y delirante surrealista, pero a la vez padrazo.

Recalco lo de “pero a la vez padrazo”, que parece disculpar el “machista” insertado entre “lector voraz” y “delirante surrealista”. Esa era la revelación a la que aludía la promoción del reportaje, que Buñuel era un padrazo aparte de machista, aunque todo el mundo pensara que era, sencillamente, un machista misógino. En el mismo texto, Carlos Saura, otro ilustre aragonés, dice que la película “refuta muchas verdades preconcebidas” y que era:

Autoritario, pero gran tipo, tímido; un hombre lleno de paradojas, a quien no le costaba convivir con ellas plasmándolas solo en su cine como deseos ocultos, pero no en la vida real.

Pues a mi que me preocupa eso de los deseos ocultos y la vida real. Es decir, Buñuel era un tipo conservador, machista, misógino, pero un gran padre, que en sus películas intentaba retratar sus deseos ocultos y que su vida estaba absolutamente disociada de su cine. Joder, y yo que quería creer que hacer cine era vivir la vida… Debo de estar equivocado entonces, porque ahora me imagino a Buñuel, que más allá de su cine, intentaba entender el funcionamiento de los tomavistas de la época a través de libros como los que ilustran este post. Con poco éxito a juzgar por la calidad de las imágenes, que están, en numerosas ocasiones, desenfocadas. Para muestra, un botón.

 

Pues resulta que al final Buñuel era cineasta pero solo a ratos. Que ahora descubrimos sus vídeos privados, que no deberían haber salido a la luz, y son malos, cinematográficamente hablando. Que solo son películas sobre niños. Y ¿por qué siento esto? Porque Buñuel no fue un cineasta amateur, sino profesional, con todo lo que ello implica. Ser amateur significa tomar posición frente al cine. Ser amateur es dignificar el cine como algo más que una simple industria o un modo de reproducir imágenes. Y aunque no quiero decir que Buñuel fue un mal cineasta, lo que sí que no fue es un cineasta amateur, igual que Kafka no fue un escritor amateur o Scarlett una fotógrafa amateur. Todos ellos lo fueron accidentalmente, quisieron mantener en el ámbito privado esas imágenes o textos. Ahora me parece absolutamente justificable. Creo que si decidieron mantenerlo privado, así debería haber sido. Sólo estoy en desacuerdo con una cosa, con que un cineasta no sea, al mismo tiempo, un incansable cineasta amateur.

Autor: Carlos
Publicado en:
3 nov
11

El bautizo

Hace unos días se me estropeó el móvil, así que me puse a rebuscar en los cajones de mi casa a ver si encontraba algún viejo teléfono antes de ir a comprar otro y entrar en la nueva era de los smartphones. Encontré uno que sorprendentemente seguía funcionando. Es curioso lo fácil que resulta deshacerse de un aparato electrónico que ha quedado obsoleto, aún cuando sigue funcionando.

Justo en el mismo cajón en le que encontré este viejo móvil, encontré también una vieja película en 8mm del bautizo de mi prima. Me resultó curioso que apareciera allí, entre toda la basura tecnológica (cables, viejos móviles, mandos…) que alberga ese cajón.

Tras ver la película y pasarla a vídeo digital, pensé en la de fotos y vídeos que habré perdido desde que existen las cámaras digitales. Archivos que se han borrado porque no han sido capaces de sobrevivir al formateo de un disco duro o a un virus informático. Sin embargo esa película de super8,ha llegado hasta mí. Una película en la que no aparezco porque ni si quiera había nacido y en la que he podido ver que un día, mis padres fueron jóvenes y mi hermana fue una niña.

Autor: carmelo
Publicado en: expropiaciones
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