Cuando me lo ha recordado Marcelo me he puesto triste. Tan triste como hace un año. Como si se tratara de un familiar o un ser muy querido. Es extraño porque jamás lo vi en concierto. La primera vez que escuché hablar de él, yo estudiaba Telecomunicaciones en Valencia y tenía 18 años. Recuerdo que fue en una de aquellas noches de tertulias infinitas en la habitación de Carlos en el colegio mayor. Divagábamos sobre cualquier cosa de la que no teníamos ni idea y, al amanecer, desayunábamos y nos íbamos a dormir. Queríamos saberlo todo y teníamos prisa. Chicas, música, películas… Estábamos en el camino de crearnos una identidad y el primer paso fue definirnos a través de lo que nos gustaba.

Los Planetas, Radiohead, Wilder, Antonioni, Coppola, Paul Thomas Anderson, los Panero, Scorsese, David Fincher, Pink Floyd, Calamaro, Bolaño, la Velvet, Cortázar, Nacho Vegas, Monica Vitti, Zidane… Y así llegamos hasta el Omega.

¿Pero es flamenco o rock? Porque yo no soy muy de flamenco. Las dos cosas, y con poemas de Lorca y canciones de Cohen. Y con los Lagartija Nick. ¿Cómo Camarón con los hermanos Amador? Es otra cosa. ¿Y qué dice la RockDeLux? Les flipa. Qué raro. ¿Y dices que se llama Enrique Morente? Pues yo creo que el único que canta las canciones de Leonard Cohen mejor que Leonard Cohen es Jeff Buckley.

Yo aún no lo sabía pero muchas de las cosas que más valor tenían para mí esos días ya no me importan. Tampoco sabía que Enrique Morente, incluso después de muerto, me acompañaría hasta hoy. Si me hubieran preguntado, habría dicho cien nombres antes. Pero su capacidad de mutación, su curiosidad por acercarse sin miedo a lo desconocido, ha hecho que, como pasó aquella primera noche con el Omega, buscando a otros, me haya quedado con él.

Aquí va mi código fuente audiovisual de Enrique Morente:

“Primero conquistaremos Manhattan, después conquistaremos Berlín”. Esta canción me transmite una mezcla de ansia revolucionaria y nostalgia que define perfectamente mi estado de ánimo actual. Y el de mucha gente. Preciosa fábula sobre el integrado que se vuelve apocalíptico o, como diría Esperanza Aguirre, antisistema. Los coros de Estrella Morente, su hija, crean una sensación de suspenso que hacen que ésta sea mi canción preferida del disco.

En ésta, Morente musicaliza un poema de Lorca y yo pienso en que no conozco a nadie que trate las ilusiones y miedos de la maternidad como lo hace el poeta granadino. Igual La aurora de Nueva York no tiene nada que ver con eso, pero es que a mí todo Lorca me parece maternidad.

Me parece que este combo no llega a funcionar tan bien como otros que ha protagonizado Morente, pero coño, es que son los Sonic Youth. El tío no le tenía miedo a nada.

No sé si lo he oído o me lo he inventado pero parece ser que Jota, cantante de Los Planetas, y Morente llegaron a desarrollar una gran amistad. Cierto o no, lo de esta canción es muy bestia. Yo, que creo mucho en que las cosas se quedan impregnadas del estado de ánimo de quien las toca, siento el dolor de Jota por la perdida de su amigo Aleix Vergés (DJ Sideral) en cada fraseo de Morente. El duende -o misterio de la transmisión del arte, en palabras del cantaor- se aparece y emociona.

Buah, ¿qué voy a decir de Vincent Moon aparte de que admiro su trabajo tanto como su posición como cineasta ante el mundo? Este Take away show #116 me lo descubrió Rafa y aunque no es de mis preferidos (la puesta en escena me parece demasiado artificiosa en comparación con otras piezas de Moon), tiene un gran valor sentimental porque se rodó poco antes de la muerte del músico.

Nota: el orden de los vídeos relata la cronología de mi relación con la figura de Enrique Morente y su trabajo.

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Autor: gabriel
Publicado en: música filmada

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