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Mañana Lucas emigra a México. Como antes hiciera Jorge -él, a Frankfurt-. Otros, en cambio, nos quedamos. El otro día, en la boca del metro de Ciudad Universitaria, un encuestador nos preguntó a Giuseppe y a mí hasta cuando. Nos entró la risa floja. Últimos atardeceres en la Tierra es el título de un cuento de Roberto Bolaño que aparece en la antología Putas asesinas. Bolaño emigró de Chile a México huyendo del régimen de Pinochet. Lucas canta Los ejes de mi carreta de Atahualpa Yupanqui. El monte de caucho es un cementerio de neumáticos que Juan me descubrió cerca de Seseña.

Autor: gabriel
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Estos frames pertenecen al documental Deux de la Vague (Two in the Wave), 2010, de Emmanuel Laurent, es la historia de una amistad, la de Jean-Luc Godard y Francois Traffaut. Su pasión por la películas les hizo juntarse, y también separarse.

He expropiado estos fotogramas de la película porque creo que ilustran muy bien un conflicto interno que desde hace tiempo vivimos, al leerlo te da miedo que algo así te pueda llegar a pasar. No deja de ser un conflicto permanente entre el cine político o hacer cine políticamente, la sombra de la duda que debe sobrevolar a cualquier cineasta y una discusión que no dejaremos de tener nunca.

Autor: Lol
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Hoy he visto por primera vez Todos los hombres del presidente. En ella Robert Redford y Dustin Hoffman interpretan a Bob Woodward y Carl Bernstein respectivamente. Quizá estos nombres no os digan gran cosa pero fueron los dos periodistas del Washington Post que sacaron a la luz el escándalo del Watergate. Esta trama de escuchas ilegales sufridas por el partido demócrata -y orquestada por los republicanos desde la Casa Blanca- motivó en última instancia la dimisión de Richard Nixon. Richard Nixon es el único presidente en la historia de los Estados Unidos que ha dimitido. Hasta otros treinta altos cargos republicanos fueron inculpados, entre ellos, el fiscal general del estado, John Mitchell.

Para unir todos los cabos sueltos, Woodward y Bernstein contaron con la inestimable ayuda de una colaborador anónimo que les suministraba información y les permitía contrastar la que recibían desde otras fuentes. Este informador, que se negaba a desvelar su identidad, fue bautizado por la plantilla del Washington Post como Garganta Profunda en homenaje a una película porno que obtuvo gran éxito en la época. Para contactar con Garganta Profunda, Woodward, que era la única persona con la que aceptaba reunirse, seguía un protocolo sofisticado.

Si quería hablar con él, tenía que colocar una maceta con una bandera roja en el balcón de su apartamento. Garganta Profunda contestaba trazando un círculo rojo en la página veinte del ejemplar del periódico que Woodward recibía diariamente en su casa; ahí, dibujaba las manecillas del reloj para señalar la hora exacta del encuentro. Woodward tenía que personarse entonces en el parking de un centro comercial a la hora señalada. Para evitar que le siguiesen, Garganta Profunda le exigía al periodista cambiar de taxi varias veces a lo largo del trayecto. En la película, Robert Redford no da crédito a ciertas imprudencias que los implicados en la trama cometen. El personaje de Garganta Profunda le replica que en la Casa Blanca son más tontos de lo que parece.

Tras la dimisión de Nixon, Woodward y Bernstein aseguraron que no harían pública la identidad de Garganta Profunda hasta su muerte. En 1986, en un campamento de verano, el hijo de Bernstein reveló a uno de sus compañeros la identidad de Garganta Profunda. Según él, se trataba de William Mark Felt, número dos del FBI en la época. Jacob Bernstein tenía ocho años. En este vídeo de 1999, Bernstein niega la revelación que su hijo hiciera trece años antes y argumenta que, seguramente, fuera algo que el chico oyó decir a su madre. Bernstein se vanagloria de que tanto él como Woodward jamás contaron nada a sus mujeres. Por lo tanto, todo queda en una conjetura de su fantasiosa esposa difundida por su crédulo hijo. En 1999, año de este vídeo, aún no se conocía la verdadera identidad de Garganta Profunda.

Fue el 31 de mayo de 2005, ese día Vanity Fair reveló que Felt, como ya adelantara el hijo de Bernstein, era Garganta Profunda. Fuentes del Washington Post lo confirmaron. También Woodward y Bernstein. Según el artículo de Vanity Fair, Felt fue persuadido por su familia para desvelar su identidad. El motivo no era otro que aprovechar las oportunidades lucrativas que se presentarían a su muerte (el estado de salud de Felt estaba ya muy deteriorado). Como ya advirtió Garganta Profunda al personaje de Robert Redford, a veces, las cosas son más tontas de lo que parecen. Me pregunto si algún otro niño crédulo hijo de una mujer fantasiosa habrá desvelado a sus compañeritos del campamento de verano que Lee Harvey Oswald actuó en solitario.

Autor: gabriel
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Tras pasar 5 años trabajando sobre la relación entre cine, memoria e identidad nacional hoy cierro un capítulo. Intento poner un punto final, aunque a estas alturas del partido ya estoy convencida de que ése es un concepto que sólo existe en la ortografía. Que los finales nunca se eligen.

Hoy me sigo preguntando si todas esas fotografías que nunca fueron tomadas, sin embargo, existen. ¿A dónde van las imágenes que nunca se imprimieron? ¿Existen las personas que sólo son un nombre y no una fotografía, una película, si quiera un recuerdo? ¿Es posible existir más allá del archivo? ¿Más allá de la memoria?

Ya sé que no es sano relacionarlo todo con lo personal, pero yo no sé hacerlo de otra manera. Hoy, intentando maquillar huellas indelebles, cerrando carpetas, haciendo un balance imposible de lo sucedido he recuperado esta intervención de Videla en una conferencia pública sobre la categoría de los desaparecidos. Escuchar al dictador hablar sobre derechos humanos es sencillamente estremecedor, advierto.

El desaparecido. La identidad. La incógnita que no puede despejarse desde el silencio sino desde el estruendo más absoluto… ¿Quién pudo creer en algún lugar del mundo que las políticas del perdón pueden llevar a la reconciliación? ¿Quién pudo creer que las transiciones en algún caso puedan ser pacíficas, modélicas, constitucionales? ¿Quién puede creer que después de la guerra exista la calma?

Autor: Elena
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He pasado una semana fuera de Madrid y no he podido asistir a las concentraciones en torno al Congreso. Esta mañana, revisando vídeos que denuncian la brutal actuación policial en el 25-S, he pensado en la cantidad de minutos de vídeo que se están generando durante los instantes en los que la policía impide al periodista grabar pero éste no apaga la cámara. Ahí surge un encuadre aleatorio, una composición dadá de suma belleza, a veces, y, siempre, metafórica de los tiempos de represión y limitación de los derechos que vivimos.

Aquí algunas capturas extraídas de este vídeo grabado durante las cargas policiales en la estación de tren de Atocha. Por cierto, parece que el policía de la perilla se está convirtiendo en un secundario de lujo en esta historia de agresiones indiscriminadas a la ciudadanía. Un malo malísimo imprescindible en este thriller post-apocalíptico en el que se ha convertido nuestro día a día.

Autor: gabriel
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Parapetados tras unos rudimentarios escudos de madera, varios manifestantes empujan a los policías apostados frente al Congreso con no se sabe muy bien que fin.  Portan banderas rojas con las que lanzan golpes al aire con la intención de alcanzar a alguno de los policías. La respuesta es contundente, primero unos pocos y después muchos arremeten contra los manifestantes, desenfundan las escopetas y se lían a mamporros y pelotazos de goma. La muchedumbre se separa, abre un enorme hueco en el que los policías amedrentran a los alborotadores y los alborotadores se defienden a patadas, pudiendo asestar, a uno de ellos, hasta cuatro seguidas.

La anterior es la descripción de los instantes iniciales de las cargas policiales con las que se desalojó la plaza de Neptuno en Madrid ayer. Y no, no estaba allí, lo vi desde mi sofá, sentado frente a mi ordenador a través del streaming de RTVE. Aproximadamente fueron 5 horas de retransmisión en directo, sin interrupciones, sin comentarios, con varias cámaras y desde diferentes ángulos. No la tuve que seguir a través del streaming de ningún manifestante, alguien, en RTVE, decidió hacerlo como en los partidos de fútbol.

No voy a entrar a las razones que me llevaron a no acercarme al Congreso ayer ya que son una serie de desencantos personales, políticos y activistas que no vienen a cuento. Lo de ayer fue crudo, como la manifestación, como la retransmisión. Mucho más aspero que el 15M u otras protestas. Juan Luis Sánchez dice que lo de ayer fue  “directo, contundente y áspero. Desnudo, intenso y ruidoso. Más Grecia del 2011 y menos mayo del 68.” Sí, lo fue, quizá no menos mayo del 68, sino más. En lo de ayer hubo menos ilusión y más mala hostia. Menos poesía y más crudeza. La no violencia de antaño se diluyó, bien por los propios manifestantes o bien por la policía, pero hizo acto de presencia y convirtió a los que coreaban “no a la violencia” en corderitos rodeados por una batalla entre manadas de lobos. La gente zarandeaba las vallas que les separaban del congreso sin ningún fin aparente. ¿Qué iban a hacer una vez superadas las vallas? ¿Dar un golpe de estado? No, el objetivo era hundir las vallas, provocar, buscar el enfrentamiento. El tiempo de las propuestas parece agotado.

Al menos eso es lo que yo vi por el streaming de RTVE, con sus cámaras que enfocaban desde lo alto, las que estaban a ras de suelo, en plena batalla y las que se movían por los alrededores. Vi los disturbios desde el sofá de mi casa, con distancia, sin comentaristas, sin hablar con nadie, en silencio, como quien ve pasar una procesión. Yo ya no estaba allí, pero la manifestación me rodeaba más que nunca. La puesta en escena de los realizadores de RTVE me incomodó, me mantuvo en alerta, me dejó pegado a la pantalla durante 5 horas. Una puesta en escena menos improvisada de lo que parecía a simple vista. Desde los fueras de foco para salir y entrar en cada cambio de cámara, hasta la sospecha de una coordinación entre RTVE, antidisturbios y policías infiltrados para la conexión en directo del Telediario, pasando por el seguimiento del cámara al policía apaleado. La crudeza de la distancia. La violencia desnuda. Una fractura en la línea de flotación de un sistema estatal en decadencia. Pero quizá todo esto es imaginado y tan solo lo veo a través de esas imágenes que RTVE me proporcionó durante la tarde de ayer.

Distancia y puesta en escena. Planos generales y grandes planos generales. Queriendo recordar imágenes similares esta mañana me acordé del inicio de Les Amants Reguliers, y de unas imágenes grabadas con un helicóptero de cuatro hélices en una manifestación en Varsovia. Hoy todo parece imaginado.

Autor: Carlos
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Tantos meses intentando evitar la palabra rescate, inventando toda una serie de eufemismos que bien podrían haberse usado como armas en una battle dialéctica de raperos, escondiendo, a fin de cuentas, lo que no tenía escondite. Tantos meses, en fin, y de repente llegó ese tórrido verano en que nuestros vecinos decidieron poner un título a todo esto: #perdidos #perdues #lost.

La portada del diario Libération de ayer, ya sabéis, aparecía con este elocuente título sobre la bandera española. En las páginas interiores, la reflexión incidía más sobre una fractura del proyecto europeo que sobre una catástrofe formulada bajo el título de una serie de televisión (de LA serie de televisión). Sí, es verdad que leyendo, los vecinos ahora gobernados por los socialistas daban cuenta de una revuelta que venía latiendo ya unos meses, de un descontecto social palpable y de una protesta ciudadana que se precipita como el anuncio de un desenlace mayor. Como ese final inaprensible de Lost. Como esa Europa que se desmorona ante nuestros ojos y sobre la que cualquier análisis resulta insuficiente.

Afortunadamente siempre tendremos la ficción para explicar aquéllo que ni los analistas, ni los políticos, ni si quiera la superdotada prensa extranjera es capaz de mesurar. Ah, también conviene subrayar que, junto a esa duda extendida sobre la idea de Europa, en el interior del artículo de Libération, se abría una pequeña brecha para la duda sobre las posibilidades de ese otro continente de la primera velocidad al que, claro, la Francia pertenece. Hay una Europa que se pierde, pero ce n’est pas grave, es sólo esa que empieza al sur de los pirineos.

Autor: Elena
Publicado en: lacasinegra vs Las democracias caducas

En 1969 Enrique Juárez realizó Ya es tiempo de violencia. La dictadura militar entre 1976 y 1983 acabó con el cineasta y con las películas. “Usted forma parte de este país” dice la voz en off que acompaña a esas imágenes que casi se pierden para siempre. Tras la brutal mutilación que impuso la censura del régimen muchas de las películas del cine militante argentino de los años 60 se perdieron. La única copia que quedó de ésta se conservó en el archivo del ICAIC en La Habana.

Hoy me pregunto si ese espectador al que le habla somos nosotros también y si ese país al que estamos condenados es el mismo o es otro, o es uno universal y adjudicado que todos tenemos como una marca de nacimiento. Me pregunto también si ese espectador puede vivir en el exilio. Si hace falta ser emigrante para obtener la categoría de exiliado. Si ser espectador de cine no es, ya de por sí, una forma siniestra del exilio.

Autor: Elena
Publicado en: lacasinegra vs Las democracias caducas Observaciones

Autor: admin
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Tras una ventana, una cámara capta a un policía fronterizo israelí en Hebrón que patrulla la zona. El policía salta un pequeño muro que hay en la calle y desaparece tras los barrotes de la ventana mientras de fondo se escucha a una mujer cantar lo que parece una canción tradicional palestina. Durante unos segundos tan solo vemos la ventana y tras ella la calle desierta y la esquina de un edificio tras la cual está el policía.  Un niño entra por la derecha despreocupado hasta doblar la esquina del edificio. Cuando lo hace, el policía se le echa encima, le coge del brazo y él, asustado, se deja caer entre quejidos de sorpresa. A los pocos segundos el niño toma conciencia de su situación y los quejidos se convierten en llanto. Entonces el policía le pregunta insistentemente: “¿Qué haces aquí causando problemas?“.

En ese momento otro policía entra por la izquierda, le da una patada al niño sin mediar palabra y se da la vuelta. Los policias se alejan, casi como si no quisieran saber nada de lo que había ocurrido, conscientes de que, aunque sienten que esa es su obligación, patear a un niño de esa manera es algo que ni siquiera ellos quieren ver. El niño se reincorpora y, entre sollozos, sale corriendo en la dirección en que llegó. La cámara sigue al policía que dio la patada al niño mientras se aleja, mira a izquierda y derecha, se coloca la boina y desaparece.

Este vídeo lo publicó ayer la organización israelí B’Tselem. La organización se define como centro de información sobre los derechos humanos en los territorios ocupados. B’Tselem trabaja principalmente en la documentación de los abusos llevados a cabo en los territorios palestinos ocupados a través de informes, stands informativos y voluntarios que trabajan retratando estos abusos. En 2007 comenzaron a distribuir video cámaras entre los palestinos con el fin de que ellos mismos documentaran estos abusos y bautizaron el proyecto con el conciso nombre de Video Project. Ellos mismos explican las razones tras este proyecto:

B’Tselem uses the footage as a basis for its complaints to the army and the police following suspected breaches of the law by security forces. In some cases, the footage provides vital evidence in legal proceedings. In a few cases, broadcast of the footage has contributed to genuine policy changes.

También en su página web explican el origen del nombre de su organización. Es una palabra hebrea cuya traducción literal es “A la imagen de” (“In the image of”) y especifican que también se utiliza como sinónimo de “dignidad humana”.

Las imágenes del niño y los policías se han difundido por redes sociales y medios tradicionales. No son especialmente truculentas, de hecho en la web del proyecto existen otros vídeos con contenidos mucho más perturbadores. Pero eso no ha impedido que el vídeo cumpliera su cometido. El vídeo no es menos violento que otros, sino sencillamente menos literal. Al verlo uno se pregunta qué hay tras ese edificio que es tan importante defender y les excusa por patear a un niño. Es la violencia en “off” la más significativa, la que no vemos, lo que ese policía hubiese hecho si en vez de un niño se tratase de un adulto. El cómo la cotidianeidad se puede tornar en violencia. Toda la tranquilidad que se respira con esa música de fondo rota por la ametralladora que empuña el policía, por la tensión del cámara, por el llanto del niño, tan parecido al de cualquier niño que sencillamente se cae en un parque.

El trabajo de muchas ONGs en Oriente Medio pasa por cuidar y tratar de mejorar las condiciones de vida de la población. B’Tselem ha entendido a la perfección el valor de la imagen a la que hace referencia su nombre y que es preferible darles una cámara que intentar ellos mismos retratar la situación. A través de esas imágenes aportan “dignidad humana” a la población y les aportan las herramientas para contruir su propio relato y conseguir que nosotros, los que no estamos allí, tomemos conciencia de su situación.

Autor: Carlos
Publicado en: lacasinegra vs Las democracias caducas
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