Existe últimamente una necesidad casi visceral de buscar la suspensión del tiempo, de parar el reloj, que no continúe y se quede parado en un instante que, sea como sea, al repetirse o dilatarse en el tiempo nos hace acomodarnos sin dar ese paso al frente que se nos exige dar.

El cine permite malear la temporalidad, convertir segundos en minutos u horas. Me encuentro con Gabriel hablando sobre ese paso al frente y terminamos hablando de la suspensión de un instante. La posibilidad de rodar la demolición de un edificio, pero estirando el tiempo y convirtiendo los pocos segundos que dura ese cataclismo en minutos.

Voy con María al Museo Reina Sofía a ver la exposición de James Coleman compuesta por varias proyecciones en diferentes salas. Quedan pocos minutos para el cierre del museo y me decido por ver la proyección de Untitled: Philippe VACHER que dura 17 minutos. Se trata de una proyección en 35 mm en la que el proyector se encuentra en medio de una inmensa sala y dónde una proyeccionista, cada 17 minutos, retira las bobinas y las intercambia para volver a empezar con la proyección. Son 17 minutos que en realidad son unos pocos segundos, puesto que lo que vemos en la pantalla es un instante alargado mediante la duplicación de fotogramas. Lo veo y no puedo mantener la vista fija en la proyección. Recuerdo la descripción de la visita a una galería donde se expone la obra de Douglas Gordon, 24 Hour Psycho, de uno de los personajes de Punto Omega de Don Delillo.

Había un hombre de pie contra la pared norte, apenas visible. La gente entraba de dos en dos y de tres en tres y se detenía en la oscuridad mirando la pantalla y luego se iba. En ocasiones apenas traspasaban el umbral, grupos más grandes entrando como sin rumbo, turistas aturdidos, y miraban y trasladaban el peso del cuerpo de un pie al otro y luego se iban.

Punto Omega, Don Delillo.

Y ahora es verano. Suspendemos nuestro día a día hasta nueva orden. Todo se ralentiza y los días parecen un bucle infinito de sol, cerveza y agua. Una y otra vez levantándonos sin preocuparnos demasiado que hacer durante las horas que nos quedan por delante. Decidimos suspender esas horas y condensarlas en unos GIFs animados que llaman Cinemagrams. Loops infinitos de acciones veraniegas. Y continuaremos viéndonos llegar a la playa, coger el coche o hacer algo de deporte. El verano es, ahora, el tiempo suspendido.

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Autor: Carlos
Publicado en: anecdotario

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