Yo soy el burgués y esta semana he rodado. El rodaje publicitario (como en este caso) suele suponer la sublimación del proceso industrial cinematográfico ya que no se persigue la excelencia creativa, intelectual o artística sino la venta o promoción de un producto o una marca (me remito al post De mala hostia de ayer referente al valor de la cultura en los tiempos que corren).

Pero sí, en este caso yo soy el burgués que llega a las 8 de la mañana cuando todo el equípo ha sido convocado una hora antes, al que se le ofrece un runner que le desplace hasta el plató a pesar de estar a escasos 15 minutos andando de su casa, el que no necesita saludar a todo el equípo, más de 20 personas, sino que le basta con llevarse bien con el director de fotografía y el ayudante de dirección. Yo dispongo, y los demás hacen. Desde mi púlpito de realizador, ordeno y mando. Aviso, inocentemente, sobre mis dudas acerca de un pequeño reflejo de luz en la parte posterior de una mano, el ayudante corre y repite mis palabras frente al equípo y comienza el baile de focos, porex, ceferinos y cables. Mientras, yo hago una visita a la zona de catering, especialmente profusa en dulzainas, que delicia, que maravilla, no puedo esperar a saber qué habrá para comer.

Al terminar el día, si todo ha salido bien, me marcho henchido de orgullo y satisfacción. ¡Vaya día! Tan fácil todo, tan llevadero, que no me lo creo. Y entonces me acuerdo de mi amigo Juan, y su empeño en llamarme burgués y me doy cuenta de lo fácil que se acostumbra uno a esto. Me acuerdo de Steven Spielberg en El País Semanal de la semana pasada, posando para las fotos de promoción de War Horse, rodeado de extras disfrazados de soldados de la Primera Guerra Mundial y de su equípo, cuento 14 personas en un espacio de unos cinco metros cuadrados.

Me fijo bien y veo que tiene sus botas de agua hundidas en el barro, pero continúo mirando y me doy cuenta de que a su lado, un hombre vestido con un chubasquero le sujeta el brazo para que no pierda la estabilidad. Su cara denota preocupación, pero ¿por si se cae o por si el rodaje sale mal?

El cine sustituye nuestra mirada por un mundo más en armonía con nuestros deseos.

Cita erroneamente atribuida a André Bazin que aparece al inicio de Le Mepris de J.L. Godard y que en realidad es de  Michel Mourlet.

Es la cámara mirando a la cámara. La encrucijada del “yo hago cine” o el “yo fabrico cine”. ¿El cine es la mirada o la sustituye?

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Autor: Carlos
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