Hace un par de meses nos reunimos en Madrid todos los miembros de lacasinegra para rodar un cortometraje –So warm inside-. En este nuevo proyecto tuve que desempeñar la labor de sonidista. Supongo que debido a mi condición de músico decidimos que era el más idóneo para el puesto.

No es que me hiciera especial ilusión encargarme de esta tarea en el nuevo proyecto. Además era la primera vez que tratábamos el audio de una forma más “profesional” y tenía cierto miedo a que todo fuera un desastre. Saber tocar un instrumento para nada quiere decir que puedas desempeñar labores como técnico de sonido.

Busqué algo de información en foros sobre el sonido en el cine. De todo lo que estuve viendo y leyendo, saqué en claro (más allá de muchos tecnicismos que desconocía) que lo indispensable para recoger sonido en el cine es un micrófono y un soporte de almacenamiento. Por lo general, para almacenar sonido se suelen utilizar grabadoras DAT. En lacasinegra contamos con algo parecido, el Zoom H4N. Desempeña la misma labor que una grabadora DAT, sólo que en vez de almacenar en una Cinta de Audio Digital (DAT), el Zoom lo hace en una tarjeta SD.

Pues bien, uno de los primeros problemas resuelto. Teníamos donde almacenar el sonido, ahora faltaba saber como recogerlo. Teniendo en cuenta nuestras necesidades, que en este caso eran, básicamente, grabar conversaciones, leí que los micrófonos más utilizados para esta labor eran los de cañón. Este tipo de micrófonos son direccionales (captan el sonido del lugar hacia donde apuntan).

Teniendo ya unas primeras nociones de sonido, faltaba conseguir el material. Ya disponíamos del aparato de almacenamiento. El micrófono tuvimos que alquilarlo. Tras preguntar en varios sitios (ese fin de semana, al ser puente, se rodaban un montón de cortos en Madrid) alquilamos el material que nos faltaba  en Falco Films. Un micrófono de cañón Sennheiser ME66-K6P, una pértiga y un zeppelin con peluche antiviento.

El primer día de grabación me costó un poco hacerme con la mecánica de trabajo, pero tras unas primeras tomas fui acostumbrándome a la parafernalia que llevaba encima. El resto de días lo llevé mejor. Incluso llegué a contar con la colaboración de Iris, en quien delegué el manejo del aparato grabador para centrarme única y exclusivamente en colocar el micrófono en su sitio.

Tras esta primera experiencia como sonidista, he de decir que es una labor realmente difícil y cansada. Tienes que estar pendiente de varios factores: que el micrófono no entre en cuadro, controlar que no se cuelen sonidos indeseados, dirigir el micrófono a quien está hablando, no colarte tú en la escena… Sinceramente no sé si volvería a hacer el sonido de un cortometraje. Supongo que una primera experiencia no es suficiente para saberlo a ciencia cierta. Tendré que darle una segunda oportunidad.

 

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Autor: carmelo
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