En el aeropuerto entramos en una especia de trance, pensamos que esos mastodontes son signo de algo, pero más que un lugar interesante de estudio, me parece un lugar de lo más aburrido donde la humanidad se pierde y la gente queda en silencio.

Las descripciones inhumanas podrían ser infinitas, gente con prisas arrastando bultos, silencio, chequeos incómodos, trámites… y no hay más. Incluso con la emoción de elevarnos unos metros del nivel del suelo, el avión sigue siendo el medio de transporte más anodino. El tren con sus Aves y el bus con sus estaciones en medio de la nada están intentado imitar al primero, pero nada gana las largas horas de espera en los aeropuertos, en los que como siempre me pongo a grabar cualquier cosa que se mueva.

Ginebra, Julio 2012.

A vosotros os habrán parecido 2 minutos 22 segundos, pero fueron varias horas. Otra prueba más de que en los aeropuertos nunca pasa nada.

Otra anécdota de aeropuertos.

Aeropuerto JFK de Nueva York.

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Autor: Lol
Publicado en: anecdotario

1 Comentario a “Pajaricos, pajarracos”

  1. Elena dice:

    Ya veo que sois más de ir a Ginebra a dar de comer a los pajaritos que de ir a Africa a dar de comer a los negros. jajajajaja

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