Existen cuatro razones por las que esta recopilación de despegues ha terminado formando parte de nuestro anecdotario y las expongo a continuación:

  1. Miedo al despegue. Me da pavor cuando el avión despega, mi cuerpo se agarrota e intento fijar la mirada en la revista o el periódico que tengo entre las manos para disimular. Soy completamente incapaz de leer lo que está escrito. Normalmente disimulo bien, ya que la gente que vuela conmigo sólo me nota levemente tensionado. Este miedo tiene algo de masoquista, porque el sentimiento es comparable a cuando estás en una montaña rusa y el tren te arrastra hacia la cima de los raíles para soltarte en una infinita caída al vacío. Cuando oigo el traqueteo del tren empujándonos hacia arriba no puedo dejar de pensar en por qué he decidido subirme. También suelo ver vídeos en YouTube sobre accidentes de avión. Esta curiosidad masoquista me ha hecho descubrir que un avión no debe de ponerse en un ángulo de más de 45º cuando alabea, como en este vídeo en el que un piloto de las fuerzas aéreas al que ya le habían advertido en diversas ocasiones, se empeña en hacerlo con desastrosas consecuencias. También descubrí que si un pájaro se mete en el motor del avión no hay nada que hacer. Al tiempo certifiqué que era mentira, cuando en un vuelo, durante el despegue, un pájaro se metió en el motor del avión y no ocurrió nada más allá de un ruido muy fuerte (supongo que el del motor triturando al pajarito) y un olor a pollo quemado bastante desagradable. Os podeis imaginar como estuve yo hasta que el capitán informó de la situación y nos tranquilizó.
  2. Terápia. Estaba en el aeropuerto JFK de Nueva York esperando mi vuelo de vuelta a Barcelona que se había retrasado dos horas. Como soy fumador, me quedé fuera de la zona de embarque para poder seguir fumando. Desde un lateral podía ver una de las pistas del aeropuerto y decidí ir a ver unos cuantos despegues. Estuve como una hora o una hora y media mirando y grabando aviones. La verdad es que vistos desde abajo, los despegues son muy relajantes. Ver como esos cacharros gigantes flotan en el aire me dejó tan tranquilo que cuando mi avión despegó no necesité ni periódico ni revista, ya que me quedé profundamente dormido. En una ocasión ya utilicé el audiovisual como terápia.
  3. Una foto que publiqué en Twitter. Una foto que no he conseguido encontrar. Intentaré describirla. Era una cuadrícula de fotos de aviones. En cada cuadrante se podía ver un avión despegando y de fondo el cielo azul. Creo que lo he conseguido. En cualquier caso, si os atrevéis a buscarla (yo llevo un rato y ha sido imposible), diría que la encontré en la web de fotografía Conscientious.
  4. 13 Lakes de James Benning. La verdad es que no he visto esta película, pero este hombre, y esta pelicula, están apareciendo recurrentemente en mi vida en los últimos meses. Desde la primera mención por parte de Jorge a propósito de algunos extractos de El Viento, hasta la recomendación que me hace FilmAffinity constantemente. De manera que como ésta anécdota es una observación (algo similar a lo que hace James Benning) he decidido homenajear el título de la película. Por cierto, observar aviones se llama Aircraft Spotting o Plane Spotting (como Trainspotting) y podéis investigar sobre esto en este blog, por ejemplo.
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Autor: Carlos
Publicado en: anecdotario proyectos

2 Comentarios a “anécdota #27: 19 aviones”

  1. María dice:

    -Abuelo, es Nathan Harger y lo encontró en featureshoot. http://www.featureshoot.com/2010/12/nathan-harger-new-york/

  2. Carlos dice:

    Gracias María. Siempre confundo Conscientious con Feature Shoot.

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