La semana pasada se publicó en Internet este “mensaje de Anonymous a la clase política española”. Anonymous es un grupo de cyberactivismo que ha estado muy activo en nuestro país los últimos meses, especialmente desde la aparición de la “ley Sinde“. Este mensaje y toda la estética de Anonymous está íntimamente ligada con el contexto cultural en el que mi generación ha crecido. Viendo éste y otros mensajes de Anonymous previos, se pueden identificar fácilmente algunos totems de ese contexto cultural, como la saga “Matrix” y el mensaje de Neo a las máquinas, el cómic y la película “V de Vendetta” y el mensaje de V a los ciudadanos del Reino Unido, o los discursos autodestructivos de Tyler Durden en “El Club de la lucha” y su épico final.

Hace unas semanas, a raíz de un post de lacasinegra, se montó una pequeña discusión en Facebook sobre lo necesarias o innecesarias que eran nuestras reflexiones. El primer comentario y desencadenante de la discusión iba un poco en esta línea discursiva épica. Un amigo intentaba hacernos ver que estábamos dormidos, que no hacíamos más que preocuparnos de cosas estúpidas y banales, y que deberíamos empezar una lucha y no una reflexión. No voy a exponer aquí las razones por las que creo que esa afirmación no es válida. Pero sí que me resulta interesante ver como alguien con quien he discutido en multitud de ocasiones sobre el valor artístico de “El Club de la lucha” (película que en su momento también provocó en mí un fuerte impacto que con los años se ha ido diluyendo), utilizaba los códigos de esos referentes para llamar a la acción. Una búsqueda desesperada de la épica humana basándose en historias de ficción.

Quizá en lacasinegra no utilizamos mensajes grandilocuentes, lo nuestro es la disección, la observación, la carrera de fondo del discurso, la microhistoria. Pero lo que sí está claro es que una de las claves del éxito de la #spanishrevolution ha sido el mensaje pragmático que se ha enviado a la sociedad basándose en esos referentes ficticios. La sociedad ha encontrado en ellos un lenguaje con el que comunicarse con su conciencia. Incluso en mí, que salí a la calle, después de muchos años, dejando a un lado la reflexión y sintiéndome identificado con la llamada que se estaba haciendo.

Nuestro discurso no está reñido con la épica de la #spanishrevolution. Lo dice Internet, no lo digo yo. “Somos Anonymous, somos legión”

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Autor: Carlos
Publicado en: dossieres lacasinegra vs Las democracias caducas Observaciones

5 Comentarios a “La épica de la #spanishrevolution”

  1. Jorge dice:

    Gracias por el post Carlos, me ha ayudado a pensar en algunas cosas que no sabía ordenar sobre lo que esta pasando este último mes.

    Aún entendiendo el carácter principalmente estético de estos referentes, debería hacernos pensar el hecho de que este contexto cultural del que hablas provengan de Hollywood. Películas de 100 millones de $ como ejemplos para la revolución del sistema económico y político. No sé yo.

    Bueno, también creo que deberían haberlo pensado antes algunos de los que elaboran discursos con este imaginario (no me atrevería a llamarlos símbolos). No creo que les valga la excusa de que es el bagaje cultural que manejan ellos (nosotros) y la generación a la que mayormente van dirigidas estas proclamas. En mi opinión es una forma de propaganda barata y poco eficiente. Me niego creer que la clave del “éxito” de esta “revolución” se base en estos referentes.

    Es como la palabra revolución misma, aún no entiendo porque aquí se llama revolución a esto; lo entiendo para lo del mundo árabe, pero no aquí. Ahora veo que la palabra revolución tiene un carácter propagandístico muy útil para el mal periodismo que tanto se practica en este país y que está tan bien consolidado en ese corporativismo español que, a mi entender, es la raíz de todos los problemas que se están discutiendo. Esto quizá sea incluso más difícil de erradicar que los referentes audiovisuales de nuestra generación, pero todo se andará.

    Y para terminar con lo de Hollywood y de dónde provienen y, lo que es más importante, dónde se posicionan los creadores de las herramientas que orquestan todos estos movimientos revolucionarios, tampoco estaría de más reflexionar sobre una imagen que me lanzó el otro día Gabriel: Mark Zuckerberg (Facebook) y Eric Schmidt (Google) cerrando la última cumbre del G8 el pasado 26 de mayo.

  2. Carlos dice:

    Estoy absolutamente de acuerdo contigo. De hecho, es la conclusión que yo saqué también al ver el vídeo de Anonymous y al hacer la reflexión en este post. No era mi intención hacer un juicio directo, sino plantear la situación. El post se iba a llamar “La #revolution vino de Hollywood”.

    Me inquietan estos referentes cinematográficos o que las armas de la “revolución” pertenezcan a empresas privadas que se reunen con los países más poderosos en el G8.

    No obstante, existe otra lectura, diferente, y que me tiene un poco confuso. La sensación de que Hollywood y la industria 2.0, en su irresponsabilidad ideológica, hayan creado a su enemigo perfecto, una sociedad armada por ellos mismos.

    Al fin y al cabo, tendremos que esperar un tiempo para saber si esta #revolution se basa en una buena idea o lo único que se recordará es su estética. Tal y como ocurre con algunas películas, el tiempo cambia la percepción de las mismas…

  3. Carlos dice:

    De hecho, creo que mi inquietud radica de que no creo que ni el capitalismo esté manejado por gente tan inteligente, ni la sociedad actual ha tenido una educación que ayude a que seamos realmente conscientes de lo que nos rodéa.

  4. Jorge dice:

    Como no creamos en la inteligencia del “enemigo” la llevamos clara.

    Sobre la inteligencia del capitalismo yo no tengo ninguna duda. Sin embargo sí tengo (y un montón de ellas) sobre los que están al otro lado, pero imagino que es enormemente difícil no parecer un imbécil sabiendo sólo (teniéndolo muy claro) que tienes que atacar, pero sin tener idea de cómo.

    Mira, una reflexión de taberna que se me ocurre ahora. Todas esas películas que citas en el post hablan de una revolución encabezada por un individuo, un líder inequívoco (uno es el “elegido”, otro es carismático y otro es un pirado) al que la masa sigue sin pensárselo dos veces. Vamos, una tipo de revolución un poco pasada y no muy exitosa que digamos, eso sí, salen unas películas de puta madre. Mensaje liberal publicitario (o propagandístico): tú, como individuo, puedes ser lo que quieras; tú, como individuo, puedes cambiar el mundo. Sin embargo el capitalismo como sistema de “funciona” tiene un liderazgo bastante opaco, sin un líder claro que, de existir, se mueve entre bambalinas y al que, realmente, da la sensación que nunca conocemos. Y la otra diferencia es que la masa no sigue a este líder sin pensárselo dos veces como a Neo, a este líder múltiple y mutable la masa le seguimos refunfuñando mientras escribimos tuits en el iPhone.

    No sé cual es el modelo a copiar, la verdad, pero dudo mucho que funcione el modelo William Wallace que hoy en día se ve en tantas plazas españolas.

  5. Elena dice:

    Estoy completamente de acuerdo en que esto no se puede llamar revolución, sobre todo porque revolución significa cambio radical y lo que se está proponiendo/consensuando es tan radical como que se cumpla la ley. Ahí es nada, la revolución.
    Lo que me parece muy interesante de tu post, Carlos, es que hables de esos puntos de fuga que pueden surgir en todos los sitemas y que dibujan paradojas como las que estamos viviendo: que las redes sociales paradigma del neoliberalismo tecnológico estén permitiendo que se exija un cambio.
    Sobre esto hablan muy lucidamente Deleuze y Guattari en Esquizofrenia y capitalismo.

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