Hoy tengo el día de “networking“, una de esas palabras que como la “inspiración” y la “creatividad”, han mutado su significado añadiendo nuevos más o menos discutibles. En cualquier caso, y dejandome de anglicismos, llevo todo el día (y quizá toda la semana) hablando de trabajo en red, colaborativo, de la conciencia colectiva de, por ejemplo, el #15M, de redes sociales y de todo aquello que surgió con la informática y la creación por parte de Tim Berners-Lee de la World Wide Web, la Web, o Internet, como lo conocemos habitualmente. Ayer os hablábamos de BannerTube, hace unos días del LocationCinema. En fin, que más que otra cosa, sin querer, parece que lacasinegra esté empeñada en sacar al prosumidor colectivo que llevamos dentro.

La cuestión es que por recomendación de Carolina (una amiga) el otro día vi la serie documental All Watched Over by Machines of Grateful Love de Adam Curtis. Una serie estrenada en la BBC este año y que presenta la tésis de su autor de cómo las máquinas y los ordenadores han cambiado nuestro comportamiento. En general, su tésis, es bastante negativa al respecto, aunque también es cierto que los ordenadores son potencialmente peligrosos, tanto para el orden establecido como para las clases oprimidas. Del tema se ha hablado largo y tendido. Desde un punto de vista político a un punto de vista económico (en el que basa su tésis la película de Curtis). Como ejemplo, la pelea pública que mantuvieron dos gurús de la red,  Clay Shirky y Evgeny Morozov, en la revista Prospect a partir del artículo de Morozov, “Cómo los dictadores nos vigilan en la red“.

En cualquier caso, no entraremos en la polémica, al menos no en este post, quizá más adelante. Pero en la película de Curtis explican un experimento hecho por Loren Carpenter en 1991. Básicamente consitía en meter a cientos de personas en un teatro dándoles unas tarjetas que por un lado eran verdes y por otro rojas. Frente a todos ellos, una gran pantalla. No se les dijo nada, pero pronto todos empezaron a comprender que en aquella pantalla, si mostraban la tarjeta por el lado rojo o verde, sucedían cosas diferentes. La gente se volvió loca y empezaron a intentar coreografiar sus movimientos. Una vez la gente descubrió el funcionamiento del experimento, lo que hizo Carpenter fue proyectar en aquella pantalla el famoso juego Pong. La gente a la izquierda controlaban el bloque de la izquierda, y la gente de la derecha el de la derecha. De manera que si mostraban la tarjeta por el lado verde, hacian que el bloque subiera y si lo hacian por el rojo que bajara. El objetivo era devolver la pelota al otro lado, de manera que tenían que colocar el bloque en una cierta posición para poder devolverla. Aquí está el experimento:

La gente terminó entendiendo que necesitaban que la gente de un lado determinado mostrara rojas y verdes en una cierta proporción para que el bloque quedara en la posición idónea para devolver la bola. De alguna forma, todas las personas eran una sola conciencia colectiva que era capaz de autogestionarse sin un organismo regulador, capaz de organizar a un grupo de personas trabajando colaborativamente y en red. Era una especie de oda al anarquismo, la demostración de que los seres humanos, al trabajar en red con las herramientas necesarias, éramos capaces de crear sociedades que se regularan por sí solas. Desgraciadamente las conclusiones sacadas de este experimento se utilizarían para alimentar las nuevas estrategias empresariales del neoliberalismo, surgidas de Silicon Valley y adscrítas a un movimiento conocido como “Ideología Californiana“, de la que se dijo, tal y como dice en Wikipedia que:

… es un cóctel letal de optimismo ingenuo, tecnoutopía y una política neolibertaria …

Marc Tribe en El lenguaje de los nuevos medios de comunicación de Lev Manovich

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Autor: Carlos
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