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Ayer llegué de Cuba con un rodaje, un huracán y un dengue a las espaldas. Al llegar me encontré con dos semanas atrasadas de post, un montón de canciones que revuelven el estómago publicadas en el blog y un impresionante proyecto iniciado por Carlos durante su residencia en Berna.

A menudo cuando viajamos sentimos la necesidad de escribir un cuaderno de bitácora, una suerte de diario íntimo que exponga la manera como miramos aquéllo que no habíamos visto antes. Hacerlo en Cuba, lo confieso, me ha sido imposible, y no sólo por la falta de tiempo o los efectos de la enfermedad sino porque allí todo se congela. Las imágenes, la comunicación, la ideología. Porque ahora tengo miedo de escribir la palabra revolución que tantas veces hemos escrito en este blog.

Coincidiendo con mi vuelta y con el descubrimiento de Bears in Bern me llegó gracias a la lista de correo de Embed un proyecto titulado Alma, hija de la violencia (vía María Yañez). A propósito de Alma, se ha desatado, en dicha lista de correo, una interesante discusión sobre la novedad de los relatos transmedia, sobre el alcance del documental interactivo como instrumento de sensibilidad social y bueno… ya sabéis, sobre esos temas que nos preocupan tanto a nosotros en particular. Desde entonces no he podido parar de pensar en ese relato de mi viaje a Cuba que nunca escribí. En ese país infilmable que visitaba por segunda vez. La polémica está lejos de apagarse, creo. El interés que produce este relato concebido para la web y producido por el canal Arte viene definido, evidentemente por su contenido que sólo a una bestia parda podría pasársele por alto, sin embargo la pregunta es ¿estamos realmente ante un anti relato? ¿qué novedad supone su exposición en un formato para internet? O como comentaba algún miembro de la lista en el debate (yerblues) ¿a qué público se dirige el testimonio de Alma?

En Cuba no sólo las imágenes parecen congeladas antes de convertirse, si quiera, en imágenes, también las miradas, los días y la gente. La mayor parte de la población no tiene acceso a internet y cuando lo tienen, su acceso es bastante precario (trampeando las leyes y apañando una línea con algún extranjero o justificando que por su trabajo lo necesitan o pagando 4 dólares por 30 minutos en un hotel de 5 estrellas a los cuales los cubanos no tenían acceso hasta hace 3 años). El blog de lacasinegra no se puede abrir desde allí, así que hoy me pregunto si realmente cuando hablamos de revolución hablamos sólo para nosotros, si nuestro discurso no estará congelado también, antes de ser si quiera escrito.

Hoy como tantos cubanos que no tienen acceso a las mismas imágenes que nosotros sólo añadiré a las palabras la vista de mi cuarto en La Habana. Enmarcada en el cuadro de la ventana. Congelada. Silenciosa. Como una ciudad atrapada en demasiadas trampas.

Por cierto, Fidel no estaba muerto, no.

 

Autor: Elena
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