A principios de septiembre iniciábamos un nuevo proyecto al que bautizamos como Anecdotario. Aunque, como casi siempre en lacasinegra, esto no era más que una excusa para crear piezas audiovisuales con absoluta libertad; sí que percibíamos la recurrencia en nuestras filmaciones del formato de plano fijo en el que la realidad observada, por el mero hecho de estar acotada por el encuadre y el tiempo, adquiría un valor retórico e incluso, a veces, narrativo. Para nosotros este proceso constaba entonces de dos fases: una primera en que la intuición te hacía grabar algo que ocurría a tu alrededor -eso, y no otra cosa- y una segunda -de montaje- en la que, de todo el metraje registrado con el mismo encuadre, acotabas un inicio y un final. Llamamos Anécdotas a este tipo de textos, aunque luego acordamos que cualquier otro modo de trabajo podría igualmente tener cabida en Anecdotario. Con esto no pretendo atribuirnos ningún tipo de invención o autoría sobre el formato, pues es obvio que este tipo de videos proliferan a medida que las técnicas de captación audiovisual amateur se propagan y normalizan entre nosotros. Además, imagino que no es nada que los Lumière o los cineastas observacionales no hubieran hecho antes. Bueno, el caso es que LABoral convocó la segunda edición del festival filMO y la descripción de una de las secciones, Minuto-secuencia, rezaba así: “una cámara, un solo plano, un minuto para captar… ¿la realidad?”. Jorge envió dos de sus Anécdotas y ambas, que son narrativas, han resultado finalistas.

En Fundido a negro, registrado el 30 de enero en A Coruña durante el transcurso del partido Deportivo-Real Madrid, vemos como Aranzubia, el portero del equipo local, vive lo que sucede en el terreno de juego. Tal vez, sea conveniente recordar las particularidades de la demarcación de portero, ya que, además de ser el único jugador que puede tocar el balón con las manos, está acotado por un área de la que no suele salir y reencuadrado, y esto reconozco que es más discutible a nivel teórico, por una portería. Así, la mirada de Aranzubia, alejado de la jugada, supone una apelación constante a ese fuera de campo donde los jugadores “normales” desarrollan el juego. Un espacio que podríamos denominar la parte narrativa del partido y que es la materia prima de una retransmisión televisiva institucional. Sin embargo, el encuadre acota otra zona del campo y sólo se nos permite intuir mediante el sonido y el lenguaje corporal del portero qué es lo que sucede allá dónde se encuentra el balón. De pronto, tenemos un acercamiento audiovisual poco convencional a un partido de fútbol (por lo menos para aquellos que desconozcan la sección Lo que el ojo no ve del programa futbolero El día después). Jorge centra nuestra atención en la periferia del partido. Pero es que cuando el balón, conducido por Kaká (popular futbolista brasileño poco rentable hasta el momento para el Madrid), entra en cuadro y con él irrumpe en el video la narratividad del partido, un aficionado situado justo delante de la cámara se levanta y, a modo de cortinilla, nos impide ver como termina el ataque madridista y, por lo tanto, cómo lo periférico muta en céntrico. En el encuadre empieza a acumularse la acción, ya que el azar ha hecho que un evento -el del aficionado que brinca exaltado de su butaca- se superponga al que todos esperábamos ver -la internada peligrosa de Kaká-, y en un instante, además de sorprendernos con un final inesperado, vemos como se revaloriza ese encuadre que antes era sólo del interés de Aranzubia y, por supuesto, de Jorge.

Hablábamos en el primer párrafo de los hermanos Lumiére como tatarabuelos de nuestras Anécdotas, y en ésta asistimos a la relación de un niño con La salida de la fábrica (La sortie des usines Lumiére, a Lyon, 1895), una de sus películas más representativas. Aquí, la pulsión que lleva a Jorge a encuadrar y grabar parece clara, se trata de una mise en abyme: registrar la proyección de una película primitiva mediante un modo de representación deudor de esa época. El azar hace que el único espectador -descrito por Jorge como un miembro de la generación Youtube– se harte de lo que está viendo y salga de cuadro haciendo llamativos aspavientos para manifestar el aburrimiento que la filmación le genera. Se hace simpático pensar que otra de las películas de los realizadores franceses, La llegada del tren (L’arrivée d’un train à la ciotat, 1895), causaba entre su primer público, hace poco más de cien años, la sensación de que lo que estaban presenciando era tan real que más de uno reaccionaba agachándose. Por lo visto, llegó a registrarse algún desmayo debido a lo sobrecogedora que les resultaba la experiencia. También sabemos que ese público era principalmente obrero y que asistía a las proyecciones en barracas de feria a cambio de una moneda de niquel. Hoy sólo podemos encontrar estas películas proyectadas en museos de arte contemporáneo como es el caso del Reina Sofía. Eso sí, con un poco de suerte -o de maña- lo haremos de forma totalmente gratuita. Quizá mis bisnietos, si llegan a nacer, se aburran dentro de cien años con Avatar. O quizá, como aventuran algunos agoreros apocalípticos, ya no exista el cine (por culpa, claro, de las descargas). Las que seguro que ya no existirán serán las películas de algunos que yo me sé. Uf, qué viejo me estoy haciendo.

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Autor: gabriel
Publicado en: anecdotario proyectos

7 Comentarios a “anécdotas en filMO”

  1. Carlos dice:

    Cuando yo iba al fútbol (porque aunque parezca mentira, yo fui abonado del Real Zaragoza dos años) me pasaba un poco lo mismo. Se me iba la cabeza mirando al portero, al recoge pelotas, al aguador, al que tenía al lado, al niño con la camiseta del madrid al que le querian pegar. Supongo que por eso dejé de ir, porque en el fondo no me interesaba tanto.
    También cuando voy a un museo dedico más tiempo en mirar a la gente que las obras expuestas (no siempre).
    La diferencia es que Jorge lo retrata y yo no, con lo que consigue que la experiencia vaya más allá que de la simple observación.
    Enhorabuena Jorge, estas dos ánecdotas son ya dos clásicos.

  2. gabriel dice:

    jejeje, muy buenas tus confesiones carlos. yo, como soy de pueblo, nunca me he terminado de sentir cómodo en los museos. siempre me han parecido lugares óptimos para woody allen y su gente, pero no sé muy bien qué hacer en ellos. bueno, a parte de mirar a la gente (principalmente chicas guapas) que pululan por allí. aunque la de val del omar no la perdono. por cierto, habéis leído la crítica de esa expo en cahiers? la ponen a caldo. una cosa, alguien me puede explicar el nuevo rumbo editorial de la dichosa revistita? es que es muy cachondo como pasan cada vez más del rollo estrenos comerciales. en la edición francesa es también así? a mí me mola, pero si quieren vender papel…

  3. Carlos dice:

    no se, es posible que lleguen a las 100 unidades vendidas… para ellos probablemente sea un fracaso pero a mi me hace pensar que quizá deberiamos recuperar cierto fanzine, eliminar la música, hacerlo unicamente con fotocopias y por supuesto cambiarle el nombre, que ya no somos unos chiquillos. 100 unidades vendidas sería un gran éxito y cahiers nos está robando nuestro público objetivo!

  4. elena dice:

    Estoy con Carlos. Volvamos al fanzine!!!!!!!!! (ya sabéis que siempre he preferido hacer recortes y fotocopias que el photoshop).
    En cualquier caso, me parece muy buen signo que revistas como Cahiers empiecen a prestar atención a nuevos formatos y maneras de entender el cine.

  5. juan dice:

    Las dos anécdotas son brutales, la del portero me ha llegado especialmente al corazón…

    Encuadrado en alzado por la portería y en planta doblemente por las 2 áreas, hay pocos deportistas tan enjaulados…el achique de espacios y las defensas adelantadas le han dado un nuevo rol obligándole a actuar fuera de los límites, algunos no han sabido envejecer lejos de los palos y han muerto por el camino, menos mal que siempre habrá equipos italianos con sus laterales pisando el área chica dispuestos a acoger en su reserva esta especie en extinción.

    espero que vuestro fanzine tb hable de fútbol,
    besos.

  6. Estoy con Carlos. Volvamos al fanzine!!!!!!!!! (ya sabéis que siempre he preferido hacer recortes y fotocopias que el photoshop). En cualquier caso, me parece muy buen signo que revistas como Cahiers empiecen a prestar atención a nuevos formatos y maneras de entender el cine.

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