Hace unos días estuve en una conferencia de Jacques Amont titulada Lugares de memoria (el célebre concepto acuñado por Pierre Nora) y el origen del crimen. Al principio me pareció una asociación un poco peregrina, sobre todo teniendo en cuenta que habló de Lisandro Alonso, de Carlos Reygadas y de Jeon Soo-il, pero tras escucharle entendí que entre la memoria y el crimen no hay tanta diferencia. Cuando salí de la conferencia me quedé repitiendo como un mantra que “el lugar de la memoria no existe por sí mismo sino por el que lo lee”.

Este fin de semana he pensado mucho en eso, pero hoy no quiero hablar de cine, sólo de los lugares de la memoria. O de la memoria de los lugares. Una memoria que a veces tomamos prestada de los otros. Una memoria de sucesos que nunca vivimos y que hubiéramos querido vivir aunque nos horroricen con esa nostalgia un poco pornográfica que genera la tristeza ajena.

Ayer se cumplió un año de Fukushima. Y no es necesario decir qué ni cómo porque todo el mundo tiene ya una memoria de ese lugar. Una imagen. Una palabra. Un escalofrío que generó en el momento en que el suceso tuvo lugar en su memoria. Una imagen, una palabra y un escalofrío que seguramente sean ajenos y que quedaran inevitablemente ligados a la memoria de ese lugar a la que volveremos siempre como si hubiéramos estado allí.

En mi caso la memoria de Fukushima es Ada. Ada estuvo estos días caminando conmigo y confirmándome con sus imágenes, sus palabras y sus escalofríos que yo también estuve allí aunque no estuviera. Para ilustrar este post, no podía más que robarle de nuevo una imagen y unas cuantas palabras que ahora, también son mías. Éste es el contenido del mail que me acaba de enviar:

“Te envío la foto que hicimos el 11 de marzo en Shibuya. Toda esa gente estaba esperando el autobús la noche del terremoto en Shibuya. Shibuya es uno de los nodos de Tokio y esa noche estaba llena de gente que no había podido volver a casa porque los transportes no funcionaban (el tren y el metro). Muchos viven tan lejos que tardarían 6 o 7 horas andando, así que acabaron quedándose a dormir en los cajeros y las estaciones, siempre en completo orden y silencio, resignados y envueltos en mantas platedas de esas que te dan en las catástrofes para mantener el calor. No se quejaban, igual que no se quejaban por tener que hacer cola durante 3 horas para tomar un autobús. En Tokio reinó siempre la calma.

Me fui a Indonesia el 16 de marzo, cuatro días después del terremoto.”

Volver
Autor: Elena
Publicado en: Observaciones

2 Comentarios a “Shibuya o la memoria de Ada”

  1. ada dice:

    gracias por el post. si me permites una crítica, queda un poco raro decir que “Ayer se cumplió un año de Fukushima.”

    Porque se cumplió un año del terremoto, que afectó a muchas más zonas de Japón que a Fukushima, y como consecuencia del cual murieron 20.000 personas. Murieron por el terremoto y por el tsunami, principalmente. Horas después, se comenzó a saber lo que había pasado en Fukushima. Yo no me enteré hasta la mañana siguiente.

    Está claro que la gente sabe que te refieres a la catástrofe japonesa con mencionar Fukushima, pero parece que te refieres sólo a la catástrofe nuclear, cuando en realidad, fueron muchas otras tragedias, demasiadas, y el aniversario era de todas ellas.

  2. elena dice:

    Ada, gracias por el comentario y por la foto. Entiendo lo que dices y no sé si lo he sabido explicar en el post, pero justamente quería decir eso, como en ocasiones todo se reduce a una imagen, a una palabra, a un lugar aunque hagamos referencia a un suceso mucho más amplio. Por eso Nora habla de Lugares de memoria, por eso cuando decimos Fukushima o Belchit u 11M no hacen falta más explicaciones porque ya todo el mundo tienes esas palabras asociadas a una imagen individual.

Contestar

  • categorías
  • info@lacasinegra.com
  • Licencia Creative CommonsTodas las obras están bajo una licencia Creative Commons.
  • investigación

  • prácticas