Mirando por la ventanilla de un avión recordé una conferencia impartida por Jaime Rosales en el encuentro de Nuevos Creadores Audiovisuales Españoles, he de decir que cuando miraba por la ventanilla del avión aún no había escuchado esta conferencia, así que no era propiamente la conferencia de Jaime Rosales lo que recordaba mientras miraba por la ventanilla de aquel avión, lo que recordaba mirando las nubes tras la ventanilla de aquel avión era, en realidad, el relato de esa conferencia impartida por Jaime Rosales dentro del ciclo de conferencias organizado por la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM bajo el nombre genérico de Nuevos Creadores Audiovisuales Españoles. Una conferencia, todo hay que decirlo, larga. Pero yo no recordaba toda la conferencia, que por otro lado nunca había escuchado. Lo que recordaba, la parte que recordaba, mirando tras la ventanilla del avión, de aquella conferencia, es decir, lo que recordaba del relato de aquella conferencia era la parte referente a la trascendencia y el arte.  El arte y la trascendencia. ¿Qué es el Arte? ¿Qué es la Trascendencia? El relato de aquella conferencia impartida por Jaime Rosales en el salón de actos de UCM, entrando en la parte referente a la trascendencia y al arte, decía, aunque, quizás, más que el relato de aquella conferencia lo que recuerdo ahora, y soy capaz ahora de explicar, de mi recuerdo de aquel relato de aquella conferencia es mi visión del relato, del entorno del relato, de la charla tras el relato de la parte referente a la trascendencia y al arte de la conferencia de Jaime Rosales, y, como iba diciendo, decía, el relato, mi visión del relato, etcétera, mi conclusión de mi visión del relato de la conferencia de Jaime Rosales mientras miraba por la ventanilla del avión las nubes, el mar y un trozo de tierra que no sé si es España o Portugal (pero que, sin embargo, sí estoy seguro que ese trozo de tierra es España o Portugal) decía que, según Jaime Rosales, El Arte Es Lo Que Trasciende. Decía también Jaime Rosales en mi visión del recuerdo del relato de su conferencia impartida ante un grupo de estudiantes que él, Jaime Rosales, podía estar ante un árbol, digamos, al borde de un río, digamos, al atardecer, digamos, con un cielo nublado, pero no muy nublado, digamos, tras una tarde de lluvia y que la suma de todos estos factores más su, la de Jaime Rosales, presencia allí como espectador, como receptor, como sujeto activo (o pasivo, qué más da) da como resultado Un Momento Trascendente. Recordaba esta lección mirando por la ventanilla del avión y viendo nubes, mar, tierra y el horizonte, y me dije a mí mismo, esto debe ser de lo que Jaime Rosales hablaba en su conferencia para Nuevos Creadores Audiovisuales Españoles, esto debe ser un momento trascendente, esto, si lo grabo, me pondrá a la altura de Tarkovsky, Godard, Bresson, … Me dije a mí mismo, allí sentado, mirando por la ventanilla de un avión y recordando la conferencia, una parte de la conferencia, impartida por Jaime Rosales ante decenas de universitarios españoles que esta era mi oportunidad.

Así que saque mi cámara de fotos de su funda. La puse en modo vídeo. Encuadré para evitar el ala del avión. Pulsé un botón. Empecé a grabar.

Durante los primeros 15” todo fue bien. Las nubes, el leve desplazamiento lateral, el zumbido de los motores del avión atravesando el cielo. Pero entonces la azafata de vuelo comenzó a intentar vender sus productos y pensé, mierda, todo se ha ido a la mierda, pensé, mientras grababa por la ventanilla del avión las nubes y ya no pensaba en la conferencia, ni en el relato de la conferencia, ni en la visión que tenía entonces del relato de la conferencia impartida por Jaime Rosales en el salón de actos de la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM durante las jornadas llamadas Nuevos Creadores Audiovisuales Españoles, pensé, repito, adiós a mi momento de trascendencia. Esto, pensé también, lo destroza todo, esta voz distorsionada hablando de banalidades, lo destroza todo, El Vídeo deja de ser El Vídeo y se convierte en otra cosa, en otra cosa menor, como no podía ser de otro modo. Pensé, allí sentado, con mi cámara aún grabando tras la ventanilla del avión, lo trascendente, lo que era trascendente, desaparece en el mismo momento que la azafata de vuelo abre la boca e intenta vender sus productos. No dejé de grabar y finalmente la azafata de vuelo dejó de hablar, dejó de intentar vendernos sus productos y, entonces, recordé de nuevo la conferencia de Jaime Rosales, el relato de la conferencia que Jaime Rosales había impartido ante decenas de estudiantes universitarios unos meses atrás, recordé lo que decía de la trascendencia y lo que decía del arte y pensé que ante mí, mientras continuaba grabando tras la ventanilla del avión las nubes que pasaban, el mar que pasaba y un trozo de tierra que pasaba, ya no había trascendencia alguna, que la azafata de vuelo había acabado, en su intento de vendernos productos, con cualquier posibilidad de trascendencia, de trascendencia registrada quiero decir, con cualquier posibilidad de que mi vídeo fuera El Vídeo. Claro está que la trascendencia real allí estaba, tras la ventanilla del avión estaba, estaban los factores: el mar, las nubes, el horizonte, un trozo de tierra indeterminado. Su composición, su suma, más mi presencia como espectador, como receptor, como sujeto, no podía ser otra cosa si no Trascendencia, por eso, al registrar esa Trascendencia, estaba dando un paso más, hasta que la azafata de vuelo lo destrozó todo con su cháchara inútil intentando vendernos productos del todo innecesarios.

Volví  pulsar el botón de la cámara. Dejé de grabar. Y me dije, por lo menos tengo una anécdota de las nuestras.

Desde lacasinegra queremos animaros a que continuéis en la búsqueda de La Trascendencia, no cejéis en el empeño, por favor.

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Autor: Jorge
Publicado en: anecdotario proyectos

4 Comentarios a “la trascendencia y el chocolate de Starbucks”

  1. pablo dice:

    Cada vez que subo a un avión trato de grabar esas imágenes.
    O anécdotas como llamáis por aquí.
    No es fácil mantener tan bien la imagen. O tienes un magnífico pulso o ese avión desconocía el termino turbulencias.
    Además de en Rosales, no estabas pensando también en Bernhard?
    saludos

  2. Jorge dice:

    Pablo, creo que el mérito de la estabilidad en este caso está en la cámara, de fotos compacta, pequeña, ligera, no sé.

    y bueno, no estaba pensando en Bernhard mientras miraba las nubes tras la ventanilla del avión y recordaba la conferencia de Jaime Rosales etcétera, pero justo estaba leyendo un libro de Bernhard antes de coger la cámara, igual por eso no me temblaba el pulso.

    saludos!!

  3. pablo dice:

    hola
    Bernhard es un buen estabilizador mental.
    ya sabes que lo decía por el texto.
    por cierto ¿qué libro? si se puede saber

  4. Jorge dice:

    claro que se puede saber, Tala es el libro

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