Ayer, por fin, conseguí dormir bien después de varios días inquieto por un proyecto que me trae de cabeza. Dormimos con la ventana abierta por el calor, y a eso de las siete de la mañana empezó a oirse un zumbido constante. Era un helicóptero de la policía que sobrevolaba el centro de la ciudad de Barcelona. Estaban desalojando la Plaza Catalunya.

Rápidamente María y yo nos vestimos y fuimos a la Plaza Catalunya. Solo teníamos la cámara del iPhone, suficiente para tomar imágenes del desalojo. Al llegar, la plaza estaba dividida en dos, una isla central donde, rodeados por los Mossos, se encontraba la gente que había dormido esa noche en la acampada, y un perímetro alrededor de la plaza donde empezaba a concentrarse la gente apoyando la #acampadabcn. La comunicación desde el centro de la plaza se hacía por medio de carteles y de las redes sociales. Todo se desarrollaba de forma tranquila, nosotros alrededor, otros en el centro, y en medio, la Guardia Urbana, los Mossos y los equipos de BCNeta! tirando a los camiones todo lo que había en el campamento. Los camiones, una vez llenos, empezaron a salir de la plaza, encontrándose en su camino con una multitud sentada que no les dejaba avanzar.

En ese momento la batería del teléfono se acabó y tuvimos que organizarnos para ir a por otra cámara. Marga y Alba nos la acercaron, y mientras venían, empezaron los primeros disturbios. Los Mossos empezaron a lanzar salvas para disolver a la gente que se había sentado frente a los camiones. Pronto dejaron de ser salvas y empezaron a disparar pelotas de goma contra los manifestantes, que seguían sentados con las manos al aire. La gente corría y después volvía y se sentaba. Pero los Mossos consiguieron despejar la salida a la Ronda Sant Pere y los camiones pasaron por allí, encontrándose con silbidos y algún otro intento de bloquearles el paso en la Plaza Urquinaona.

Salimos con la cámara hacia la Plaza Catalunya, yo tenía que marcharme, pero María se quedó allí grabando el resto de la mañana. La situación se mantuvo tranquila tras este primer incidente. Los policías comían barras energéticas para aguantar el calor, e incluso algún manifestante les ofrecía agua que rechazaban con empujones. La plaza se fue llenando de más y más gente. Seguía dividida entre los de fuera y los acorralados en el centro.

A los equipos de limpieza solo les quedaba por desmantelar el centro de la plaza, y Manel Prat, jefe de los Mossos, insistía en que se trataba de una operación de limpieza y no de desalojo.

A pesar de sus palabras, seguían llegando a la plaza furgonetas llenas de antidisturbios. La situación empezaba a ser complicada, ya que la resistencia pasiva era cada vez más numerosa, con cientos de personas agolpadas en los accesos a la plaza. Muchos de ellos sentados, con los brazos en alto, otros de pie coreando consignas. Todos haciendo un llamamiento a resistir pacíficamente.

Entonces todos los cuerpos de seguridad que estaban allí hicieron el último movimiento para limpiar el centro de la plaza. Empezaron a levantar a la fuerza a los manifestantes del centro de la plaza y la indignación en los alrededores crecía. Desmantelaron las tiendas y los Mossos, que habían impuesto un cordón policial en los accesos de la plaza, salieron corriendo, disparando, empujando a la gente y lanzando golpes de porra a todo el que se encontraban en su camino. La gente empezó a entrar al centro de la plaza, donde estaban los acampados y algunos policías encargados de la limpieza. Éstos vieron como miles de personas entraban en la plaza y corrieron en dirección contraria apartando a los manifestantes con especial virulencia. Todos estos hechos los registró María.

El operativo se disolvió, y la gente retomó la plaza, reconstruyó el campamento y empezaron a hacer balance de la situación. Ordenadores, comida, documentos y todo tipo de material había sido lanzado a los camiones como basura. 166 heridos en total. Alguno de ellos de los Mossos, algo increíble ya que con la cantidad de cámaras que había en la plaza, ni una sola registró una acción violenta de los manifestantes contra ellos.

La plaza se había recuperado y el efecto llamada había vuelto a funcionar. La plaza volvía a estar llena como la semana anterior. Pero la gente estaba muy indignada. Incluso yo, algo crítico con las acampadas en los últimos días, volví a la plaza a apoyar a la gente que estaba allí. A las 19h se convocó en toda España una concentración de repulsa. La plaza estaba más llena que nunca.

Todo esto ocurrió para evitar altercados durante la posible celebración de la victoria del Barça en la final de la Champions League. No sé si ganará o no. Yo ya no quiero que gane. Si gana, ya que el campamento no tendrá protección oficial, espero que la gente sea responsable y deje el campamento al margen de las celebraciones. Quizá Felip Puig, consejero de interior de la Generalitat, podrá dejar de pensar aquello de que esperaba una reacción mucho más violenta por parte de los indignados. En cualquier caso su solución ha fracasado, ahora tiene dos problemas, los posibles altercados violentos esta noche en las celebraciones y mucha gente pidiendo su dimisión.

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Autor: Carlos
Publicado en: dossieres lacasinegra vs Las democracias caducas

1 Comentario a “…y ahora #27M”

  1. Elena dice:

    Muchísimas gracias Carlos y María, se me han puesto los pelos como escarpias.
    Gracias por el trabajo de investigación para los que no podemos estar ahí.
    Y estoy de acuerdo contigo Carlos, se puede hacer crítica sobre el movimiento pero hay unos mínimos que un estado democrático no se puede permitir.
    Un abrazo
    e

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