Hace unas semanas reflexionaba aquí sobre la adecuación de cada pieza audiovisual a unas condiciones de proyección concretas. Para eso ponía como ejemplo el vídeo que realizamos para Piovra de una performance del percusionista Seijiro Murayama en utopic_US y terminaba el post invitando a quien le apeteciera a venir a casa y verlo proyectado en la pared de mi salón con un sonido mejor que el de los altavoces de un portátil. Pues bien, tengo una propuesta más atractiva: hoy Piovra organiza en MediaLab Prado un evento para clausurar Los Martes Experimentales de 2011 y ahí se proyectará nuestro vídeo. Ahora, los que aún no lo habéis visto ya no tenéis excusa porque sois incapaces “de mantener la atención delante del portátil durante casi 20 minutos en un solo estímulo” o porque prefiráis “esperar la ocasión de verlo proyectado en una pantalla de más de 15 pulgadas”. Pero, ¿qué hay de los que ya lo han visto en su ordenador aunque sólo sean unos cuantos?

Ésta es otra duda que me surgió desde que tuve conocimiento de la organización del evento. ¿Hasta qué punto tiene interés proyectar un vídeo que está al alcance de todo el mundo de forma gratuita desde hace un mes en internet, en un lugar físico al que hay que desplazarse? Después de darle muchas vueltas, he llegado a la conclusión de que ya no son sólo las condiciones técnicas de proyección (que también porque se va a ver con una calidad que YouTube y Vimeo directamente no soportan) sino el acto social en sí. Tener la posibilidad de compartir tus impresiones con el resto de la gente de la sala en cuanto termine la proyección puede acercar mucho la experiencia a la del concierto que tuvo lugar el pasado 9 de junio (y más en el vídeo de una performance musical tan inmersiva como la que ofrecieron aquel día Seijiro Murayama y el resto de músicos y bailarines).

Algunos pensaréis: “¿Nos estás intentando vender la moto de la realidad virtual a partir de un vídeo convencional en la época del 3D y el cine interactivo? ¿Te crees que estamos a principios del S.XX?” No, no me he vuelto loco, pero opino que hay formas de trasladar una experiencia más allá de que su reproducción técnica busque ser idéntica al elemento original. Para empezar la puesta en escena nos permitirá revivir el concierto con una cercanía a los músicos y un grado de detalle en la ejecución instrumental que ningún espectador pudo tener. De hecho, el mismo Murayama nos confesó que nunca lo habían grabado tan de cerca. Así que este vídeo, más que la experiencia del público, intenta transmitir la de los dos operadores de cámara que aquel día vivieron el concierto tan intensamente como si fueran dos componentes más de la formación musical. Ojalá las imágenes tengan remanencia y guarden alguna de las emociones que sentimos aquel día.

Eso sí, hemos intentado ser lo más respetuosos posible con la particular estructura del concierto (a pesar de comprimir el tiempo a poco más de un tercio de su duración real). Al ser un concierto basado en la improvisación y la interacción, no había canciones propiamente dichas sino una línea de tiempo que determinaba una estructura básica previa que luego los músicos matizaron con los estímulos e imprevistos del directo. Por eso, a la hora de editar el vídeo, no queríamos hacer un resumen con los mejores momentos del concierto que pervirtiera el espíritu del mismo; ni reescribir la partitura que los músicos habían creado con su improvisación a base de juntar planos de aquí y de allá. Para nosotros -que no somos expertos en música conceptual- era básico respetar la relación temporal de esta sucesión de sonidos que no creaban ninguna melodía. Pero claro, no podíamos permitirnos hacer un vídeo de 50 minutos. Tampoco poner un extracto del concierto en tiempo real era una solución para nosotros. Si hacíamos eso, impedíamos al espectador tener una percepción global del mismo. Al final, llegamos a una conclusión sencilla y poco invasiva que esperamos os guste cuando veáis el vídeo. Ya sea hoy en MediaLab, en un portátil o proyectado en la pared de una casa.

 

18h30. MediaLab Prado. Plaza de las Letras, C/ Alameda, 15 · Madrid

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Autor: gabriel
Publicado en: culturas libres música filmada Observaciones

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