Antes de Godard, de Rohmer, de Besos Robados o de Bresson, mi acercamiento al cine francés de la segunda mitad del siglo XX fue a través de Fahrenheit 451, la adaptación de François Truffaut del clásico de la literatura de ciencia ficción de Ray Bradbury. Había leído el libro antes, y la vi, no porque me interesara Truffaut, sino por pura curiosidad. En aquel momento me decepcionó aquel tono naïve de la película, ese gusto por lo inverosímil, tratado con sutileza en el libro, aquí se convertía en algo grotesco, salpicando la película de momentos hilarantes como, por ejemplo, esa pregunta de la vecina a Guy Montag, el bombero protagonista “¿Es verdad que los bomberos antes apagaban fuegos?” y su respuesta “¡Que tontería!”, o la escena en la que la mujer de Guy Montag se dispone a participar en un programa televisivo interpretando un papel sentada en el sofá de su casa.

Hace unos días volví a ver un trozo de la película en televisión. Descubrí otro de esos momentos. Lo podéis ver en este vídeo.

En esta secuencia, a los cinco minutos del comienzo de la película, Guy Montag se enfunda el traje ignifugo con el que se viste para prender fuego a unos libros requisados. Lo grotesco de la secuencia reside en la forma en que se rodó, quitándose el traje en vez de poniéndoselo, y como invirtieron las imágenes a posteriori para simular que se lo ponía. He buscado, sin éxito, alguna razón por la que el bueno de François tomó esta decisión. Pensé que por pudor, o algo similar, ante el proceso de quemar libros, no queriendo mostrar el inicio de la acción sino el final. Aunque en una secuencia posterior de la película se utiliza el mismo metraje pero esta vez tal y como fue rodado.

Supongo que Truffaut no se tomaba demasiado en serio la historia de la novela, y ahora, con cierta perspectiva, me parece una acertada perspectiva para afrontar la adaptación. Mi interés por esta película es inversamente proporcional al que he tenido por el cine de Truffaut. Si hasta hace un tiempo la película me parecía de las peores de su filmografía, otorgándole mayor categoría a otras, ahora creo que esta película es una de las más interesantes y mi interés en el resto ha ido perdiendo fuelle. La posibilidad de una sociedad en la que se quemen libros es una idea grotesca, con lo que la puesta en escena debía serlo igualmente. Ahora lo veo, y aunque aún no se queman libros, la cultura está en entredicho. Se vende cultura, como reza una de las pancartas que se pueden ver en BannerTube. El futuro fílmico es más presente, y hoy, en su blog, Ignacio Escolar echa mano de una película para hablar sobre el límite del paro sobrepasado hoy.

PD: Buscando la escena de la película me he topado, primero, con la película integra colgada en YouTube, y segundo, con la adaptación de la novela llevada a cabo por unos adolescentes. Es el proyecto para la clase de inglés de Mr. Ito. Seguramente hablar sobre esta nueva adaptación hubiese sido un gran post para hoy, pero como acabo de descubrirla y tengo que postear, casi que lo dejo para otro día.

 

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Autor: Carlos
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