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Tras 3 años de cárcel, Muraki se pregunta qué es ese sentimiento que le une indefectiblemente a Saeko desde la primera vez que la vio. Dice que no se amaban, que sólo eran dos seres iguales. Arrojados al vacío, atrapados por un hastío común. De la destrucción como modo de supervivencia, del pasado como condena, del azar como única regla posible.

En 1964 Masahiro Shinoda dirige La flor pálida (Kawaita hana), una historia sobre el código de honor inquebrantable de los yakuzaaz inspirado por el destino fatal de Las flores del mal.

10 años después de terminar la película en 1974 Shinoda dijo “When I finished shooting it I realized that my youth was over.” Seguramente, ya era demasiado tarde y la mañana, seguía ensombreciéndose como el crepúsculo.

Autor: Elena
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No se les podía haber ocurrido un mejor título. Desde ayer y hasta el 15 de Abril los amigos de Zemos’98 ofrecen una respuesta contundente de amor en medio de la(s) guerra(s).

Aquí podéis ver el intenso programa que se desarrollará estos días en Sevilla en torno al amor. A caso la única cuestión que debería ocuparnos cuando ya no dejan que nos ocupemos de nada más.

Copylove no sólo es el título de la nueva edición del festival Zemos’98, también es el nombre de las residencias que se han desarrollado desde el mes de Febrero en torno a los afectos comunitarios que están en la base del procomún. En otras palabras: una apuesta clara por volver a lo esencial de la cuestión, al margen de discursos vacíos, de párrafos enrevesados y de estrategias demagógias. Sólo una consigna: volvamos al amor.

Para los que no pueden desplazarse a Sevilla: Zemos’98 en directo.

Autor: Elena
Publicado en: culturas libres

“También Berta había nacido después de la guerra pero fuera de su país. Al regresar Lorenzo de su viaje a Inglaterra habiéndola conocido allí, todo continuaba igual en la ciudad.”

Demoledor, oscuro e implacable. Así es el inicio de Nueve cartas a Berta, la crónica de un país de posguerra en el que amar era una utopía tanto como la libertad. Si es que entre una cosa y otra hubiera alguna diferencia. Lorenzo, su protagonista, construye un relato de una España trágica que sólo descubre a la vuelta de un viaje a Londres, como si antes hubiera estado durmiendo o mudo. Lorenzo escribe así una crónica política y amorosa que están inevitablemente unidas, porque tanto una como la otra muestran esa fatalidad que tiñe siempre el amor y la guerra.

Basilio Martín Patino realiza sus Nueve cartas a Berta en 1966, una manera muy poco común de abordar el género epistolar en el cine. Ahora revisando la película me pregunto si Berta existió (una pregunta bastante idiota, por cierto) y quién era. Me pregunto si recibiría alguna de esas cartas, si a caso existían Bertas que imaginaban que España era una tierra de animales y de arena donde nadie sabía lo que pasaba afuera. ¿Comprendería Berta aquellas cartas? ¿Sería capaz de responderlas más allá de la demanda amorosa? ¿Sería posible una lectura política distinta de una respuesta a la carta de amor?

Al final, Lorenzo se queda con la chica buena, con ese dulce destino fatal de rosario, torrijas, mesa de camilla y libro de cabecera. Y quizá deberíamos pensar que se han acabado las cartas porque ya nadie las escribe, aunque en realidad se han acabado porque ya nadie las lee. Imagino que la auténtica tragedia que vive Lorenzo no es quedarse con la chica buena y la provincia de piedras, sino acogerse a la certeza de que ya nadie le lee, de que ya nadie le comprende. ¿Podemos seguir escribiendo aunque no haya nadie del otro lado?

Con su primera película, Patino recogió la Concha de Plata del festival de San Sebastián y batió records en la taquilla española del 66. Cuando nadie creía que el cine español podía, si quiera, tener un público capaz de recibir cartas de amor y de posguerra. Hace poco nos preguntábamos si era posible un #cinesincine, un cine que sencillamente expongamos sin tener la certeza alguna de que vaya a ser visto, comprendido, sancionado. Nos preguntábamos si el objetivo de nuestro trabajo era la obra en sí misma (una obra que parta con la premisa esencial de cumplir con unos mínimos de calidad o de interés mayoritarios) o el acto inmediato de comunicar(se con el otro).

En la era de internet, cuando los mensajes son instantáneos, abrumadores y, la mayoría de las veces, inconscientes de sus consecuencias, cuando todo el mundo se dedica a disparar información indiscriminadamente ¿es más importante la carta o su destinatario? Quizá lo importante no sea, la carta, la obra, el mensaje en sí, si quiera su destinatario, sino lo que produce el acto comunicativo en cada momento. El hecho de que Lorenzo encontrara la pasión sólo en esas cartas a una Berta fantasma, el hecho de que alguien haga cine sin películas en internet, el caso concreto de librar una guerra o de morir de amor. Mucho más allá del destinatario y del propio mensaje, el acto comunicativo y de su energía liberadora quedan, como mensajes para otros lectores, como huellas para otras guerras, como cartas para otro amor.

Autor: Elena
Publicado en: lacasinegra vs Las democracias caducas Vídeos que vería hasta el infinito

Fuentes (por orden de aparición):

– Alphaville: Une étrange aventure de Lemmy Caution, Jean-Luc Godard, 1965

– Vivre sa vie, Jean-Luc Godard, 1962

– Amore e rabbia, segmento de L’amore, Jean-Luc Godard, 1969

– Les amants réguliers, Philippe Garrel, 2005

– L’amour fou, Jacques Rivette, 1969

– L’amour c’est comme une cigarette, MonsieurLunatique, http://www.youtube.com/watch?v=2VzV2J5-hEs

– Pierrot le fou, Jean-Luc Godard, 1965

– The passenger, Michelangelo Antonioni, 1975

– Éloge de l’amour, Jean-Luc Godard, 2001

– Jean-Luc Godard à la télé – Anna Karina crying, giuliodavid1, http://www.youtube.com/watch?v=WQZdu4InawA

Y de regalo este artículo en el que nos enteramos de cosas como que la pareja protagonista de L’amour fou de Jacques Rivette está basada en Anna Karina y Godard.

 

Autor: gabriel
Publicado en: expropiaciones

En tiempos de crisis, el consumo de cuentos de hadas aumenta. Acaban de darse el “Sí, quiero” y un periodista juguetón les pregunta si están enamorados. Diana, tímida y pizpireta, tan británica ella, contesta que “Of course”, que eso ni se pregunta. Carlos, lacónico, más británico todavía, apostilla: “Whatever in love means”. Algo así como: “Lo que sea que estar enamorado signifique”. Y es que claro, si los reyes han sido siempre los primeros en entender el matrimonio como una relación comercial que permite a dos personas crear una sociedad con un potencial de lucro superior al que ambos tienen por separado, no tiene mucho sentido que el heredero de la corona más poderosa del mundo se case con una maestra de primaria si no es por amor.

O por lo menos la acepción de amor que ha fabricado Hollywood y que los occidentales (y otros que no lo son) llevamos comprando casi un siglo. Amor, amor puro, de amante en éxtasis, amor eterno. Pero la gente en Hollywood se enamora hasta 6 y 7 veces; y se divorcia otras tantas (lo que pasa es que las películas terminan antes). Ay, el amor, para Diana seguramente representara un salto al vacío adolescente, un cuento de las Mil y una noches con despertares sin mal aliento y desayunos con diamantes. Para Carlos, por el contrario, tan reaccionario él, sabedor de que la belleza es un don perecedero que a muchos se les niega, le bastó con la lealtad y la conversación inteligente de Camilla. Es lo que tienen los cuentos de hadas, si no terminan cuando los príncipes se besan, el tiempo los convierte en una tragedia.

Autor: gabriel
Publicado en:

Hay imágenes y hay palabras que un día se instalan en tu cabeza y ya no te dejan jamás (seguro que durante mucho más que dos años). No sé si esta secuencia de La maman et la putain (Jean Eustache, 1972-73) que os invitamos a ver hoy es la más adecuada para empezar un fin de semana. Esta reflexión demoledora sobre el amor y el sexo deja un regusto bastante amargo (bueno, dejémoslo en agridulce). Pero seguro da ganas de salir de corriendo para escapar de esa afilada pregunta: “Mais qu’est-ce que ça veut dire putain?”. Lo cual, no deja de ser una excusa como cualquier otra para no quedarse durmiendo en casa.

Para completar la huida, podéis ver también este vídeo sobre la versión del monólogo por Diabologum. Que lo disfrutéis.

Autor: Elena
Publicado en: Vídeos que vería hasta el infinito

Reconozco que no soy una gran experta en la obra de Cocteau pero cada vez que veo esta secuencia de La belle et la bête me quedo hiptonizada.
Creo que eso es lo fascinante de Cocteau: no hace falta ser un experto en vanguardias o poesía, ni siquera un cinéfilo, tan sólo hace falta estar preparado para recuperar una mirada inocente (ahí es nada).

Como explica el propio Cocteau en esta joyita de trailer (con indicaciones para el visionado de la película, presentación del equipo técnico y de los actores, incluidos): “Para aquéllos que saben aún soñar despiertos, para los adultos que aún no han perdido su infancia, para aquellos que creen que lo imposible es posible”.

Lo vería 10 veces, 100 veces, 1000 veces. Me acabaría todas las existencias de sucedanéo de morfina que aún guardo de mi operación de muñeca. Lo vería hasta el infinito aunque no sé si podría volver a verlo en mucho tiempo…

Autor: Elena
Publicado en: Vídeos que vería hasta el infinito
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