Tras pasar 5 años trabajando sobre la relación entre cine, memoria e identidad nacional hoy cierro un capítulo. Intento poner un punto final, aunque a estas alturas del partido ya estoy convencida de que ése es un concepto que sólo existe en la ortografía. Que los finales nunca se eligen.

Hoy me sigo preguntando si todas esas fotografías que nunca fueron tomadas, sin embargo, existen. ¿A dónde van las imágenes que nunca se imprimieron? ¿Existen las personas que sólo son un nombre y no una fotografía, una película, si quiera un recuerdo? ¿Es posible existir más allá del archivo? ¿Más allá de la memoria?

Ya sé que no es sano relacionarlo todo con lo personal, pero yo no sé hacerlo de otra manera. Hoy, intentando maquillar huellas indelebles, cerrando carpetas, haciendo un balance imposible de lo sucedido he recuperado esta intervención de Videla en una conferencia pública sobre la categoría de los desaparecidos. Escuchar al dictador hablar sobre derechos humanos es sencillamente estremecedor, advierto.

El desaparecido. La identidad. La incógnita que no puede despejarse desde el silencio sino desde el estruendo más absoluto… ¿Quién pudo creer en algún lugar del mundo que las políticas del perdón pueden llevar a la reconciliación? ¿Quién pudo creer que las transiciones en algún caso puedan ser pacíficas, modélicas, constitucionales? ¿Quién puede creer que después de la guerra exista la calma?

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Autor: Elena
Publicado en: lacasinegra vs Las democracias caducas

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