Aunque siempre nos queda la esperanza de obtener un hashtag. En 1994 Tabucchi escribió uno de los relatos más escalofriantes sobre la manera como se relatan, como se construyen y como se canalizan los obituarios. Sostiene Pereira, quedará desde entonces en la historia de la literatura como la crónica ejemplar sobre la retórica de la muerte. Sin embargo, Pereira no conoció la necrológica en la era de internet. No conoció la muerte a golpe de twitt.

El sábado murió Marcel Hanoun, uno de esos cineastas de los que a penas hablamos en vida y cuya desaparición, sin embargo, sembró de twitters el fin de semana. Lo mismo sucedió con Stephen Dwoskin el pasado mes de junio cuando supimos de su muerte gracias a un hashtag, antes de ver todas sus películas. Antes, mucho antes de que lo publicaran los periódicos.

Hoy, repasando esta tendencia necrológica en la red, donde lo más importante parece ser el primero en retwittear un deceso para no perder un puesto en la carrera de la exclusividad, me pregunto si los obituarios deben prepararse concienzudamente como sostenía Pereira, si esta retórica de la muerte puede mantenerse en la era de internet y si el mito precede al twitt. O viceversa.

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Autor: Elena
Publicado en: culturas libres

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