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Dijimos, sin pensar: cine y adolescentes. Inmediatamente respondimos: Spring Breakers, Los goonies, Deprisa, deprisa, Parchís. La adolescencia, ya lo sabemos, es uno de los temas recurrentes en la historia del cine, y sin embargo en el cine los adolescentes son siempre los mirados, pero nunca los que miran. Después añadimos una variante: sexo. Sexo, cine y adolescentes, y la cosa empezó a complicarse, creo que hasta alguno de nosotros se puso rojo.

Sin embargo a Pasolini no le tembló el pulso para cuestionarse cómo el cine representa un aspecto tan inherente al ser humano como el de la identidad sexual. No fue fácil. Si os dais una vuelta por la exposición que el CCCB acaba de inaugurar sobre el poeta, podréis comprobarlo vosotros mismos. La expulsión del Partido Comunista en 1949 por inmoral, el enfrentamiento con su padre, las críticas de la prensa y todo ese largo calvario público que lo llevaría hasta la muerte en la 1975, lo demuestran.

http://www.youtube.com/watch?v=9EhMJ-nBoUs

“Asesinado por el fascismo” escribieron los estudiantes en los muros de la Universidad de Bologia, “un crimen político” denunciaría después Mari-Antonietta Macciocchi a los cuatro vientos, por si a alguien le quedaba alguna duda. Pero ahí están Teorema, La trilogía de la vida (El decameron, Los cuentos de Canterbury, Saló o los 120 días de Gomorra) tantas y tantas imágenes  que se clavan, incisivas, en la retina para siempre. Pero entre ellas, y sobre todo, está la luminosa y apasionante Comizi d’amore.

Pasolini tuvo el coraje de hacer una encuesta nacional sobre los italianos y el sexo. Además de su inmenso valor como documento, lo que nos resultó demoledor cuando la vimos, fue que quizá muchos de los encuestados, no eran conscientes de que su respuesta estaba constituyendo una suerte de denuncia ante la falta de libertades sexuales que imponía una época, una educación y una fuerte tradición católica.

Pero más allá del reconocido lugar que ocupa Pasolini en la historia del cine y de la ideología ¿Qué es lo que puede aportar una revisión de su filmografía a la cuestión sexual contemporánea? Sin lugar a dudas, para nosotros: la construcción de una mirada salvaje.

Que el acceso a las nuevas tecnologías de la información, a las cámaras y las pantallas forma parte de nuestra vida cotidiana, lo sabemos todos. Que los adolescentes (esa generación de nativos digitales) ya no sabe expresarse sino a través de un dispositivo audiovisual, es un argumento que ofrece ya poca resistencia. Sin embargo, la cuestión que planteamos a través de este taller que realizamos dentro del marco de la exposición Pasolini/Roma es mucho más espinosa: ¿Son estos adolescentes conscientes del poder que les otorga el manejo de las nuevas tecnologías más allá de la simple anécdota? ¿Serán capaces los adolescentes del S. XXI de formular preguntas sobre la identidad sexual y no sólo de responderlas?

La mirada salvatge pretende establecer este diálogo con un grupo de participantes de entre 15 y 18 años que respondan a estas cuestiones a través de imágenes. Pero esta vez, no a través de imágenes que los otros hacen sobre ellos, sino las que ellos mismos creen. Sin límites, sin censura y a través de un intenso proceso reflexivo. Por una vez, el adolescente será el que mira y no sólo el objeto de la mirada. Y quizá -¿por qué no?- la respuesta sea un canto al hedonismo, una reivindicación de la libertad y de la belleza, lejos de cualquier prejuicio.

Esto no lo dijo Pasolini, pero en algún momento de la preparación de este proyecto, soñamos que lo decía: “El relato en primera persona sobre la adolescencia hoy, será un relato audiovisual o no será”.

 

 

Autor: admin
Publicado en: eventos

Acaba de empezar el último año del fin del mundo. O el último de los finales del mundo que conocemos. Que creíamos conocer. Este 2012 sólo tiene 11 días y ya nos ha dejado la ausencia de Punto de Vista, la ausencia de Ramoneda al frente del CCCB y, la gota que colma el vaso, la ausencia de José Luis Cienfuegos al frente del Festival de Gijón. O lo que es lo mismo: la ausencia del festival de Gijón.

En este 2012 muchos de nosotros pasamos a la treintena y sólo ahora estamos empezando a despertarnos de este sueño de mentira que nos contaron nuestros padres. Esos que se inventaron a Naranjito, que hicieron la modélica transición, que se olvidaron de escribir en nuestros libros de texto que Franco instauró una dictadura durante 40 años y no una autarquía, esos que nos enviaron a clases extraexcolares de inglés, esos que nos pagaron estudios en el extranjero…esos a los que tenemos que agradecerles muchas cosas pero no que nos dijeran que otra España era posible. Porque no, porque es mentira. Porque aún estamos, si es que algún día dejamos de estarlo, en un país de pandereta. De hambre y de pobreza. Y no de la que impone en FMI sino de la otra, de la mental, de la que tiene mala cura, de la de Unamuno.

Lo de indignarse estuvo bien. Twitteamos, facebookeamos, filmamos… pero hoy nosotros no estamos indignados, estamos con una mala hostia acumulada, amarga y muy antigua. Sin paliativos, sin buenas palabras, sin ganas de dar nuevas oportunidades ni de otorgar ningún beneficio a las dudas. Estamos de muy mala hostia al comprobar que no sólo tenemos que enfrentarnos a un país en crisis sino a la evidencia de que el país que nos prometieron es un país de mentira(s). Un país donde las políticas culturales son cada vez más políticas y cada vez menos cultura, donde los modelos que nos han ayudado a construir el pensamiento de la generación inquieta que somos hoy como el CCCB de Ramoneda o el FIC XIXON de Cienfuegos ya no tengan cabida. Un país que será de otros, pero no desde luego el nuestro, el que queremos y por el que deberíamos luchar.

Menos mal que éramos nosotros esa generación descreída, ignorante, sin valores y eminentemente pop (sería por lo de Naranjito), menos mal que los padres de la democracia, aún estaban aquí para enseñarnos. Menos mal que no somos nosotros los que tomamos decisiones y establecemos políticas (culturales o de las otras). Menos mal, porque quizá en ese caso no se nos habría olvidado que existe una diferencia entre el color de un partido y los puestos técnicos que trabajan para un servicio público, se nos habría olvidado que existe una diferencia entre la profesionalidad y el cinismo, entre la ética y la política. Y no se nos habría olvidado porque lo tenemos aún muy fresco (creo que eso de la separación de poderes, la educación y la sanidad pública y gratuita y el valor capital de la cultura en una “nueva sociedad de españoles” sí que lo leímos alguna vez en la EGB) o porque quizá nosotros sí que llegamos a creer que otro país era posible.

Autor: lacasinegra
Publicado en:
26 oct
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Co…

Guerín dice que echa de menos la existencia de colectivos de cineastas como los de los años setenta. Que ahora no se dan las condiciones adecuadas para que surjan esas sinergías. Jonas Mekas agarra el micrófono y le escupe: “¿Y YouTube qué?”. Nos quedamos aquí en el post anterior, aunque en realidad, Mekas no fue tan agresivo, y no escupió, simplemente se produjeron murmullos, ya que para el resto de la sala parecía obvio que hoy todos estamos interconectados.

Entrando en la era del ‘Coworking’, y demás anglicismos, se crean nuevas interrelaciones, y maneras de trabajar para crear nuevos modelos. Desde que empezamos, hemos intentando colaborar con otros colectivos, ser ropturistas, perseguimos la novedad, incluso hay veces que nos olvidamos hasta qué somos. El otro día nos dimos cuenta que estamos tan metidos en querer innovar en nuestras propuestas, que no éramos capaces de pensar en un proyecto simple, con el formato de una película final, o un vídeo, sin más, ello es debido a que hay muchos cambios y no queremos que se nos escapen; aunque a veces, simplemente desearíamos hacer un vídeo.

Día a día surgen posibilidades de colaborar con otros grupos: músicos, arquitectos, ingenieros, informáticos, artistas, todos tenemos intereses comunes y parece que todos hayamos interiorizado la necesidad de aunar fuerzas para poder avanzar.

Y esto no es algo que se escape a las instituciones, por ejemplo ya desde el CCCB se estudian las posibilidades, hoy he encontrado  el proyecto Mínima Común Institución (MCI)

 

…es un proyecto coordinado por YProductions junto a Site Size, La Fundició y Espai en Blanc. MCI nace como apuesta del CCCB para repensar procesos colaborativos entre la institución cultural y proyectos colectivos autogestionados.  El objetivo es optimizar las líneas de investigación que desarrollan diferentes colectivos o espacios que entienden la producción cultural como agente de puesta en crisis de los rumbos institucionales. Estas investigaciones de carácter crítico, cuyo proceso excede el marco y calendario del proyecto, plantean debates y metodologías que se alían con el contexto actual de crisis institucional. MCI plantea la posibilidad de experimentar un ‘espacio mínimo’ donde negociar, contextualizar y activar procesos de investigación crítica en la esfera cultural.

También puntualizan:

‘Esto hace que el análisis crítico y la producción de vías alternativas pueda tomar como estrategia situar su práctica en el propio ámbito institucional, no tanto para ‘combatir al enemigo desde dentro’ sino para instituir otros modos de hacer, otras vías posibles de entender y conformar ‘lo institucional’.

También dentro del CCCB, este fin de semana se celebra el Building Digital Commons, un evento para conocer y conectar comunidades colaborativas, nos pasaremos para empezar a ordenar un poco todas las dudas que nos plantean estos nuevos procesos.

Os dejo un párrafo de uno de las participantes en el encuentro, aparece en su blog Diario de rodaje de La revolución Horizontal, habla con Ismael Peña, que expone lo siguiente:

“Internet lo está cambiando todo. Es más, está destruyendo muchas cosas. Está restando credibilidad a la política, a los medios, a la economía… pero todavía están por ver los cambios reales que va a producir tanta horizontalidad. Ojo, que yo soy un entusiasta de todo esto y son las herramientas que utilizo en mi día a día, pero hay mucho por hacer. Por ejemplo, se están rompiendo las fronteras físicas. Antes para diseñar un coche hacía falta que ingenieros, técnicos y desarrolladores compartieran un espacio físico donde reunirse y trabajar. Hoy eso ya no es necesario. De siempre, los medios de comunicación servían de intermediarios entre las cosas que pasaban y la gente que quería saberlo. Hoy cualquiera puede contarlo, pero no todo el mundo tiene capacidad para analizarlo. Imágenes de la muerte de Gaddafi tenemos a montones, la mayoría no tienen como fuente a los medios tradicionales pero ¿por qué lo asesinaron? ¿en qué condiciones se produce esa muerte? ¿qué consecuencias tendrá? ¿qué papel juegan las potencias internacionales en esta situación?… Hay que encontrar voces que analicen y contrasten todo esto con criterio. A lo mejor no serán los medios tradicionales, a lo mejor serán periodistas freelance que se hagan de prestigo gracias a Internet y sus nuevas herramientas de comunicación… Por otro lado está la política, ¿está todo el mundo preparado para la democracia participativa? ¿tengo los conocimientos suficientes para votar sobre cuestiones urbanísticas, militares, sociales o medioambientales? ¿hay alguna solución intermedia entre votar cada cuatro años a mis representantes y que cualquiera pueda decidir qué se hace en tal o cual aspecto de la realidad?”.

Hablamos de la fractura generacional.”Yo todavía puedo entender que mi padre no tuviera agua corriente en su infancia pero, a la velocidad a la que van las cosas, ¿entenderán los jóvenes de mañana donde me movía yo hace 20 años, cuando todo era analógico y no existía Internet?

 

 

 

 

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